ANTONIO PASO (hljO) y ANTONIO VIDAL H09A

CARICATURA DE OPERETái

eiSI D03 AOXOS, ORIGINAL.

MUSICA DE LOS MAESTROS

SOUTULLO y VERT

4 X • ^

Copyright, by A. Paso (hijo) y A. Vidal Moya, 1919

SOCIEDAD DE AUTiORES ESPAÑOLES^ Calle del Pradoi itúm. 24.

i8ie

EL CAPRICHO DE UNA REINA

Este, obra es propiedad de sas autores, y nadie po- drá, sin su permiso, reimprimirla ni representarla en Gspaña ni en los países con los cuales se hayan cele- brado, ó se celebren en adelante, tratados intemaoio» nales de propiedad literaria.

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Qneda hecho eí depósito que maro» 1* Ley*

EL pCi DE Di REI

CARICATURA DE OPERETA

ElfSJ DOS AOTOS

ORIGINAL, DE

ANTOHIO m (hijo) y ANT0NI9 VIDAL H09A

imisiea de los maestros

SOUTULLO y VERT

¿Estrenada en el TEATRO DE APOLO, el día 17 de mayo de 1919

MADKID f!. Vslasoo, impresor, Marqués de Santa Ana, 11 dup.

TBLáFÓNO, M 5 51

1919

jí Don JTuguel Jlloya Djangaren

Maestro V protector de todos los que escriben V hombre bonísimo, le dedi- can esta modesta obrita, muy cari- ñosamente,

REPARTO

PERSONAJES

ACTORES

KETY. .... Seta. Leostís (Rafaela).

ROSARIO Leonís (Rosario).

MECANÓGRAFA 1 a. . . , Domingo.

IDEM 2:'>- Cereillo.

IDEM 3.a ASENSIO.

IDEM 4.a "•• GüTIÉEREZ.

IDEM 5.a Muñoz.

IDEM 6 a Bellvee.

CRIADA Domingo.

MISTER MÓMETRO Se. Montero.

JOLI Gallego.

THILÍN-THILÍN Mean a.

BURLADHERO Vidal.

jljyiY Frontera.

WILLIAM Segura.

JAK " Román.

-^ji^^ Gutiérrez.

NÍSPERO Velasco.

KAKITO Fischer.

P A RROQÜIx\ NO 1.0 } Galerón.

CRIADO í

NIKO Yelmo.

FÜGI " Llayna.

KTTO • • • • Delgado.

JAMA... Lorenzo.

Doncellas, criados, botones, geishas, guerreros, japoneses coro general

La acción del primer acto en Kew-Yorlc y !a del segundo en el Japón

ACTO PRIMERO

La escena representa un salón elegantísimo y lujoso en el palacio del "Rey de la gTeda>. A derecha e izquierda, grandes puertas con amplios cortinones. En el íoro una escalinata en cuyo fondo se verá un «hall». Muebles apropiados y, dando frente al público, seis mesitas pequeñas e iguales con seis roáquinas de escribir.

ESCENA PRIMERA

Al levantarse el telón, KETY (tiple cantante) dicta unos íeltígramas a seis segundas tiples que aparecen de MECANOGRAFAS vestidas igual las seis

iffiúsica

K«:ty En la vida no hay nada

conao el amor, es la flor deshojada

dentro de mi alma; yo he perdido la calma por un amor soñado y de él enamorado mi corazón esta. MíLC. Esperándole estamos nos dicte

que ya la máquina se halla dispuesta; no retrase, por Dios, el dictado si es que interesa saber la respuesta. Ke'iy Atención, señoritas, que pronto

voy a deciros cuál es mi sueño, y en buscar ese tipo soñado de enamorado yo tengo empeño.

672949

8 -

Mec , Es la señorita

muy original como es miUonaria eso es natural. Kety Prepararse entonces

que a dictaros voy, quiero que este parte lo reciban hoy. Es mi amor un japonés que sea rubio como el oro. Mec Rubio como el oro.

Ketx Es el bien por quien suspiro,

jes el bien a quien adoro. Mec. Bien a quien adoro.

Keiy Seis millones hay de dote,

una granja y un palacio, esto quiero que se entienda. Mec. Lo pondremos muy despacio.

Kety La muchacha no es fea

y además enamorada; gran cuidado en esta parte... Mec. Puede usté estar descuidada.

Kety Es urgente la respuesta

que ha de ser por cablegrama. Mec» Este anuncio tan extraño

propio es de una millonaria. KIety Con ansia espero

la contestación, porque está sufriendo ya mi corazón... Fué mi sueño como sombra cual la golondrina que se deslizó. En la vida no hay nada

como el amor; es la ñor deshojada dentro de mi alma; yo he perdido la calma por un amor soñado y de él enamorado mi corazón está ¡ah!

Hablado

Keiy Ya lo saben ustedes, estos telegramas inme- diatamente a su destino. Mec. 1.a ¿Todos con contestación pagada?

— 9 —

Ketv Naturalmente... ¡Ah! Y a medida que va- yan llegando las respuestas pasármelas en seguida. ¿Ha sido excelente mi idea verdad?

Mec. 2.^ Mas que excelente, genial.

Mec. 3.a Es imposible que un capricho de una mi-

llonaria norteamericana no se satisfaga al

instante. Mec 4 a Rarísimo.

Kety Si dejara de serlo, no sería capricho. Ade- más que me aburro.

Mec. 1.a El aburrimiento es propiedad de los millo- narios.

ICeiY Así, luego, los novelistas cursi?, al describir nuestros palacios, casi todos dicen: «El sa- lón dormitaba en el sileacio; ni el más lige- ro sonido se oía en él; parecía que las voces humanas habían huido...»

(Se oyen por la derecha grandes voces y dominando la de Mister Mómetro, que grita.)

MóM. (Dentro.) ¡No puede ser! ¡Así no podemos se- guir!...

ESCENA II

DICHAS, MISTER MOMETRO

MóM. (saliendo.) ¡Estamos aviados! ¡Esto es ir a la ruina! ¡Treinta y cinco dolLars de pérdida en una compra de dos mil carneros! ¡Esto es ir por lana y salir trasquilado!

ICety (a las Mecanógrafas.) Vayan ustedes a lo que

les he ordenado, (lss Mecanógrafas hacen mutis.)

¿Qué te ocurre, papá? MÓM. Nada, hija mía... Asuntos... negocios... Ya te he dicho que esto no debe preocuparte; tú diviértele, ríe y no te prives de ningún capricho.

Kety Apropósito de caprichos. Anoche tuve un sueño y esta mañana se me antojó conver- tirle en realidad.

MóM . ¿Y qué es ello?

Kety Una cosa muy difícil; dificilísima. Soñé que la felicidad de una mujer consistía en ca- sarse con un hombre rubio.

Mó.M . ¡Y a eso le llamas difícil! Entonces tu ma-

dre fué la mujer más dichosa de este mun- do, porque como ves soy casi rojo.

Kety Es que aún no te ]o he dicho todo.

MÓM. Ah, vamos; lo quieres rubio y con gracia.

Keiy El joven que se me apareció en sueños, además de lucir la cabellera rubia tenía lo¿ ojos rasgados, la tez amarilla...

MÓM. Eso es ictericia.

Keiy Los labios salientes y abultados...

MÓM . Estaría silbando.

Kety Y vestía un lujoso kimono japonés en el que llevaba sobre el pecho dos tigres bordados en oro. En fin, papá, que estoy enamorada de un japonés rubio y quiero en seguidita casarme con él.

MÓM. Querida Kety, eso es más difícil de lo que parece; según tengo entendido, ese rubio de tus sueños no es un tipo corriente en el Ja- pón: al contrarío, es raro; no niego que haya alguno, pero habrá que hacer investigacio- nes... encargar...

Kety Ya está hecho todo: he telegrafiado a todas las Agencias de matrimonio del mundo con mi deseo, y en cuanto tenga contesta- ción, correré en busca de mi sueño.

MóM. ¡Pero eso es una locura!

Kety ¡Papá, a una señorita americana, no se la contraría!

MÓM . Es muy bonito el recurso ese de ser ameri- cana. ¡Por ser americana tienes seis automó- viles! ¡Por Per americana tienes seis camare- ras! ¡Por ser americana tienes seis botones... a tu disposición!

Kety Por algo soy la hija del rey de la greda.

MÓM . Justo; la futura reina de la greda, más que presente, porque tú dispones y mandas a tu antojo; ahora que eete caprichito no me hace mucha gracia. ¡Tener un yerno amari- llo! ¡No!

Kety (Acariciándole.) Amarillo, sí. MÓM. Amarillo, no. Kety Vamos, papaíto...

MÓM. Pero no te da hasta miedo, unirte a un se- ñor pálido, con esas cejas y esos ojos y esos labios...

Keiy ¡Oh, qué cosa más ideal!

lüSúsica

¡Demoniof ¡nenita! ¿qué es lo que piensa tu cabecita? ¡Le quiero! ;ie adorol con él soñé, me enamorado y lo tendré. ¡Pero eso es imposible,

cabeza loca! así no existe alguno

en el Japón. Con un beso te cierro

yo a ti la boca y ordeno que te calles, con que cbitón; escucha y dime si es que este sueño puede quedarse sin realizar. Soñé que allá en Tokio

un japonés tan rubio como el oro

cayó a mis piés. Í5u amor me declaraba

con efusión y ardiente me ofrecía

su corazón. Casarme con él quiero

y es mi ideal, mi corazón en sueños

le entregué ya; seré, papá, dichosa,

me casaré, y como amante esposa le cuidaré. Los nietecitos que nacerán a los canarios parecerán. Busco en mi mente de enamorada la sombra amante que en sueños vi, toda mi vida diera por verle y por tenerle cerca de mí^ sólo casarme con él ansio, quiero un marido de ese color, por él me muero, sin él no viyo, y solo es suyo todo mi amor.

