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¿VE garcía alvarez
egorio MARTÍUEZ SIERRA
Caricatura de TOVAR
AUcJER :-
XTA, LA PRESTAAVISTA NIÑO DE BUBNAVISTA
fnrip GilCII ALVAIEZ y FerDflDdo LDQDE
50 céntimos
NUMERO yil :-: 3 DE ABRIL 1):^] 1926 :-: AÑO I
rO/AEDIAS
RliVlSTA SEMANAL D I rector: -■ - _ GERENTE
ANDRÉS GUILf^&IN ~ BENJAMIÍ^! S. HERRERO
Oficinas: Rodríguez San Pedro. 57 :-: MADRID :-: Apartado 8.036
Pracios da suscripción. — Zr,s/)/'?/7rt 3' Angélica: Trimestre, 6 pesetas; semestre, 12; año, 2i.^^'F.xt.ranjfro: Semestre, 15 pe- setas; año, 28. Los siíscriptcres recibirán stn aiinieuío de precio citaittos nú-
nieros extraordinarios se pithUqueit,
NÚMEROS PUBLÍGADOS
NúM. I.— Jacinto Benaveníe: N'adi- sah'^ lo que quiere o el bai- larín y t.1 trabaj idor. — Eíírique Qircia Avarez v Joaquín Abatí: Clara Luna.
NúM. II, — Q. Martínez Sierra y Honorio Maura: Susana tiene un secreto. — Carlos Arniches y Antonio Paso: ¡Qué encan- to de mujer!
NúM. Iir, — Alejandro Pérez Lugín y Manuel Linares Rivas: Cunito de la Cruz. Eduardo Marquina: lil pavo real.
NúM. IV.— Pedro Muñoz Seca y Pedro Pérez Fernárídez: L^s campanilieros. — Luis Qabaldón y E. Quliérrez Roig: Pode- roso caballero...
NúM. V.— Carlos Arniches: La cruz de Pepita. —Augusto Mir- tínez Olnnediíia: La mano de Alicia.
NúM. VI. — S. y J. Alvarez Quintero: La consulesa. — F. Rome= ro y Q. Fernández Shaw: La sombra del Pilar.
NúM. VIL - Q. Martínez Sierra: Mujer. - E. García Alvárez y Fernando Luque: Calixta la prestamista.
EN EL PRÓXIMO NÚMERO
Eduardo Marquina: Una noche en Venecía.— Jacinto Benavente: De cerca.
[mp. de F. Moliner, Leganitos, 54, MADRID
GREGORIO MARTÍNEZ SIERRA
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COMEDIA EN TRES ACTOS
Estrenada © i eS tsatr»© Eslava^ de IVIadrld, el 31 de Octubre de 1924
REPARTO
I
' PEESONAJES ACTOHES
ESTRELLA, (veinticuatro años) . . Catalina Barcena.
FERNANDA, (veinte) Milagros Leal.
IMISS WATSON, (cincuenta) Rafaela Satorres.
¡CARLOTA (doncella, veintidós). . . Rosa Díaz Gimeno.
UNA DONCELLA VIEJA Gí^rmen Terán.
GABRIEL (treinta años) Manuel Collado.
EDUARDO (treinta y nueve) Luis Manrique.
MARIANO (criado, treinta) Luis Pérez de León.
671 -0.3 4
ACTO PRIMERO
SMoncito íntimo, puesto con buen gusto, pero más bien a la an t^Ba y severamente. Chimenea en el fondo, y junto a la chimenea sofá, dos butacas, un taburete y mesita para tomar el café. Doi puertas a los dos lados de la chimenea. Otra en la pared de la iz quierda. Balcón en la pared de la derecha.
Al levantarse el telón, una DONCELLA está sirviendo el café ei la mesita. Entran, sin hablar, viniendo del comedor, ESTRE- LLA, FERNANDA, MISS WATTSON y EDUARDO. Se sien tan todos menos Miss Wattson, que se queda en pie junto a Es- trella. La doncella se retira silenciosamente. Estrella sirve el caf^é, también en silencio.
tLDU. ESTR.