- 12 —

MÓM. ¡Ayl pobres nietecitos,

pena me dan, serán am^rillitos... Loa DOS ¡Ja! ¡ja! ¡ja! ¡ja!

Hablado

Xety Bueno, papá, 4uedamos en que no te pare- ce maljni capricho y que me ayudarás a que lo realice cueste lo que cueste.

MÓM. Siempre que no sea mi ruina.

Xkty Arruinarte tú; ¡el rey de la greda!

MÓM, Sí, pero ten en cuenta que la greda está por los suelos; este año me han pagado la tone- lada cinco chelioes menos que el pasado... En fin, haz lo que quieras.

ESCENA III

DICHOS, uu CRIADO, después JOLÍ (pronúnciese YOLÍ.)

€RiADr3 El señor Yolí. MÓM. ¡Ah, mi secretario; que pase! Kety Entonces te dejo, papá^ voy a prepararlo todo por si tengo que marchar. (Mutis de Kety.)

JoLÍ (Por la derecha.) ¿Se puede?

MóM. Pase, pase, querido Yolí.

JoLÍ (Que entra eou una carpeta debajo del brazo; es un

tipo rubio como el oro; apocado y muy cumplido.) A

sus Órdenes, Mister Mómetro.

MÓM ¿Qué? Me trae usted esos pagos.

JoLí No he pasado aún por el Banco; iré luego

cuando haya menos gente.

MÓM. ¿Y por qué cuando haya menos gente?

JoLí Ya conoce usted mi carácter; el barullo me

atonta, la agitación me trastorna, la mul- titud me da pavor; y si es la mujer... pero a qué repetírselo cuando usted lo sabe. Preci- samente al venir aquí he pasado un sofo- cón horrible. Una mujer... pero no se ría usted, Mister Mómetro.

MóM. No se proecupe, siga, ¿qué?

JoLí Pues, como le decía, una mujer me ha diri-

gido el piropo siguiente: «Joven, es usted más bonito que el escabeche.» Le digo a us- ted que he pasado una vergüenza...

MÓM. Es que es usted demasiado tímido.

— 13 —

JoLÍ Lo sé, pero me es imposible cambiar, no

puedo... no puedo. (Transición ) En fin, vamos

a lo nuestro. (Abre 'a carpeta.) Vea USted. (En- señándole unos pliegos.) Ventas: San Francisco^ cuatrocientas toneladas de zinc.

MóM. Esa capital todos j^gs^años pide lo mismo.

JoLÍ Sí, es su costumbre; "mejor dicho el hábito

de San Francisco, (sigue enseñando papeles.)

Cuatrocientas vacas para Monte-Cario. MÓM. Cuatrocientas vacas para Monte-Cario. Esto parece cosa de juego. ¡Cada año piden me- nos!

JoLí Han salido para la Mancha (España), cin-

co mil toneladas de greda.

MóM. (lY para qué quieren tanta greda en la Man- cha?

JoLÍ Lo ignoro. La pide la Sociedad Gorrínez y

Compañía. MÓM. Bien, ¿hay algo más?

JoLÍ Sí, para Rusia quince mil toneladas de car-

bón; esto se explica porque allí hace tiempo- que no hay más que cisco.

MÓM. ¿Y de adquisiciones, qué?

JoLÍ La compra de esos doscientos carneros...

MÓM. Donde hemos perdido; ¡mal negocio!

Joü Y el traspaso de la fábrica de ascensorés-

eléctricos de Harrison y Compañía. Este creo que es un buen negocio, porque los ascensores están subiendo.

MÓM. Meno* mal.

ESCENA IV

DICHOS, CRIADO

Criado Señor.

MÓM. ¿Qué ocurre? Porque me molestas cuando- estoy despachando con mi secretario.

Criado Perdone el señor, es una señora, que desea verle a toda costa.

MóM. ¿Ha dicho su nombre?

Criado Rosario.

MóM. (Aparte.) ¡Rosario! ¿Pero cómo se habrá atre- vido?... Que pase, (eí criado hace mutis.)

JoLÍ (Aparte.) ¡Va a entrar una mujerí (auo.) Bue-

no, yo con su permiso me retiro, voy ai: Banco y volveré con el dinero.

- li —

MóM. Perfectamente.

JoLí Me iré por ia escalera interior.

MóM, No quiere ueted tropezarse con esa señora.

(Riendo.) Le advierto a usted que es guapí- sima.

JoLÍ Peor que peor, hasta luego. (Mutis.)

MóM. Adiós.

ESCENA V

MOMETRO, ROSARIO _ (tiple cómica.)

Ros. (Entrando.) Graclas a Dios, hijo.

MóM, ;Rosario! ¿Pero cómo te has atrevido...?

Ros. (Mirando a lodas partes.) ¡No CStá! (Alto a él.) Oye,

¿no estaba nadie contigo aquí? ^MÓM . Mi Secretario que acaba de irse por la otra escalera.

Ros. i Ah, tu Secretario! Un jovencito rubio como

el oro.

MÓM . Si, como lo que sea; pero contéstame, ¿cómo

te has atrevido...? Ros. ¿A venir a tu casa? Creo que no tenga nada

de particular.

MÓM. ¿Cómo que no? Puede salir mi hija, verte... Ros. Soy una amiga tuya; ¿no puedes tener ami- gas?

MÓM. Sí, pero... bueno en fin, ¿qué deseas?

Ros. ¿Y tú me lo preguntas? Verte; hace una se-

mana que no apareces por nuestro nido de amor. (Jreí que te habría ocurrido algo.

MÓM. ¿No has venido nada más que por eso? Va- mos, sé franca, ¿qué quieres? * Ros. jNada! ¡Una tontería! Acabo de ver un cua- renta caballos que es una monada.

MóM. ¡Otro automóvil! eres insaciable. ¡Si tienes dos!

R'js. Sí, pero éste es tan elegante, tan nuevo. MóM. ¿No te he regalado hace cinco días un yate? (1)

Ros. lAh! ¿Pero me lo vas a negar?

MóM. ¿Te he negado algo alguna vez? ¿No tienes un hotelito en la cuarta Avenida? ¿No te he regalado una quinta en Boston?

(l) Pronúnciese: «Yo».

Ros. Una quinta que todavía no hemos estrena-

do; ¡no quieres ii nunca!

MÓM. Comprende que a mi edad... jentrar en la quinta, ha de llamar la atención, soy tan conocido! Pero ya ves» que no te niego nin- gún gusto.

Ros. ¿Y es que yo no lo valgo? ¿No tienes a Ro-

sario, a sol de España, como me anunciaron en los carteles? ¿No vine yo aquí y canté y triunfé y cuando todos ios hombres estaban loquitos por mí, tú sólo lograste ser el amo de mi persona?

MÓM . Y que cada día estoy más loco por ti.

Res. No has sido tú el que me has amarrao con

la cadena de tus brazos a esta tierra, cuan- do sueño con mi España y en mi España pienso y de mi España acuden los cantares a mi boca, asi, así...

Música

Sueño con mi tierra, sueño con su luz, siento la nostalgia del cielo andaluz. Sueño con claveles, rojos como el sol, sueño con un hombre que sea español. Tu recuerdo bendito alivia mi pesar, y la esperanza de verte alienta mi cantar; tierra mía soñada ]ay! ¿cuándo te veré? tierra de flores cuajada tú sólo tienes toda mi fe. ]Ay! tus fiestas bravias de cristianos y moros. ¡Ay! tus danzas gitanas y tus corridas de toros. jAy! tu vino dorado, tus mujeres morenas con los ojos más negros que el dolor y la pena. ¡Ah, ah, ah, ah, ah, ah! El que ve mi tierra quiere allí vivir

— 16 —

y el que vive en ella

allí quiere morir. Tierra esplendorosa

de luz 5^ color,

tierra generosa, tierra de mi amor.

Hablado

MÓM. (Entusiasmado.) Basta, basta, ¿dónde has visto ese coche?

Ros. En casa de Hatchison hermanos.

MÓM. Precisamente son amigos míos, (saea una tar- jeta y escribe.) Toma, con eea tarjeta te lo en- tregarán en seguida.

Ros. ¿irás esta noche?

MÓM. Iré. (Pausa.) ¿Qué esperas?

Ros. La gasolina.

MÓM. Ten, mujer, ten... (Le da unos billetes.)

ESCENA VI

DICHOS, KETY que entra en el preciso momento que le entregan los billetes

-.Kety (Entrando.) Papá. ¡Ah! ¡Creí que estabas soioí MÓM (Disimulando.) Pues SÍ, Señorita... lo siento mucho... el cargo que usted solicita está cu- bierto, está cubierto... completamente cu- bierto, (sin saber que hacer, nervioso, se pone el sombrero.)

Ros. Entonces usted perdone, (saluda.) Señorita..,

caballero... (Hace mutis riendo.) |Ja, jal

MÓM. Esta lo echa a perder.

ESCENA VII

DICHOS, menos ROSARIO

Keiy ¿Quién era?

MÓM. Ya lo has oído; una pobre muchacha que venía a pretender un cargo de mecanógrafa. Keiy ¿y por qué se reía?

MÓM. Se reía... porque... se reía. ¿O es que no se

puede reir? Keiy ¿Y por qué le has dado dinero?

x7 —

MÓM. Porque está en la miseria. Tiene a su madre

con una gota que se muere a chorros. Kety ¿En la miseria y tan elegante? MóM. Porque es modelo. Kety Modelo de qué?

MÓM. Modelo de honradez, y basta de preguntas.