Edu.
ESTR.
Edu.
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Edu.
Watt. Edu.
ESTR.
Edu.
llStR.
{Suspira ruidosa y cómicamente.) \ Ay ! ¿Por qué suspiras? {Con, guasa.) Para romper el lúgubre y solemne silenci que nos embarga... ¡Parecemos la Procesión del Santo Entierro !
¡ Qué tonto eres ! (Le alarga una taza de café.) No lo sabes tú bien. {Pasando a Miss Wattson, que sigü en pie, la taza que le ha dado Estrella.) Miss Wattson.. {Rechazando la taza.) ¡ Ach ! ¡ Gracias, no ! Yo nunc toma veneno alguno, sea él excitante o deprimente. Quie re conservar siempre estático mi equilibrio mental, {Dt un paso hacia la puerta.) ¡ Hasta luego I {Cómicamente aterrado.) ¿Nos deja usted? ¡Eso sí qu no ! Aunque no se envenene usted con nosotros, teng usted la bondad de sentarse y ayudarnos a velar al di funto. {Con candidez inglesa.) ¿Cuál difunto? {Se sienta.) Eso pregunto yo. Señoras, ¿quién se ha muerto en ests casa ?
{Que ha servido café a Fernanda y a si misma, pero qut preocupada visiblemente, le deja enfriar.) \ No seas ri dículo 1
{Sin hacer caso de la interrupción.) Sí ; porque a no ha ber sucedido una desgracia, no me explico la melancolíí que ha reinado durante el almuerzo. Además de no ha beros dignado dirigirme la palabra..., miss Wattson e testigo..., habéis hecho una acogida siberiana a los es cogidísimos chistes y a los saladísimos chismes que h< estado acumulando en vuestro honor, por Madrid y su: afueras, desde el jueves pasado... Vale la pena de invita; á almorzar a un amigo para hacerle sentir tan claramen te que su presencia es... innecesaria. {Sonriendo cariñosamente.) Loa verdaderos amigos soi
aquellos en cuya compañía puede uno callarse cuando no tiene gana de hablar.
¿Te ha quitado la gana de hablar el que el maridito no haya almorzado en casa?
{Sonriendo un poco forzadamente.) ¡ Me haces reír I ¡ Gracias a Dios !
{Con solemnidad de persona mayor,) ¡ Ya no estamos en la luna de miel ! {Muy serio.) Celebro saberlo. ¿Para qué?
Para atreverme a venir a esta casa un poco más a me- nudo.
{Un poco picada.) No parece sino que alguien te ha im- pedido nunca que vengas cuando se te antoje. Es verdad. Pero siempre que he llamado al timbre, du- rante estos tres últimos años, he tenido así como escrú- pulo de cometer una indiscreción. {Con admiración.) ¿Tú?
{Riéndose.) \ Era tan raro no sorprender un beso detrás de una puerta ! {Enfadada.) \ Estúpido ! I Ach !
{Volviéndose hacia la inglesa, sin hacer caso del insulto de Estrella.) Perdone usted, Miss Wattson, lo shoking de mi observación. Usted puede que no haya reparado en ello, porque no hace más que dos semanas que está usted en Madrid, y, por lo visto, {Mirando de reojo a Estrella.) su llegada de usted ha coincidido con el cuarto menguante...; pero le aseguro a usted que era un escán- dalo... Tres años largos de amor conyugal, no sólo apa- sionado, sino meloso... Una niña educadlta a máquina, a la inglesa, por una educadora como usted ; {Miss Watt- son se inclina y sonríe.) una solterita tan fría, tan co- rrecta, tan super-razonable, 3^ que, en cuanto recibe las bendiciones, se convierte en volcán, en merengue, en ta- rro de almíbar... No sabe usted cuántos desesperados que en el día propicio no se atrevieron, vagan por esas calles, plazas y plazuelas, clamando entre sollozos : ¡Quién se iba a figurar que debajo del témpano había un caramelo de los Alpes ! ¡ Si se hubiera sabido ! {Entre risa y enojo.) ¿Te quieres callar ya? {Inclinándose galantemente.) SI tú me lo mandas... {Vol- viéndose hacia Fernanda, que, visiblemente ensimismada, no lia prestado atención a lo que Jiablan, y^ gritándole casi en el oído.) ¡Niña!
{Como si despertase.) ¡ Ay, qué susto me has dadol... ¿Qué quieres? Hacerte aterrizar. ¿A mí?
Sí... desde el quinto cielo, por el que vas volando. ¿Yo?
Tú no tienes marido cuya ausencia te preocupa. {Sonriendo.) No, que yo sepa,
*■» ■ M
Edu.
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Fern. Edu.
Watt.
Edu. Watt.
Edu. Fern.
Edu.
Fern.
Edu. Fern,
Edu. Fern.
Edu.
Y, sin embargo..., callas y meditas... Mírame... Dentr© de esos profundos ojos negros adivino la sombra fatí- dica de un hombre.
Hoy le -ha dado a éste por las adivinanzas. (A Eduardo.) ¿De veras?
¡Infalible! Cuando una mujercita bonita y con dinero se preocupa o se entristece, no puede haber más que una causa : ¡ ¡ ¡ El ! ! ! El, con letra mayúscula y tres admira ciones. Aquí sucede algo. ¿No es verdad, Miss Wattson? (Muy digna.) ¡ Ach !... Yo, como está inglesa, no tiene la Curiosa costumbre de los españoles, de estar el policía secreta de la vida de otros... Yo no cuenta los besos ajenos detrás de las puertas.
{Des con feriado.) Usted perdone... No he querido... {Amahilisima.) ¡Ach! ¡Yo no tiene nada que perdonar!... Yo tan sólo dice objetivamente aquello que yo observa... Con nosotros, ingleses, un amigo está con su amigo, y le da la vida, si el amigo juzga propio pedírsela ; pero mientras el amigo no llama^ él no se permite de inspec- cionarle el alma por las rendijas... Con ustedes, en Es- paña, es todo del revés...; ustedes, españoles, se olvidan de contar las pesetas de su propio bolsillo, por correr enterarse de los céntimos en el portamonedas del veci- no... (A un gesto de Eduardo.) Yo no censura... ¡Achí ¡No!... No me permite de censurar... A ustedes gusta así,, bien está así...; cada país tiene su propio pintores, co. (Se levanta.) Realmente tengo que marcharme. (A Eduardo, que se levanta y le sostiene la puerta para que salga.) No se molesta, no se molesta... (Sale.) {Volviendo junto a Estrella y Fernanda, pero sin setu tarse.) ¡ Buen sermoncito me ha echado la inglesa ! {Que se ha levantado también.) ¡ Bien empleado te está, por preguntón ! ¡ Eres el hombre más curioso de la tierra !
{Serio.) La curiosidad de mí para vosotras, señoras mías,; se llama interés, y es respetabilísima, porque viene dere-i jj^! cha del corazón ; pero si a ustedes les molesta, me en mendaré... {Fernanda da un paso hacia la puerta.) ¿Dón.i de va su Excelencia Ilustrísima con tanta prisa? {Echándose a reir.) ¡Ya te vas enmendando!... Voy, coi: tu permiso, a ponerme guapita para ir al tennis. Si quieres que yo te acompañe...
{Riéndose.) Gracias, no... ¿Contigo sola por la calle?., ¡Comprometes demasiado, hijo mío!... ¿Yo?
¡Nunca se te ve más que con señoras... dudosas! (5 ríe y sale.)