ESCENA VIH

DICHOS, una DONCELLA

Doncella Señorita. Kety ¿Qué pasaV

Doncella Acaban de llegar los señoritos Jimy, Jak, William y Max.

MÓM . (Aparte.) Esta chica parece una codorniz, (aiío.) Tus cuatro adoradores.

Keí y Pierden el tiempo lastimosameote. Mi ca- pricho y nada más que mi capricho.

MóM. Pues desahúcialos tú; ahí te dejo con ellos..

(vintis Doncella y Mómetro.)

ESCENA IX

KETY, JIMY, JAK, VILLIAM y MAX. EUos de fiac, cada ano trae uu gran ramo de flores

Música

Ellos Llegamos como siempre

sus cuatro adoradores

contentos a ofrecerle

con nuestro amor las ñores. Kety ¿A qué tanta molestia

si saben que mi amor

jamás ha de ser suyo,

señor conquistador? Ellos Siempre como corderos.

Kety ¡Qué tontería!

Ellos Buscamos su cariño.

Kety ¡Vana porfía 1

lo siento, pero eso es vano intento. Ellos Hace ya mucho tiempo.

Kety Déjenme ustedes.

Ellos Que la di mi cariño.

2-

— 18 -

Kety

Ellos

Keiy

Ellos Kety Ellos

KSTY

Ellos

No ee mo'e^ten, tan sólo amaré al que soñé. Yo £é muy bien lo que es el amor,

señores, pero él no está, entre estos adoradores. Vosotros me ofrecisteis

amor sincero y nunca conocisteis el verdadero. Mujer, mujer, moñequita encantadora; escuche usted, palomita seductora, fragante flor divina de algún pensil, sus OJOS bella niña son luz de Abril. Por favor dejadme ya no le quiero oir y su amor no escucharé, pues mi corazón está entregado ya al que a mí me hará

feliz. Mi amor, mi amor sólo es de usted, divina ñor, escúcheme por compasión, tenga piedad de mi pasión, Por caridad déjenme ya, que atrocidad, sólo amo yo al que soñó mi amor. Mi bien, mi amor,

mi bien. Mi decisión es ir en pos

de la ilusión. \Áh\ Yo sé muy bien lo que es el amor,

señores, etc. Mujer, mujer, etc. Imposible ese plan oue su mente forjo,

~ 19 ~

pues si amor busca allí ^olo soy yo su amor. J^ETY Me río yo, me río

de su amor.

Hablado

JiMY ¿De modo que no acepta usted mí mano?

Jak ¿Ni la mía?

WiLLiAM ¿Ni la mía?

Max ¿Ni la mía?

Keiy Ninguna.

JiMY ¿Pero es posible?

-Kety Sí, amigos míos; y ahora menos que nunca, rubio ^ decidido casarme con un japonés

Max ¡Pero eso es imposible!

Jar Una locura.

WiLUAxM ¡Una locura!

Kety Todo lo que ustedes quieran, pero confío en

que lograré mi capricho.

JiMY ¿Un japonés rabio? Como no lo pinte.

Kety ¡Quién sabe! ^

ESCENA X

BICHOS. CRIADO coa nca bandeja y en ella ua telegrama

Criado Este cablegrama para la señorita. ^^'lY |Por fin, la contestaciónl ^'>s 4 íLa con testación!

KgTY 8í, amigos mío?; ahora vamos a ver si exis- te o no mi ideal. (Lee) «tixiste un hombre de esas condiciones en la isla de Yeso cer-a de Tokio.»

Todos ¿Eh?

^MY ¿Será posible?

Keiy Ya lo oyen ustedes, existe.

ESCENA XI

DICHOS, MISIKR MÓidETRO

MÓM. ¿Qué pasa?

Kety (con alegría.) Papaíto, ¡por fin!

MoM. Pero, ¿qué ocurre?

- 20 -

Kety Mi capricho se va a cumplir; el japonéB de

mi sueño existe, mira la noticia. (Le da el ca- blegrama.)

MÓM. ¿Y qué piensas hacer?

Keiy Partir inmediatamente con dirección a leso;

Bupongo que me dejarás el yate Alcotán. MoN. El Alcotán no puede ser, se lo di a Rosa...

digo, lo vendí ayer mismo. Llévate El Galgo, Kety Quería el Alcotán.

MÓM. Pero si El Galgo corre más; hace no sé cuantos nudos más por hora.

JiMY Yo pongo a su disposición mi yate vence-

dor en las últimas regatas.

Kety ¿Cuál?

JiMY El Avaro.

MÓM. ¡Ah,si! Hay que ver como regateaba El Avaro la úitima vez que le vi.

JiMY Ahora que impongo una condición.

Kety ¿Cuál? _

hwY Que hemos de acompañarla los cuatro.

Kety (Riendo.) ¿Aún tiene esperanzas?

WiLLiAM ¡Quién sabel Puede que al convertirse en realidad el sueño no le guste a usted tanto..

Jak y en ese caso puede elegir uno de los cua-

tro.

Kety Por mi parte aceptado. JiMY Pues a preparar la marcha. Kety ¿Vamos?

Todos Vamos. . _ ,

MÓM (Aparte al hacer mutis.) Estoy viendo que el Ca- pricho de mi hija me va a costar un dineral.

(Mutis todos.)

ESCENA XII

JOLI. sale pensativo, asustado: avanza hasta la batería. Después MIS- TER MÓMETRO

JOLÍ

Música

Soy un joven que aseguro y hasta juro que no lo hay más puro y, además, inofensivo coa) o un chivo; no fumo ni libo,

— 21 —

y a pesar de todo esto las muchachas de New- York, no me dejan un momento y me liguen con furor. ¡Por qué será,

yo no lo sé! (Recitado. Véase la partitura ) (Estribillo.)

¿Si será el cabello? ¿Si éerá el andar? ¿Si serán los ojos? ¿Si será el mirar?

(ai acabar el número sale Mister Mómetro.)

Hsblado

. jHola! Ya está usted de vuelta.

- Joií Sí, Feñor, de vuelta.

MóM. ¿.Qué le pasa a usted? Le veo apagado. JoLÍ Completamente a oscuras.

MóM. ¿Qué le ocurre?

- JoLí Usted es como mi padre y por lo tanto le

puedo confesar esta vergüenza. Mó\r. ¡Vergüenza!

-Joi í Vengo azoradísimo. Usted ya sabe que yo

milito en la sana opinión de José el de la capa; quiero decir que soy casto como él, pero en este Nueva- York no faltan Putifaraa que le brinden a uno el fruto prohibido. ¡Y qué fruto, mister Mómetro!

^ÓM. A ver, expliqúese usted.

~ JoLÍ ^Me ha seguido una mujer joven y bella du-

rante media hora por las calles más céntri- cas de la capitall MÓM. ¡Demonio!

.JoLí Un demonio, usted lo ha dicho: la misma

del piropo. Yo intenté darla esquinazo, pero inútil, cada vez se acercaba más y me ense- ñaba una carta que llevaba en su diestra.

MóM. ¿Y qué?

.Jou Yo completamente aturdido, y con el rojo

cereza que se dibujaba en mi rostro, llegué frente al edificio de Correos; miré el reloj, eran las siete y media, ¿las siete y media? dije, me planto, y me quedé inmóvil como un ser sin voluntad. MÓM. ¿Y ella?

JoLí KUa llegó hasta mí, y con una sonrisa ange-

lical me dijo: «Monada, toma esta carta »

22 —

No supe qaé hacer... Usted me esperaba... Las siete y media... Yo plantado y me da- ban una carta, que yo no pedía... Sentí un golpe en el cerebro... las casas giraban a mi alrededor. .

MóM. Bueno, ¿pero y ella?

JoLí Ella me acarició la barbilla y desapareció.

MÓM. ¿Y la carta?

JoLÍ (sacando la carta.) Aquí está: no me be atrevi-

do ni aun a abrirla.

MóM. A ver, a ver. (La coge, se fija en el sobre y lanza .

un grito.) ¡Cuerno! ¿Pero será posible?

Solí fiQué le pasa a usted?

MÓM. Letra de Rosario.

JüLÍ ¡Rosario! ¿Acaso usted la conoce?

M ÓM, (Desesperado.) Pero no... no es posible .. Una > semejanza de letra sin duda... Una ofusca- ción mía... (Se pasa las manos por la cabeza.)

JoLÍ ¿Se pone usted malo?

MÓM. Un poco... la cabeza... ¡Ab, qué idea! Jolí^

¿recordaría usted a esa mujer si la viera? JüLÍ La reconocería entre mil: es imposible que-

se me despinte.

MÓM. Un momento, (se dirige nerviosamente a un se-

creter y saca un retrato que enseña a Joll.) ¿Sra

esta?

JoLÍ ¡Ah, sí! jCielos! ¡La misma! ¡La que me co-

gió la barbilla! MÓM. ¡l a misma!... ¡Y no le ahogo a usted? JoLi Pero Mister Mómetro...

MÓM. (cada vez más nervioso.) Veamos, veamos lo que

le dice a usted esa... detente lengua. (Rompe y lee.) «Yolí de mi vida y de mi alma.i

JüLÍ ¡Recasto! ¡Santa María Madre de Dios!

MÓM. (Leyendo.) «Hace tiempo que vengo soñando con un rubio como tú...»

Jo» í Ruega por nosotros...

MÓM. «Si supieras quien soy me amarías con lo- cura..»

JoLÍ Ahora y en la hora...

MÓM. «Yo soy la mujer, que no hizo más que lle- gar a Nueva York y triunfar en todos los escenarios; soy española; soy laque siguen sin descanso por las calles todos los hom- bres, ora piropeándola, ora sonriéndola...»

JoLí Ora pro nobis.

MÓM. (indignado.) Cállese USted. (sigue leyendo.) «Soy

Sol de España, la amante de ese imbécil de

— 23 —

Rey de la greda.» ¿Dice imbécil, verdad'? (En- señándole la carta.)

JoLÍ Sí, señor, dice imbécil..

MÓM . (Leyendo.) «Y como estoy caneada de ese viejo estúpido...» ¿Dice estúpido, verdad?

Jí)LÍ Si señor, dice estúpido.

MÓM. (Leyendo.) «He resuelto abandonar para siem- pre a ese alemáü.» ¿Dice alemán, verdad?'

JoLÍ No señor, dice animal.

MÓM. (Leyendo.) «De modo que ya lo sabes: tú eres el hombre que yo soñé, y quieras o no, has de caer en mis brazos. Rosario.»

Joi.í (Cayendo en una butaca.) ¡Ay, que CaigO, que

caigol

MÓM. (indiguado.) Y yo que la he regalado automó- viles, casas de campo y un yate.

JoLÍ Por mí no tenga usted cuidado, soy invul-

nerable: que ella me sonríe, yo casto; que ella me habla, yo casto; que ella me da di- nero, yo gasto, digo casto.

MóM. No, pero si yo no temo por usted; temo por ella, que es capaz de cortarle a usted la cabe- za como Salomé, para darla un beso.

JoLí (Asustado.) ¡No, eso nol ¡La cabeza nunca! ¡ Ah,

yo le prometo a usted que esa mujer no me verá en lo que me resta de vida. (Marchándose.)

MÓM. ¡Pero, qué va usted a hacer?

JoLÍ ¡Encerrarme! ¡Clausurarme! ¡Difuminarmel

¡La cabeza, nunca! (Hace mutis nervioso.)

ESCENA XIII

MÓMETRO; después, CRIADO, coa una carta

MÓM. Menos mal que este rival no es de cuidado...

Pero ahora que caigo, se va y se lleva el di- nero que habrá sacado del Banco; cerca de

un millón de dollars. (corre ai balcón y se

«.soma. ) ¡No le veo! No ha debido salir aún... Allí hay un automóvil parado.., Sí, ahí sale.... Oiga, Yolí, Yolí. ¡Diablo! ¡Dos hombres le

cogen en brazos! (Se oye la voz de Yolí que grita: «¡Socorrol IFavor! ¡No, la cabeza nol») ¡Sin duda eS

un atraco! ¡Ay mi dinero! Y no hay que contar que se defienda, ¡es tan tímido! Pron- to, un revólver! ¡la policía! (Se acerca ai teléfono^ y cuando va a llamar aparece el criado.)

- 24 —

Oriado Señor, esta carta urgente acaban de dejar para usted.

MÓM. (viendo el sobre.) ¡Letra de ella! (Abre y lee.)

«¡Viejo verde, (Nervioso, recuerda la otra vez.)

dice ver .. ¡ah!... me crehí que estaba... estoy loco... (sigue leyendo.) Me fugo con tu Secreta- rio; me lo lievo en el automóvil que acabas de regalarme: voy a embarcar en tu yate Al- cotán y a dar una vuelta por esos mares: Primeramente veré el Japón... la China... Hasta nunca, idiota. Rosario.» ¡Conque al Japón! ¡Y con mi Secretario! jY con el di- nero que se lleva! (ai criado.) Pero qué hace usted ahí, imbécil. Pronto, una guia de de- tectives... Pero no, deje usted, yo mismo los detendré... Ah, mi venganza va a ser ho- rrible...

ESCENA XIV

DICHOS, KETY en traje de viaje, MECANÓGRAFAS 1.*, 2 *, 3.% 4,*, 5 * y 6.*, ídem, JIMY, WILLIAM, JAK y MAX, en traje de ídem. La servidumbre de la casa, o sea: doncellas, criadas, etc., etc., con maletas, sombrereras, etc., etc.

Kety Papá un abrazo y hasta mi vuelta; me llevo

parte de mi servidumbre. JiMY Y nosotros la acompañamos.

MÓM, ¡Pero, dónde vas?

Kety Estás loco, papá; ¿no lo sabes?, en busca de

mi rubio a Yeso. MÓM . Y eso, ¿dónde está? Kety En el Japón.

MÓM. ¡En el Japón, pues me marcho contigo! Kety ¡Tú!

MÓM. Sí, yo; precisamente nuestro embajador allí es gran amigo. Mister Kall: el te ayudará en tus investigaciones y en las mías.

Kety ¿En !a8 tuyas? pero, ¿qué fin llevas?

MÓM, No te preocupes; es que quiero buscar un modelo de secretarios y he decidido encon- trar eee modelo en Yeso.

WiixnM Señores, que el tiempo es oro.

MÓM , Lleva usted razón. Ah, como los coja: trai- dores. Conque al Japón. Mi cabeza arde: Mister Kall... Yeso... ¡Manos a la obra!

— 25 —

Música

Todos Marchemos ya

rumbo al Japón,

que a realizar

va su ilusión. íCety Voy mi ilusión.

Todos ¡Oh, qué feliz

pronto ha de ser! Kety Pronto he de ser.

Todos Con el amor

del japonés.

Í Buscando un querer, se nos marcha al Japón, Dios quiera que no halle ese rubio nipón; que el tiempo se nos pasá marchemos pin tardar. Todos Un loco deseo

de felicidad, me lleva al encuentro de un tipo ideal a tierras lejanas de ensueño y de so!, buscando un cariño, buscando un amor. JCety Soñé que allá, en Tokio,

un japonés tan rubio como el oro,

cayó a mis pies. Su amor me declaraba con efusión. Todos Y el sueño de esta excéntrica,

nos hace ir al Japón. MÓM. Sin esa mujer

no puedo vivir, y hasta el fin del mundo la voy a seguir. Todos El amor arrastra

encanto y dolor. ¡A cuántas locuras obliga el amor! JíMY \ Mujer, mujer,

Jak i muñequita seductora;

WiLLiAM l ¿por qué has de ser -Max i voluble y encantadora?

— 26 —

Kety Es un sueño, que feliz,

al fin realizaré, y el capricho de mi amor cumplido muy pronto lo veré.

JiMY J Te burlas inconsciente,

Jak ( de mi querer;

Max Í y sueñas con locuras,

WiLLiAM \ ¡Al fin, mujeri

Todos Uq loco deseo

de felicidad,

Kety Í Í^^ Í lleva al encuentro

la

de un tipo ideal a tierras lejanas de ensueño y de sol, buscando cariño, buscando un amor, amor, amor.

FIK DEL ACTO PRIMEkO

ACTO SEGUNDO

Una casa de the japonesa sobre un lago. Al foivdo y ea la otra ori~- Ua del lago se divisa la ciudad dorada por un sol esplendoroso. Todos los demás términos a gusto del pintor. Convenientemente- colocadas en la escena, mesitas típicas del Japón y sillas.

ESCENA PRIMERA

NISPERO, dueño de la casa de thé. Algunos Consumidores sentados junto a las mesitas y las DIEZ GHEI3AS con las sombrillas. En la punta de cada varilla de la sombrilla, llevan una pequeña bombilla, eléctrica que se iluminarán a tiempo dentro de la música

Música

P0NE8AS Aquí están las japonesas más hermosas del Japón, ias que llevan en sus ojos todo el fuego dal amor. Nuestros rostros seductores, al teñirse de carmín, se asemejan a las flores de un encantador pensil.

La sombrilla, manejada con soltura, nuestra frente blanca pura cubre del rigor del sol;

mas el fuego de estos ojos tentadorés es de rayos cegadores

del amor.

— 28 -

Son mis ojos tentadores más hermosos que la misma luz del sol. Míreme, que con su fuego

encenderé lo que yo mire con pasión, porque ni el mismo sol alumbra como yo... ¡Si miro así, encenderé

su corazón! ¡Encenderé su corazónl Las hermosas japonesas que hay en el Japón tienen un sistema para conquistar, y amarillas como el rayo del poniente sol iuego son las frases de su amor en 8U tierno corazón. ¡Ay! japonesa Jinda y gentil como una rosa del mes de abril. ;AyI japonesa, de un japonés tu corazón tan solo suyo es. De amor, niña, es tu canto

como una flor, lo mismo que tu sueño de amor. ¡Ayl japonesa de un japonés tu corazón tan solo suyo es.

Hablado

-Par. 1.0 Oye, Níspero.

Nís. ¿Qué quieres, retoño maduro.

Par. 1.0 ¿Cómo no está aquí esa extranjera?

Nís . ¿Te refieres a La bella Crisantema?

Par. 1.0 Sí, esa que canta esas canciones exóticas

acompañada de un jovencito. Nís. El joven Askito.

Par. 1.0 ¿Se llama Askito?

JNí? . boy yo quien se lo he puesto; así como a ella

la hice llamarse La bella Crisantema, del mismo modo hago que él se llame Askito, Son nombres nuestros, y vestidos como nos-

— 29

otros y arreglados, parecen hijos de nuestro mismo imperio. Par. 1.0 Han logrado una fama envidiable. Sobre todo ella.

Nís. ^a lo creo; como que su fama ha llegado a

las imperiales orejas de nuestro muy amado emperador Thilín-Thilín, y me ha anuncia- do que hoy vendrá a verla trabajar.

Par. 1.0 Gran honra para la artista.

Nís. Pero, calla, si no me equivoco, aquí llega

el jefe superior de Polieía, el gran Burla- dhero.

Par. l.o En efecto, él es.

ESCENA II

DICHCS, BURLADHERO

ííís. Salud, hijo predilecto de Confucio.

BüR. Hola, alcachofa silvestre.

Nís. ¿Qué busca en mi humilde casa el jefe su-

perior (le policía?