{Suspirando.) Es verdad... Soy un amigo para andar pe casa... Por más que con vosotras no reza eso... A vo otras no hay quien os comprometa... No sé qué tenéis., os habían de ver salir de madrugada de Maxim' s, ái brazo del negro del Jazz-hand, borracho perdido, y per sarían que le habíais ido a buscar para enseñarle a rt\ zar el rosario...
h. k h >^i k
¡ Ventajas de la buena fama, hijito 1
Sí, es curiosa la fuerza de dogma que tiene la reputa- ción de una mujer honrada de veras. Y vosotras batís el record en eso como en todo. ¡ No sabéis lo que os quie- ro, chiquillas !
(Un poco conmovida.) ¿Por qué lo dices ahora y en ése tono?
Porque sí... Me ha entrado de repente la necesidad ab- soluta de decirlo... Es curioso... ^
¿El qué?
Eso, precisamente... que nos quieras tanto... Muchas ve- ces me lo he preguntado : ¿ por qué nos querrá tanto este perdis? Porque sois un oasis. ¿En el desierto de la mala vida?
No sólo de la mala... En la vida de un perdis, como di- ces tú, no hay más que dos clases de mujeres : las que sí y las que no. Las que si, divierten, pero cansan ; las que no, aburren y además ponen de malhumor con sus gazmoñerías hipócritas, (^4 un gesto de ella.) Hipócritas, sí, sí...; porque ellas, en su orgullo de virtud, han deci- dido no caer ; pero las pobrecitas se mueren de ganas de que el hombre tropiece... con ellas... No hay cosa más enervante y mlás cargante que esa coquetería detrás de la barrera, ese juego indigno del al higuí quese traen las señoras irreprochables... (^Enfadado.) ¡Mírame y no me toques ¡Abominable!... Vosotras, a Dios gracias, sois la excepción. Vuestra virtud es tan indudable, hasta para vosotras mismas, que no os tomáis el trabajo de deten- derla con gazmoñerías... A vuestro lado está uno tan en paz y tan a gusto, que llega uno a olvidarse hasta de lo bonitas que sois.
¡Ja, ja, ja! ¡Aseguradas de incendios! i Ríete ! {Se queda un momento pensativo.) Lo mismo que vosotras era vuestra madre... {Muy despacio, como recordando.) Catorce años tenía más que. yo..., quince tengo yo más que tú... Casi hubiera podido ser mi ma- dre, y casi puedo yo ser padre vuestro... En veinte años no he dejado de venir a esta casa, por lo menos dos veces a la semana... Vaya, hoy estoy en vena sentimental..., debe ser la proximidad aterradora de los cuarenta abri- les...Ea, no canso más. {Estrella se levanta.) ¿De veras no te sucede nada? {En pie, junto a él.) Creo que no... -:Y a la niña tampoco? Tampoco...; es decir... no he reparado... Eso es lo que me alarma precisamente... Cuando tú, madrecita ejemplar, no has reparado en la preocupación de tu hermana, debe ser que estás preocupada por cuen- ta propia...
{Sonriendo.) ¡ Eres un psicólogo terrible ! {S&nriendo,) La mal*» vida enseña mucho.
5
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Edu.
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Gabr. Estr. Gabr.
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Gabr.
{Estremeciéndose.) ¡Han abierto la puerta!... (Escuché con disimulada ansiedad y dice con alegría.) \ Gabriel !
¡ El niño perdido !
(Con felicidad.) \ No seas tonto ! (Entra Gabriel, vi- niendo de la calle. Viene muy contento y animado. Na puede ocultar la felicidad egoísta que le rebosa por todo el cuerpo.)
(Entrando.) ¡ Buenos días ! ¡ Muy buenos 1
{Adelantando cor dialm ente.) ¿Tú por aquí? (Con suavidad.) Es jueves...
(Ligeramente confuso.) Es verdad..., es jueves... Chico, dispensa que no haya venido a almorzar. Se me, había olvidado el día en que vivo.
Por ti lo siento. No sabes el arroz a la andaluza que te has perdido.
(Poy decir algo.) Hace un siglo que no te había visto. Pues vengo aquí tan a menudo como siempre... Ya me ha dicho Estrella que ahora vives atareadísimo... Regular...