BüR. Ya sabes que nuestro Emperador siente de-

seos por ver trabajar a esa Crisantema que tienes en tu casa; y como en Palacio está prohibido la entrada de mujeres y sobre todo artistas, es probable que hoy se digne visitarte.

Nís. ¡Gran día para mí!

BüR, Pero antes quisiera enterarme de la gente que tienes y si hay algún desconocido, pues aquí, entre nosotros, temo por la vida del Emperador.

Nís. Me acongojas con tus palabras, camelia olo-

rosa.

BuR. Déjate de camelias y escucha el anónimo que he recibido, (saca un papel y lee.) «El dés- pota Emperador sucumbirá hoy mismo en la casa de Thé de Níspero. Su odioso nom- bre no sonará más; Thilín-Thilín, no pasará a la historia porque no puede pasar...»

Nís. Adelante.

BüR. No me interrumpas. «No puede pasar. Sa

descendencia directa también sucumbirá. No nos importa que el tirano Emperador

, , tenga hijos; con descendencia o sin descen-

dencia no hemos de tener condescendencia.

— 30 -

Morirá.» Y fíjate lo que hay dibujado al fi- nal, un puñal y un ganso. ¡El emblema de la Sociedad!

Nís. No hacía falta el dibujito, porque esa carta

no la escribe más que un ganso. Bhuda me valga.

BuR. No es hora de lamentaciones sino de todo lo contrario. Vamos a ver, ¿tienes confianza en tus servidores?

Nís. Ya los conoces, todos son antiguos y leales.

BuK. Habrá que vigilarlos.

Nís. Y si se cometiese tan horrible delito en

mi casa, ¿qué harán conmigo?

BuR. Se te traspasará el corazón con una espa- da y se te cerrará la tienda con un letrero que diga: c Cerrada por defunción y tras- paso.»

Nís. ¿Pero por qué consientes, farol luminoso,

que salga el Emperador, teniendo esas noti- cias?

BuK. Porque el Emperador tiene la cabeza dura como el marfil. Va le conoces; no tiene más que dos adoraciones: el baile y la filosofía. ¡Oh, la filosofía absorbe toda su vida. Ahora ha publicado una obra que la titula: «El sin y el con» con este lema:

El C071 lo mismo que el ain es en la vida esencial; lo que está bien con el con con el sin puede estar mal. -

Kís. Y puede que no le falte razón.

BuR. El lo demuestra con ejemplos prácticos.

Nís. ¡Gran filósofol

BuR. Y gran bailarín; bueno, pues a un hombre

así, vete a decirle... Nada, que se le ha an- tojado ver a Crisantema y... a propósito, ¿qué antecedentes tienes de ella y de su compañero?

Nís. Solo sé que naufragó frente a nuestras cos-

tas y se me preeentó rogándome que la ad- mitiese en mi ca^a para cantar en compañí?, de ese rubio cuya belleza trae revueltas a todas las Gheisas,

BuR. ¿Serán tal vez...?

Nís. No desconfío de ellos.

BüR, Se les vigilará. Yo voy a dar órdenes porque tengo que cubrir la carrera del Emperador,

31 -

con numerosas fuerzas. Confucio te conser- ve la vida.

Nís. ¡A ver qué vida!

BuR. ¿Cómo?

Mis. A ver qué vida me deja, porque siguiendo

así las cosa?... Pronto, preparaos todas que el Emperador va a visitarnos.

(Los parroquianos hacen mutis. Las Gheisas lo hacen también por la casa de the, seguidas de Níspero, con los servicios.)

ESCENA III

"ROSARIO y JOLI, vestidos de japoneses, con dos sombrillas pequeñas, abiertas

Música

JoLÍ No me siga, no me siga,

por compasión. Ros. Joli mío^ Jolí mío,

mi solo amor.

Deja que te abrace así. Joií No se acerque usted a mí.

Kos. Ven, mi dulce bien,

mi solo amor.

(Hablado. Véase la partitura.)

No huyas, nene mío, no me seas ingrato.

Jolí (Hablado. Véase la partitura.)

Déjeme, señorita, su amor para el gato. For favor, no insista tanto, porque yo no puedo más y a Confucio le suplico que me deje usted marchar. Eos. Si tu quieres ser mi esclavo

te prometo, mi Jolí, porque al mirarte entre mis brazos no te habrás de arrepentí r. Tu boca logró volverme loca, tus beí^os quiero yo

gozar, mis ojoH, tus ojos solo quieren mirar, mírame así.

— 32 ^

JoLÍ ;Que do!

Ros. ¡Que sil

ti pienso noche y día. JoLÍ Es pesada esta mujer.

Roe. Yo te quiero.

JcLi Qué manía,

no nací para querer. Ros. La flor de tus amores

para mí sera un amor, a tu amor vencerá. Tú serás mío, tuya seré. JoiÁ Mi mayor placer sería

que me deje usted embarcar,. y marcharme donde estuvo el paraíso terrenal. Ros. Si te marchas, yo te sigo;

(Se arrodilla.)

si te mueres, moriré; porque mi vida solo es tuya y mi vida te daré... Mis brazos

(Se levanta.)

anhelan tus abrazos, contigo quiero yo

vivir, bintiendo tu aliento yo me siento morir, mírame así. JoLÍ ¡Que no!

Ros. ¡Que sí!

Eres bello como el lirio. JoLÍ Florecitas a mí, no.

Ros. Yo te anhelo.

JoLl Qué martirio,

que desgracia tengo yo, que me mato como insista.- , ¡Cielo santo como está! ¡basta ya!

JoLl (Haoiado. Véase la partitura.)

No abrace usted. Ros. No corras, no.

JoLl Claro que sí,

déjeme usted. T «o S Ya te cogí.

Los DOS \ Pobre de mí.

— 83 —

Hablado

Ros. Acabarás al fin por quererme.

JoLÍ ¡Yol Jamás. ¿Pero no ha comprendido UBted

todavía que mi castidad está acorazada por

una voluntad ferruginosa? Ros. Me es igual. Tú serás mío pese a quien pese.

JoLÍ ¡Uy, qué pesada! Señora, en mí corazón no

hay más que odio para usted. Ros. ¿Odio?

JoLÍ Odio, sí; ya habrá usted podido comprobar

en nuestro desdichado -viaje: los desprecios que la he hecho.

Ros. Y a pesar de eso, yo te amaba más cada día.

JoLÍ Y yo, azoradísimo, huyendo de usted. ¡Tan

sólo un día fui fehz!

Ros. ¿Cual?

JoLÍ Aquel en que se desecadecó una horrible

tormenta que nos hizo naufragar frente a estas costas. Yo pensé: «¡al fin me veré libre de ella! ¡Qué alegríal» Y en el momento en que el buque empezó a tiacer aguas, aunque está prohibido, me agarré a un chaleco sal- vavidas y ¡paf! de cabeza.

Ros. Yo, temiendo por tu vida, me arrojé detrás

de ti y me agarré a tu cuello. ¿Te acuerdas?

JoLÍ Ya lo creo que me acuerdo; como que me

dió usted un abrazo que a poco me ahoga. ¡Ya puede usted vanagloriarse! Es la prime- ra vez que me ha abrazado una mujer.

Ros. Eso es lo que me vuelve loca; tu castidad,

(intenta abrazarle.)

JoLÍ Estese usted quieta, que grito. ¡Cau-chou-

pingl

Ros. ¿Pero por qué no me quieres?

JoLÍ Y aún se atreve usted a preguntármelo. Por

usted he naufragado en estas costas, por us- ted he perdido mi plaza de secretario con mil dolars trimestrales, por usted he perdi- do en el naufragio un dinero de mi princi- pal que ascendía a cerca de un millón. Po- bre mister Mómetro; el supondrá, de seguro^ que me estoy gastando ese dinero con usted. Por supuesto, que yo no me he presentado ya al embajador, porque seguramente creerá que soy un estafador y que lo del rapto y lo del naufragio es una leyenda, que si no, a

3

— 34 —

estas horas, estaba usted más sola que Rc- binson Crousé.

Ros. Por eso y por lo que tantas veces te he jura-

do, acuérdate, Jolí; el día que intentes de- jarme, te mato.

Jolí Lo eé; y luego me corta usted la cabeza y

hace lo"^de Salomé. ¿Pero por qué no me ol- vida usted?

Ros. No puedo.

-Jolí ¿Por qué no intenta buscar en otro hom-

bre...? Ros. ¡Imposiblel

Jolí Pruebe a ver. Hoy, sin ir más lejos,, dicen

que viene el Emperador a verla. ¿Por qué no logra enamorarlo? Dicen que para el ca- riño es blando como la cera.

Res. ^ Nunca.

Jolí Ahí es nada; lograr que el Emperador...

Ros. Te digo que no.

Jolí Tendría usted palacios en Tokio, barcos en

el lago del Cisne Azul. A más, el Empera- dor le haría su favorita y ya sabe usted que la favorita tiene esclavos; la favorita tiene joyas; la favorita tiene música... seria usted la flor y nata de las gheisas.

Ros. He dicho que no y no.

Jolí No quiere ser ni la favorita, ni la flor y nata.

¡Estoy perdido!

Ros, Tú y sólo tú.

Jolí Voy a tener que abrirme el vientre con un

sable.

Ros. No te vayas, que en seguida salgo. ¡Uy, que

ricol (Le coge !a barbilla.)

Joií ¡Y dale cod la barbilla!

(Mutis Rosario.)

ESCENA IV

JOLI, JIMY, JAK, WILLIAM y MAX

Jolí (Desesperado.) |Nada, quc le he inspirado una

pasión de mani<;omiol Y que no hay modo de escapar de sus garras. ¡Ay, si yo tuviese dinero! ¡Mucho dinero para huir donde np pudiera encontrarme!... (Se queda pensativo )

JiMY (a los otros.) Mirad; el japonés rubio.

WíLLlAM

Jak

-JiMY

Míx

JtMY

WllLlAM

JlMY

JOLÍ

JiMY

JoLÍ WlLLIAM

JOLI

Max

JoLÍ

Jak JoLÍ

JiMY

— 35 ^

¡Sí, es él!

¡Qué fortuna haberlo encontrado antes oue Kety! ^ ¿Estáis conformes con mi idea? Conformes.

Los gastos a cuarta parte, ¿verdad? A cuarta parte.

Pues a ello. (Adelanta.) Distinguido nipón. ¿Qué queréis, cañas de bambi^? (a los otros.) Nos ha tomado por cuatro cañas. (Alto.) Queremos hacerte una proposición. ¿A mí?

Una proposición que puede valerte mucho dinero.

¿Dinero? ¿A mí? Les advierto a ustedes que yo cante muy mal. No queremos que cantes. Y bailo peor.

Tampoco queremos que bailes. Pues malabares no sé hacer. Nosotros te damos cincuenta mil dólares si accedes a una petición nuestra. JoLí (Dando un salto de alegría.) ¡Cincuenta mil dó-

lares! [Mi felicidad! La huida de aquí; el apartarme para siempre de esa mujer. Ha- blad, ¿qué queréis que haga? Que cambies ese rubio de espiga que luce en tu melena por un negro de lo más azabache que se conozca. ¡No entiendo!

Que te dejes teñir y recibirás la cantidad. ¡Cincuenta mil dólares! Caro les va a costar el tinte. ¿Te decides?

Después de todo, a mí lo mismo me da; pero, ¿y si moreno estoy más guapo? ¿Qué hacer. Dios mío?... Nada, pecho al agua, o mejor dicho, tinte al pelo, (auo.) Acepto. Pues ven con nosotros y recibirás el precio de tu cambio de color. Vamos.

No nos podemos quejar de la suerte. El triunfo es nuestro.

Kety no encontrará el pollo amarillo de sus

sueños. (Mutis todos.)

JiMY

JoLÍ JiMY JOLÍ

Max

JoLÍ

Jim Y JoLÍ

WíLLlAM

Jak

JiMY

— 36

ESCENA V

NÍSPERO; poco después MISTER MÓMETRO

Nís. (Saliendo de la casa.) Esta CrisantenQa está máe

loca cada día. Y todo por ese rubio, que nO' sé lo que tiene, pero que trae revuelto a todo el sexo femenino.

MÓM. (sale pensativo, alicaído y se dirige a la batería.) Es-

toy que me pinchan en la aorta y do me sacíin ni un milímetro cúbico de glóbulos rojos. Pero, Dios mío, ¿qué hice yo con aque- lla mujer para que asi me dejase? ¿Es qije soy tan feo?

Nís. ¿Necesitas de algo, apenado ciprés?

MÓM. ¿Eres el dueño acaso?

Nís . El dueño soy, chopo llorón.

MÓM. Oye, ¿has visto o ha venido aquí por casua- lidad un joven rubio?...

Nís. (l)ando un grito.) ¡Ah!

MóM. Qué, ¿ha venido?

Nís. ¿Una belleza masculina, digna del pincel

nrivilegiado de Amarabati, un joven que trae revuelto a Yeso, mezcla de ídolo y de hombre?...

MÓM. jYesol... ¡Revuelto!... ¡Mezcla!... ¡Ese es Jolíl.

¿Le acompaña una mujer llamada Rosario? Nís. ¿Rosario? No conozco tal nombre; el joven

rubio, por quien preguntas, vino en compa--

ñía de una mujer bella como un girasol y a

quien llamamos Crisantema. MóM. ¿Será ella?

Nrs. Dentro de poco va a llegar el Emperador, y

entonces puedes ver no sólo a Crisantema, si EO a todas las ghesias de la casa. Con tu permiso voy a dar unas órdenes. ¿Deseas algo más, sauce pensativo?

MÓM. Nada, nudoso sarmiento. (Mutis de Níspero.)

ESCENA VI

MISTER MÓMETRO y KETY

MÓM. (Apenas se ha ido Níspero, figura que corta un cri--

santemo y deshojando las hojas dice:) ¿Será? ¿Na-

será? ¿Si será?

Kety Gracias a Dios que te encuentro, papá. Qué, ¿encuentras eee modelo de secretarios que sueñas?

MÓM. Me parece que estoy en la pista de uno.

Xety Mi sueño también va a realizarse: según in- formes que he adquirido, el japonesito rubio pertenece a la servidumbre del Emperador, y como no ha de tardar en llegar... ¡Qué an- sia tengo de verle! Estoy nerviosa. Anda, acompáñame a dar un paseo por esa aveni- da de tilos.

MóM. Como quieras. ¿Será? ¿No será?

Kety (Marchando.) Si vieras, papá: me han dicho que es una verdadera preciosidad. Su nariz, griega. jComo mi sueñol Su boca, como la flor del granado. ¡Como mi sueño! Sus ojos se entornan dulcemente. ¡Igual que mi sueño!

MÓM. Y que el sueño de todos los demás. ^jSerá? ¿No será? (muUs.)

ESCENA VII

JIMY y WILLIAM, poco después KAKITO, jovea japonés, rubio como el oro, y NÍSPERO

^IMY Mientras Jak y Max esperan que se conclu- ya de teñir el tal jiponesito, vamos a ver si tropezamos coa nuestra milionaria.

WiLi.iAM Fué una gran idea, porque no encontrando el japonés rubio tendrá que decidirse por uno de nosotros,

JiMY Asi lo ha ofrecido, y Kety, palabra que da,

la cumple.

ÍCak. (Sale y se dirige a la puerta de la casa de the.) ¡Nís-

pero! ¡Níspero! Nís. (saliendo ) ¿Qué me quieres, alelí aromático?

KaK. Que mi eeñor... (sigue hablando en voz baja.)

JiMY ¡Confucio me valga!

WiLLUM ¿Qué pasa? JiMY Fíjate, William, fíjate.

WiLLiAM ¡Horror! ¡Otro japonés rubio! JiMY Y de un rubio de agua oxigenada que ma- rea.

WiLLiAM Nuestro plan por el suelo. J^iMY Cá, yo no me conformo: a éste le convierto yo en moreno como al otro.

— 88 —

NíS. Kak. NíS.

WlLLIAM JlMY WlLlIAM

Kak.

JiMY

Kak.

WlLLIAM

Kak.

JiMY

NíS. Kak.

,JlMY

Kak.

WlLLIAM

Kak.

JiMY

WlLLIAM

Kak.

Jim Y

K*k.

WlLLIAM JlMY

¿De modo que el Emperador.,.?

Llegará de un momento a otro.

Vete tranquilo, que todo estará dispuesto.

Por lo visto este pertenece al séquito del-

Emperador.

Entonces es el que indicó la agencia; ahora.

verás. Bello joven.

üüa palabra, agraciado japonés.

¿Es a mí?

Á ti. ¿Qué serias tú capaz de hacer por vein- ticinco mil dóllares? Según.

¿Y por cincuenta mil? Menos traicionar al Emperador, todo. Pues bien, nosotros te damos esa cantidad por una coea bien sencilla.

(Que cye la conversación en el foro.) jRebhuda!

¿Qué será?

Si está en mi mano... Está en tu cabeza. No comprando.

Que te damos cincuenta mil dólbres, si te dejas teñir ese rubio azafrán por un negra- mora.

¿No es una burla?

c agamos en el acto.

Empezar a teñirte y empezar a cobrar.

¡Qué capricho más raro!

No es capricho; es qne necesitamos que no^-

haya aquí ningún japonés rubio.

(Níspero suelta una excUmación.)

Pues por mi cuando queráis. Sígnenos.

Supongo que ya no saldrán más rubios. (Ha- cen mutis.)

ESCENA VIII

NISPERO, después NIKO, FUGI, KITO, JAMA y cuatro Criados más

NÍS. (Bajando a la batería.) Cincuenta mil dóUare?,

que son ., multiplicados por... (Liamando.> Niko, Fugi, Kito, Jama, salir todos (saien

los llamados y cuatro Criados más.) EsCUChad y ÜO

perdáis detallee. El Emperador va a llegar de un momento a otro, y yo he pensada

— 39 .

como una novedad presentaros con el pelo teñido de un rabio de espiga otoñal. Tú nos maridas.

Y si alguien intentase que cambiaseis de color que se entienda connaigo, ¿lo oís?

Así lo haremos.

Y desde este momento os subo el sueldo. Conque vamos a lo de la espiga, (muüs todos

derecha.)

ESCENA IX

JOLI, teñido completamente de negro azabache el pelo y las cejas

. ¡Mi temor se ha cumplido! Al pasar por ahí he oído una voz de mujer que me decía: «¿Dónde vas, negro de mis ojos?» Y al atra^ vesar la ciudad una musmé me ha deteni- do y clavándome la mirada me ha dicho: c¿De qué Paraíso sales? Eres moreno como el monte sagrado de Yokohama y tengo empeño en besar tus labios.» Yo al oir lo del monte y lo del empeño no quise soltar prenda, pero no pude evitar que me besase. Nada; lo dicho, jque moreno estoy más ape titosol iQué sufrimiento! Tú que lo ves, Dios mío, sabes que la humildad en míes una ñor que me perfuma; la modestia es otra flor, la castidad otra flor; me estoy echando flores pero es verdad. En ñn, lo importante es que tengo dinero y que puedo huir; aho- ra que tengo que hacerlo con cierta habili- dad porque si me pesca«e esa mujer no quiero pensarlo.