Le ha dado por los negocios, y ni come ni duerme... i Fi- gúrate ! Dice que quiere ganar med'o millón en medio año... El, que hasta ahora nunca había pensado más que en gastar... Me le han cambiado. La madurez... Ea, hasta más ver. ¿Te marchas porque he venido yo?
No, ya me despedía... Yo también voy a ver si gano..., soy más modesto..., unos cuantos billetes de cinco du- ros...
(Asombrada.) ¿También tú negocios? Bridge... Es más descansado y más elegante... No sal- gáis... Sé el camino. i El jueves el arroz es a la catalana ! (Va en la puerta.) No faltaré. Soy regionalista. (Sale.) (Con cariño, mirándole salir.) ¡ Buen muchacho ! (Un poco superior.) Cabeza loca...
Pero corazón de oro... (Viendo que Gabriel, en pie, junto a la tnesiia, revuelve los trastos del café.) ¿Quieres café?
No..,, sí...; es decir..., ya lo he tomado, pero... Siéntate...
( Va a decir que no puede, pero se contiene y saca el reloj.) ¿Qué hora es?... ¿Las tres y media ya?... Sí... me sentaré un poco. {Se sienta y suspira con cierta ine- vitable satisfacción animal.) ¡ Ah !
(Sentándose en el brazo del sillón, con cariño.) ¿Estás cansado? ¿Por qué?
Dicen que los negocios cansan..., te habrás pasado la ma- ñana discutiendo. (Le pone suavemente la mano en el
hon:ibro.) ¿Has almorzado bien?
(Acariciando suavemente la mano de Estrella.) Perfecta-
mente... No tan bi«n como aquí, desde luego... pero... Y tú... ¿te has aburrido? Aburrirme, no... pero... ¿ Pero ?
No me gusta que faltes a almorzar cuando hay alguien de fuera.
Eduardo es de casa.
Sí... ; pero... como precisamente... el jueves pasado tam- poco almorzaste... se puede figurar... ¿Qué?
No..., nada...; soy tonta... (Se levanta y Gahriel se pone tafiibién en pie. Ella se estrecha contra él.) ¿Me quieres? {Sonriendo con cierta superioridad.) ¿Todavía no lo sabes?
{Sonriendo.) A ratos se me olvida.
{Haciéndola dar un paso hasta ponerse frente al espejo.) Mírate al espejo, verás cómo te vuelve la memoria, {Ella se mira e inevitablemente sonríe.) ¿£h... qué tal? {Son-riendo.) No está mal del todo. ¿ Entonces?
{Con suave coquetería.) Dice el refrán : Siempre perdi- ces, cansan. Hipócrita. {La abraza.)
{Contentísima y dejándose abrazar.) ¡Tonto! {Viendo en el espejo a Fernanda que va entrar y se detiene al verlos.) ¡Ah!... {Se aparta un poco de su marido.) {Graciosamente.) ¿Estorbo? {Entra tapándose los ojos con las manos. Trae ya el sombrero puesto.) ¿Puedo mi- rar ya?
{Sinceramente galante.) ¡ Y dejar que te miren ! | Chiqui^ lia, cómo estás ! Es un escándalo : enguapeces por días. ¿Es posible que aun no te hayan raptado? {Con buen, humor.) Todo se andará. Con permiso de ustedes, voy un momento a mi cuarto.., {Sale.)
Lástima que no hubiera estado aquí Eduardo. Por lo vis- to, la luna no mengua... ¿Ya con el sombrero puesto? Ya.
¡Qué prisas! ¿No esperas a Mercedes? Dijo ayer que vendría a buscarte.
Dijo, dijo..., pero a lo mejor se le olvida y no vietie... Miss Wattson va a salir para ir al Museo. La he pedido que me deje al pasar. {Da unos pasos con impaciencia.) {Mirándola con curiosidad.) Muy impaciente estás. Sí..., un poquillo... ¿Qué te pasa?
Como pasar... pasar... no me pasa nada..., pero... ¡ A ver si va a tener razón Eduardo !