ESCENA X

DICHO, MOMETRO y KEIY que salen del brazo

Mira, ahí tienes un japonés, (con desprecio.) Sí, pero es moreuo. [Cielos, mi principal! ¿V^endrá persiguiéndo- me para meterme en la cárcel? Yo me re- fugio en la casa de the y que me salve ella. Esa mujer va a ser mi condenación. (Mutis

casa de The.)

NiKO

Nís.

FUGI

iSís.

MÓM.

KfcTY JOLÍ

ESCENA XI

DICHOS, JIMY, WILLIAM, MAX, JAK, después el EMPERADOR THILIN-THILIN, BURLADHERO. KAKITO teñido de negro, y todo el cortejo y Coro necesario al número musical

(Ataca la orquesta. Recitado sobre ella.)

JiMY Ed cantadora Kety, ya tenemos ahí al po-

dero.^0 Thilín-Thilío. WiLLiAM Con todo 8U cortejo.

JiMY Y en el cual vendrá seguramente el rubio

de sus sueños.

Kety Vendrá, no les quepa duda. Me lo han ase- gurado.

JiMY (Aparte.) Buen desengaño vas a llevar.

Max Ya llega el cortejo.

(Mas fuerte en la música Gran número cou salida del Emperador, cantos, couplés de Tbilín-Xhilín.)

Música

Coro Llega el gran señor

nuestro Emperador, gloria y honor, que siempre en la lucha fué batallador. No hay en el Japón nadie como él, y hasta en amor resultó vencedor. Llega el gran señor nuestro Emperador, gloria y honor, que siempre en la lucha fué batallador. No hay en el Japón nadie como (A, gloria y honor al gran señor, gloria y honor a nuestro Emperador.

Thilin Gracias, amados subditos,

gracias, nobles vasallos, me habéis llegado al alma y estoy emocionado.

Coro ¡Señor, Señor!

— 41 —

T^'hilín Noble pueblo que gobierno^

ya conoces mi opinióo, ¡o que está bien con el sin puede estar mal con el con. €oRo ChitÓD, ChitÓQ,

mucha atención; chitón, chitón, mucha atención. Thilín Del por qué de esta teoría

voy a daros la razón,

De regreso del Japón fué a su casa un mandaría, y temblando de emoción vió a su esposa...

Todos ¿Sin o con?

Thilín ¡ConI

(Estribillo.)

Desde un polo al otro polo, yo mantengo solo siempre mi opinión, opinión que así la fundo: todo en este mundo tiene el sin o el con.

•Coro (Repite estribillo.)

II

Thilín Por dinero un mandarín

se casó con Fu-chi-jóo, y pasado ya el festín vió que estaba...

Todos ¿Con o sin?

Thilín ¡Sin!

(Estribillo y final. Véase cuplés para repetir.)

Hablado

Nís. Delicada porcelana de Imari; señor de todat

nuestras vidas; don de la Providencia, ¡se- ñor! ¡don!

MóM. Este tío está poniendo un sobre.

Nís. Mi humilde casa se ha transformado en el

Paraíso de Bhuda al posar en ella tus reales

plantas.

Thilín Bien, basta. ¿Y Crisantema?

- 42 —

Esperando tus órdenes, temblorosa como li- rio que mece el viento, pero antes, si te pa- rece, delicada cigüeña, mis Gheisas girarán como aladas mariposas en tu presencia.

Lo que sea, pero pronto. (Níspero saluda y entra en ]a casa de The.)

¡Delicada danzarín al Ven, te permito que estés a mi lado durante la fiesta. Papá, no veo en el cortejo al japonés rubio dé mi sueño.

Ni yo lo que busco, pero voy a ojear por otro lado a ver... (Mutis.) Sí, sí, lo que es uu japonés rubio no lo. ve- rán tus ojos. Níspero.

¡Estrella radiante! Que salga Crisantema. Aquí llega.

(Aparecen las GHEISAS con trajes caprichosos de ma- riposas y bailan ante el Emperador. Terminado el baile Eale ROSARIO y JOLI y cantan los couplets.)

Música

Coro general ¡Abl ¡Ah!

¡La! |La! Gheisa, Gbeisa, bailad, bailad. Gheisa, Gheisa, danzad, danzad. Gheisa, Gheisa, bailad, bailad. Gheisa, Gheisa, cantad, bailad. Gira suavemente como linda mariposa

gira tenuemente, más y más voluptuosa,

anda, baila, que el rey te mira, baila, gira. Coro Aquí sale Crisantema

y a oiría va por fin el Emperador,

a ver qué cosas le cuenta que pueda ya alcanzar su gracia y favor.

Thilin Es bella como una estrella,

ñexible cual girasol,

Nls.

Thilín Thilín Kety

MÓM.

Jim Y

TnaÍN Níí.. Thilín Nís.

— 43 — ^

si canta y baila con arte

despertará en mí el amor. Ros. (a Joií.)

A ver si no te avergüenzas,

porque es el Emperador

y puede costamos caro

tu cortedad y rubor. JoLí Haré un esfuerzo supremo

si luego al terminar

nos dejan marchar. Coro Empiecen pronto a cantar

y después que canten

nos tienen que bailar. Thilín Empezar ya, por Confucio,

que impaciente me tenéis. JoLÍ Cocotero ñoreciente,

ahora mismo lo veréis.

(HabJado )

Alelí luminosc, para que te dés cuenta de nuestro trabajo, escucha dos palabras: Asi como los Estados Unidos nos mandaron el fox-trot, el Brasil la machicha y la Francia el can-cán, España nos ha enviado una danza exótica, rítmica; danza que el Japón ha copiado, ha adaptado y ha bailado en la forma que vas a ver. Thiiin Empieza ya. JoLÍ Japonesíbita,

qué fatiguí bitas estoy pasando por tu querer. Ros. Pues toma horchata

de arroz, que es buena, que mi cariño no puede ser. JoLí No me digas eso,

por Confucio, que me mato. Ros. Tiés para rato,

tiés para rato. JoLí Vas a dar lugar,

¡ay, flor de té! que te sacuda. Ros. ¡Ay, no, por Bhuda,

Los DOS Esta danza hay que bailarla con ilusión, porque ee ha puesto de moda en el Japón,

en el Japón, en el Japón. JoLÍ ¡Ay! qué mandarina

me ha tocado en el sorteo. Ros. Cállate, feo,

cállate, feo. JoLÍ Eres más bonita

que los lirios de los valles. Ros. jAyl que te calles.

no te muevas tanto que eres un bambú. JoLí Es que aunque me mueva,

más te mueves tú. Ros. Soy la mandarina

más angelical. JoLÍ De esas que en la plaza

dan catorce por un real. Hombres Japonesíbita,

qué fatiguíbitas estoy pasando por tu querer. Mujeres Pues toma horchata

de arroz, que es buena, que mi cariño no puede ser.

(Bailan todos.)

Hombres Es de efecto colosal.

Mujeres Y produce mi ilusión.

HoMB^iEs Esta danza original.

Mujeres Que se baila en el Japón.

Todos Que se baila en el Japón.

Hablado

Thilín |0h! graciosa y flexible como una caña de

bambú. (Llamando.) Borladheio. BüR. Señor.

Thilín Quiero quedarme solo con Crisantema. BuR. (Aterrado.^ ¡Solol jScñor! El anónimo, el aten- tado.

Thilín ¡Bastal He dicho que quiero quedarme solo. ¡Fuera gente!

BuR. Se cumplirán tus órdenes, mirasol. De or-

den del Emperador que se retire todo el mundo, (a Crisantema.) Quédate tú.

Eos. ¿Yo?

BuR. Sí, el Emperador quiere hablarte.

— 46 -

JoLÍ Ahora puede usted hacer su suerte.

Ros. Mi suerte está en tus ojos, negrazo.

JoLÍ Nada, que rubio me quería, moreno, me-

adora y si me pongo castaño, me monda. BüR, Pronto... Yo vigilaré.

(bís en la orquesta y todos bacen mutis.)

ESCENA XII

FOSARIO y THILIN

Thiiín (contemplándola) ¡Qué hermosal Por el rostro es árabe, por los ojos es española y por el aire es judía. (Acercándose a ella.) ¡Flor de ce- rezol En la tierra no existe nada más bello que tú; eres una gota de rocío en el cáliz de una tuberosa. ♦

Ros. (Aparte.) Es más ciirsi que una dentaduraí.

postiza.

Thilín ^,No me escuchas, crisantema? ¿No oyes mis frases de amor? Yo tengo un palacio en Oriente, que es un ensueño; otro en Rusia con trineos y seis tiros de reno?. ¿Qué prefie- res? ¿Prefieres el palacio de Oriente? ¿Pre- fieres los trineos o quieres que te dé los seis tiros?

Ros. (Esquivando.) Señor...

Thilín ¿Qué te ocurre? ¿Por qué te alejas? ¿Qué tienes en ]a sonrisa, sol? ¿Qué tienes en la mirada, luna?

Ros. Señor...

ThilIn Comprendo: sientes cortedad porque soy Thilin-Thilin, el gran Emperador; no te im- porte. Soy Tnilín-ThilÍD, pero llámame de tú. Yo sabré inspirarte confianza. Anda^ dame el brazo y daremos un paseo por la

orilla del lago. (La coge del brazo.)

Ros. Gran señor...

Thilín Y dale, llámame de tú... Estás nerviosa, tu

mano quema. ¿Qué te pasa? Ros, No sé; pero la culpa es tuya. jQué me has

hecho, Emperadorl ¡Qué me has hecho,,

Thilinl (Mutis.)

(Aparece Burladhero y dice;)

^UR. Yo no lo dejo solo y lo que es menester que

no necesite los servicios de un hombre como yo, de un Burladhero. (Mutis detrás.)