{Disimulando la confusión con el atYevimiento de la ex- presión.) \ La tiene ! {Sorprendida.) ¡ Tú ! ¡ Enamorada ! {Sonriendo.) ¡Como un asnitftl
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Veinte v dos mesas tenías tú
. ¿desde cuándo?
sí..., seis- semanas justas.
¡ Chiquilla I
Veinte años y diez días, cuando te casaste... ¿Pero así... de repente? j Como un terremoto ! (Un poco desconcertada.) \ Desde hace seis semanas.., menos una tarde...
¿Pero estiás bien segura de que es en serio, en serio? i Para toda la vida ! (Sonrie, llevándose las manos al pe- cho.) ¡ No tiene remedio ! ¡Criatura!... ¿Y él? El... ¡ no sé ! i Cómo !
Me figuro que sí..., me parece que también...; pero de cierto... no me atrevo a decir... Ahora que hoy {Con re- solución.) ¡ no vuelvo a casa sin saberlo ! (Sonriendo.) Por eso estoy... un poquitillo impaciente, (Mirando hacia la puerta por donde espera, que entre Miss Wattson.) ¡ Lo que tarda una vieja en componerse !
(Deteniéndola.) Ven aquí... dime siquiera quién es, cómo se lUirna... Carlos Alceda.
¿Alceda? ¿Pero no estaba en América? (Sonriendo.) De América se vuelve. Está en Madrid... hace seis semanas.
(Sonriendo.) No ha perdido el tiempo. ¡ Ay, criatura, criatura loca ! (La tiene abrazada.)
(Tapándole la boca con las manos.) No me riñas..., no tienes derecho. (Sonriendo.) Ni ganas tampoco. (La abra- za, estrechándose contra ella.) Esa es la ventaja de que la madrecita que tiene una (La besa.) sea su hermana. Aunque quiera llamarla a una loca no puede, porque todavía no se le ha olvidado a qué sabe el querer, y cuando va a ponerse terriblemente seria, le dice el cora- zón : i pero si estás tú tan requetechiflada como ella ! (Escuchando hacia la puerta.) ¡Ya sale..., gracias a Dios... ; voy, voy !
(Queriendo detenerla.) Pero aguarda..., cuenta..., explí- came...
No... ahora no puede ser..., luego..., vuelvo en segui- da..., en cuanto sepa... Adiós (Vuelve a abrazarla y echa a correr.) \ Buena suerte !
(Desde la puerta.) No me la desees, que dicen que es de mal agüero. (Sonrie un poco nerviosamente, y sale con precipitación.)
(Se queda inmóvil en el centro de la habitación, un poco sobrecogida.) Criatura..., tan pronto... (Sonrie.) ¿Por qué no?... Después de todo es la sal de la vida... (Pen- sativa, como recordando.) Carlos Alceda... Carlos Alce- da... (Se acerca al balcón y mira. Entra la doncella y en silencio recoge el servicio (ie café. Sale. Entra, Gabriel,
Al ver a Estrella hace un gesto de contrariedad, que in- mediatamente horra con una sonrisa.) ¿Estás sola?
Sí... Fernanda se ha ido al tennis. ¿Y tú... no vas?
Hoy ya sabes que no... Es jueves... es mii día... [Entra el criado. Trae en la mano un abrigo y algunas mantas de automóvil.)
Señorito... {Se detiene al ver a Estrella.) {Precipitadamente.) Ponió todo en el coche... Ahora bajo... {El criado sale.) Ah... ¿pero te marchas? {Da_un paso.) Sí. ¿Otra vez?... ¡ No ! {Fingiendo naturalidad.) Sí... i Y acabas de venir ! ¡ Imposible 1 Imposible... pero inevitable.
{Mimosa, acercándose a él.) ¿Hay algo inevitable en este mundo ?
{Haciéndole una caricia como a una niña.) Para las per- sonas formales... {Muy 5ena.) ¿Dónde vas? De excursión...; es decir... de exploración... ¿Una mina?
Casi... Un capitalista al que hay que conquistar... Me le llevo a la Sierra... para decirle... i El famoso negocio ! i Búrlate de él !
{Con gravedad súbita.) No me burlo... lo digo muy en serio. Si para conseguir esas riquezas, que hasta ahora no me han hecho falta ninguna, es preciso que estés siem- pre fuera de casa, renuncio a ellas. ¡ Prefiero el marido al medio millón ! ¡ Por lo tanto, {Con graciosa firmeza.) hoy no sales 1
{Esforzándose por no mostrar su impaciencia.) ¿Orden superior?
i Con pena de muerte, si se desobedece! Me da... {Sonrie para disimular el rubor.) melancolía que te vayas... ¿Mimos?
¿Y si lo fueran? ¿Hay nada en el mundo más respeta- ble?... En serio: no quiero que te marches hoy. Tienes que ayudarme a hacer los honores de mi té..., es de gran gala..., vendr*á mucha gente..., tendremos nuestro poco de música..., quién sabe si de baile... {A un gesto de él.) \ No pongas esa cara de hombre superior que desdeña las frivolidades mundanas ! Te gustan las visitas, la charla, los chismes, las coqueterías, por lo menos tanto como a mí... ¡por lo menos!... en vista de lo cual... En vista de lo cual, si renuncio a todo ello debe haber un motivo poderoso...
Ante el cual, el deseo... o el capricho... {Esforzándose en seguir en tono de btoma, pero con gravedad por dentro.} o. el mimo de tu señora esposa ¿no vale nada?...
9
Gabr.
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(Dándola un hes'o.) Por hoy nada; l6 sienta; pero adiós
(Da un paso.)
(Nerviosa.) ¡Está muy bien!... No me vengas tú luegc
con zalamerías...
¿Te enfadas?
(Grave y dolida.) ¡Algo más!
(Cariñoso.) ¡ No seas chiquilla !
(Con violencia.) ] No seas tú... inocente!
(Con afectación de dignidad.) ¿Por qué dices eSo?
¡ De sobra lo sabes !
¡ Yo no sé nada !
(Con violencia.) Y además no mientas. (Con dolor
iivez.) ¡ No me lo merezco !
(Un fioco desconcertado.) Pero...
j Hablemos en serio, Gabr'el !
(Con un poco de impaciencia.) Ahora no puede ser
esperan
al-
Me
no.''
.. hoy Yo te
(Amachamente.) El... capitalista... (Tozudo.) ¡Sí!
(Sonriendo.) ¿Por qué... no le traes aquí... a casa. precisamente... aue tenemos un poco de fiesta?... avudaré a... decidirle... Soy buen diplomático... No puede ser... ¿Por qué?
prec'samente... que tenemos un poco de fiesta?... ,Yo te Porque es..., cómo te diré yo..., porque es un hombre... (Muy indií^nado.) ¿Q\^é dices?
(Grave.) Gabriel..., no te rebajes y me rebajes con menti- ras inútiles y absurdas... Te quiero, bien lo sabes, con toda mi alma...; pero, por lo mismo que es tan grande y y tan leal, mi cariño merece siquiera tu respeto... Y el engaño..., aunque a ti te parezca compasión, es una vi- llanía.
¿Pero... qué te figuras? (Mirándole fijamente.) En t'empo..., hay otra mujer.. ¡No!
(Queriendo fingir enojo.) ¿Quién te lo ha dicho? Tú... (Ante el gesto de asombro de él.) Sí.... a cada ins- tante..., con tu inquietud, con tu impaciencia, con tu ner- viosidad, con tu aleffría extraña..., con toda tu actitud. (Hipócritamente.) ¿Tienes quejas de mí? ¿No soy con- tieno tan cariñoso como s'empre?
(D olorosamente.) Más. (El va a hablar.) ¡Calla!... De- masiado... Eres amable... con aplicación... con cu'dado excesivo..., con remordimiento... para engañarme... y para com>pensarme..., como si me quisieras pagar lo qua me quitas con la exageración de lo que me das... (Con híirla.) \ Qué imaginación !