ESCENA XIII

XETY, JIMY, WILLIAM. MAX y JAK: después FÜGI, después NIKO, KITO, JAMA y los otros cuatro criados. Por último NISPERO

Kety

JiMY

Kety

WlLLlAM

Jim Y

Keiy Max

Jim Y

Jak

JiMY

Los 3

JiMY

K«tTY JiMY

Max Jak

WlLUAM

Jim Y

FUGI JlMY

Los 3 Kety

FüGl IvEl y

(Desesperada.) Nada, ni UQ japonés rubio. Ya lo ha visto usted, adorable Kety; ni en el cortejo, ni fuera del cortejo, se encuentra ese tipo ideal, ese capricho de millonaria con el que había usted soñado. (Kesiguada.) Es verdad, no existe. (Aparte) Nuestro dinero nos cuesta. Ha llegado el momento, pues, de que nos cumpla su palabra, decidiéndose por uno de los cuatro.

(con desaliento.) ¡Me es igual! Echenlo ustedes a suerte.

Comprendemos su delicadeza; no quiere usted elegir para no hacer un feo a los demás.

Puesto que así lo quiera, escribamos los cua- tro nombres, se meten en un sombrero y que la suerte decida. Admirable.

(Saca un libro de apuntación y escribe en cada hoja

con lápiz.) VVilliam, Jak, Max y Jimy. ¿Esta- mos conformes? Conformes.

(Echa las papeletas en su sombrero y dice.) ¿Quiere

usted sacar el nombre del afortunado?

¡Nuncal

Entonces.

Yo no lo saco.

ISi yo tampoco.

Que lo saque un criado.

Como queráis. (Llamando.) ¡A ver, un criado!

(Sale Fugi rubio como el oro.)

Llamabais.

(ai verlo da un grito y deja caer el sombrero.) ¡DÍ08

santo!

¡Otro rubio!

¡Eli Mi sueño. ¡Oh, ven, ven! ¿Cómo te lla- mas? Fugi.

¿Eres legítimo japonés, verdad?

— 47 —

FüGi Del mismo Tokio.

Kety ¡Ah, por fin! (a eiios.) Ya lo ven ustedes, el capricho de uoa millonaria, de la reina de la greda, como me llaman, va a realizarse; trabajo ha costado pero ese es preciFam^n- te el encanto; si hubiera muchos japoneses rubios no valdría la pena.

NiKO (saliendo más rubio todavía que el otro.) Fugi, el

amo te llama. JiMY (Dando un grito.) [Mi madre! Los 3 ¡Otro rubio!

Kety ¡Qué raro! (a Fugi.) Oye, ¿ese es japonés tam- bién?

FüGi ¡Hermano mío!

Kety Nada me había dicho la Agencia...

(salen Kito, Jama y los otros cuatro Criados rubios completamente.)

KiTo Vamos a ir colocando las mesas.

JiMY (Dando un grito.) ¡DÍ03 poderOSo!

WiLLiAM ¡Qué invasión!

JiMY ¿i los llegamos a ver antes nos arruinamos.

Kety |Pero... no es posible... Me engañan mis ojos... ;,0 es que ya todo le veo rubio?... (a Fugi.) Oye, ¿esos son del país también?

Fugi Como yo.

Kety (Desilusionada.) ¡Entonces no hay escasez de rubios! ¡Puede conseguirlo una cualquiera! ¡Qué vulgaridad!

ESCENA XIV

JOLl y NISPERO

JoLÍ ¿Cómo dices que se Tama ese vapor que

zarpa hoy para Europa? Nís. El Fu-Fú.

JoLÍ ¿Y es rápido?

Nís. El viento es un reumático a su lado. ¿Ves

una pluma de ánade arrastrada por las on- das? Pues así va de ligero.

JoLÍ Ese es el mío... (Medio mutis.)

Nís. ¿Dónde vas?

JoLÍ Al Miau, digo, al Fu-Fú.

— 48 —

ESCENA ULTIMA .

DICHOS, BÜRLADHERO, THILIN THILIN, ROSARIO, KAKI! O y TODO EL ACOMPAÑAMIENTO

BuR. (Saliendo nerviosísimo.) Nadie se mueva... iQuie- to todo el mundo!... (Llamando.) Ja-Konni- nos.,. (1) [Guardiasl... ¡Guardia^!....

(Van saliendo los soldados.)

Nís. ¿Pero qué ocurre, espiga dorada?

BüR. ün extranjero que ha alentado contra la

vida...

Nís. (Aterrado.) ¡Bhuda me salve! ¿Del Emperador?'

BüR. No, de Crisantema. Cuando más atortelados

estaban, llegó hasta ella y le dió... no en- cuentro la palabra adecuada.

JoLí Pues en japonés está muy claro: le daría

un cate.

BüK. ¡Pero qué cate!

Nís. Aquí llegan.

(Sale Mister Mómetro, sujeto por dos soldados, Thilín- Thilín y tíosario.) ThiLÍN Soltarle. (Los soldados le sueltan )

BuR. ¡Gran señor!

Thilín Silencio.

Nís. Bambú sagrado,

Thuín Silencio, he dicho, (pidiendo.) ün sable.

BüR. JJn sable, pronto, (üno de ,la guardia alarga su-

sable.)

JoLÍ (Aparte.) Han averiguado que es rico y le van

a dar un sablazo.

ThiLÍN Dáselo al extranjero. (Burladhero se lo da a Mis-

ter Mómetro.)

MÓM. ¿Y qué hagcyo con esto?

Thilín Desmídalo. (Mister Mómetro lo hace.) Y ahora,

aquí, en presencia de todos, ábrete el vientre. Móiví. ¡Que me abra el vientre! JoLí (Aparte.) No se podrá quejar de que no asiste

gente a la apertura. MÓM. Ignoras que soy súbdito norteamericano y

que...

Thilín Lo sé, y por eso quiero evitarte la vergüenza de que el verdugo te lo abra. Has osado po-

(l) Pronúnciese: Yacuainos.

ner tu mano sobre esta mariposa alada, has maltratado esta paloma blanca... MÓM. Ea, basta de volátiles. Esa mariposa es mi...

no sé cómo decírtelo. Es una casi señora mía.

Kety Papá, qué vergüenza.

,VlÓM. Entre que aclare esto o se empeñe en lo del sable...

Thilin (a Rosario ) ¿Es cicrto?... ¿Ercs su musmé? (1) Ros. Camelos, no, mochuelo flamenco; yo soy

una mujer que aceptó la protección de ese viejo, porque es millonario, pero mi cora- zón, es de ese: de Jolí. Thilin (indignado.) ¿De ese siervo mío? A ver, un sable.

Jolí No, sablecitos, no; mirasol gigantesco: yo

soy también súbdito americano, y a mí para abrirme el vientre, me tienen que colgar.

MÓM . ^;Pero tú no eras rubio?

Jolí Sí, pero esa mujer me ha traído la negra;

usted no sabe lo que yo he pasado... ya le contaré...

Keiy y yo también, papá. Si supieras... mi capri- cho es una vulgaridad... mira. MÓM. Coro de ángeles... ¡qué atrocidad. Jak Entonces, ^;aceptaí á usted nuestro amor?

WiLLiAM Se casará con uno de nosotros. Kety Si, pero tengo un capricho. Oigan ustedes.

(Habla con ellos.) MÓM. (Aparte a Rosario.) Todo te lo pcrdono SÍ VUel-

ves conmigo a nuestra quinta de Boston. Ros. ¡No be de volver, si estoy por ti que se me

cae el kimono! MÓM. (Aparte.) Me engaña; pero precisamente por

eso me gusta. Thiiin Buriadhero. BuR. Señor.

Thilin Que salgan inmediatamente de mi reino

esos extranjeros. BuR. ¡Oh, gran idea! No en vano eres el primer

Thilin de tu dinastía. Thii in Que salgan. Bup. ¡Viva Thilin primero!

Thilin Primero que salgan. Bup. En seguida, farol de colores.

(l) Nombre de la mujer galante en el Japón.

— 50 -

mi Tísica

Todos ' ün loco deseo

que no consiguió nos trajo a estas tierras buscande el amor. Amor, amor.

(Telón.)

FIN DE LA OBRA

Pora repetición de ios couplets de Ttiilín-Tlillín

I

Thilín La mujer en el Japón

si se aburre o tiene espléen, (1) y el marido es un melón, va y le adorna...

Todos ¿Con o sin?

Thilín ¡Con!

II

Thilín Tiene loca a la Nación

en España un mandarín, y aunque a nadie hace tilín, él gobierna...

Todos ¿Sin o con?

Thilín ¡Sin!

IIÍ

Thilín Una chica de Tonkin

dióse al novio con pasión, y muy pronto vióse al fin que ella estaba...

Todos ¿Con o sin?

Thilín ¡Con!

(l) Pronúnciese «esplín».

Obras de (Antonio Paso (hijo)

La maltratada, parodia de «La Malquerida», sainete en un acto.

El secreto del corredor, juguete cómico en tres actos.

£1 preceptor de Su Alteza, opereta bufa en un acto, mú- sica del maestro Millán.

La fiesta de la alegría, revista en acto, música del maestro Roig.

El cuarto verdey vodevil cómico-lírico-bailable-picaresco

en un acto, música del maestro Quislant. El terror de las mujeres, sainete en un acto, música del

maestro Fuentes. Escribidme una carta, Señor Cura..., entremés en prosa. Su Majestad la Verbena, humorada cómico -lírica en un

acto, música del maestro Fuentes. El capricho de una reina, caricatura de opereta en dos

actos, música de los maestros SoutuUo y Vert.

«Precio: 1,^0 pesetas