(Violenta.) ¡No te burles, que eso me hace más daño!... No es imaginación... es certidumbre... He observado..,,
tu vida..., desde hace algún
he sentido..., sé... Además, tengo pruebas. {El la mira con alarma.) Sí... una carta. (Tranquilizado.) ¿Una carta?... ; Imposible ! (Sacando del bolsillo y echando sobre la mesa un Pedazo de papel.) Aquí está... Lee... Es decir, no hace falta..., me la sé de memoria... Dice así : «Esta tarde, a las cinco, donde siempre...» ¡Lacónica, pero elocuente! (Muy superior.) ¡Bah!... Dos líneas escritas a máquina... (Interrumpiéndole con violencia.) Y sin firma... ¡ Precisa- mente!... (Con ironía.) Una cita de negocios, ¿no?... ¡No!...mn... capitalista hubiera firmado y hubiera pre- cisado el lugar del encuentro... Además... nunca se pien- sa en todo. Conozco el oapel... v el perfume del papel. (S en cilla tn ente.) Es de Laura Salcedo. (Aturdido, pero queriéndose defender.) No sé de dónde sacas...
(Con ira y amargura.) Laura Salcedo... | Ah, v'bo''a ! (Mordiendo el nombre.) ¡Laura!... ¡Y yo, necia de mí!... ¿Pero, ¿he estado yo c"ega?... Con lo fácil que era com- prender... ¡Tanta bromita..., tanto flirteo!... ¡Y yo sin defenderme!... ¡Tenía tanta fe en tu cariño!... Por eso no viene por aquí hace qué sé yo el tiempo..., porque me huye...
(Muy hombre superior.) ¡ Sigue haciendo cabalas sin fundamento !
¿Sin fundamento? ¿Dices sin fundamento? (Con resolu- ción súbita.) ¡Vamonos de aquí I ¿Eh?
¡ Vamonos ! ¿Dónde?
Á cualquier parte... A P^rís..., hoy mismo..., ahora mis- mo... Ni tren hay que esperar... En el coche. Así... de golpe... ¿Por qué no? i Porque es una locura !
Puede ser un capricho... ¿no nos lo podemos permitir? No. ¿No?
Ahora precisamente, no...; de sobra lo sabes... ¡Ah!... vamos..., ahora precisamente...; todo se iimta..., todo se aclara... el ansia desmedida de ganar dinero... para ella, ¿verdad?..., mientras que para mí no hacía falta... Para ponerme loca de contenta, bastaba regalar, me un ramito de violetas... A ella, el ramito de violetas hay que dárselo envuelto en billetes de Banco... (Con ira.) ¡ Estrella !
¿Te sorprende? ¿No sabes quién es? Una ambiciosa... Te prohibo...
¿Tú a mf?... ¿La defiendes en contra mía?... Es lo i'il- timo... (Con saña.) Sí... una ambiciosa que, naturalmen- te, se vende...
(Con ira de hombre que oye la verdad.) ¡ Cállate I (Con risa dolorosa,) ¡Ja, ja, jal No lo creas.
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Gabr. i Estás rebajándote de un modo indigno I
EsTR. (Fríamente.) ¡Ahí... soy yo la que... i Válgame Dios I (Con desolación renovada^) ¿Pero por qué, por qué?... ¡ Si no es posible ! (Con angustia.) Y, sin embargo, es verdad, es verdad, es verdad... ¡No me mientas, que es el mayor agravio ; no me mientas !
Gabr. (Cobardemente, fingiendo desolación y en voz baja.) No, puesto que 5^a lo sabes.
EsTR. (Con espanto, porque hasta que se lo oye decir a él, en realidad no lo ha creído del todo.) \ No !
Gabr. (Aprovechando la coyuntura, con aire superior.) Sí... es mejor que lo sepas... a una mujer cualquiera se la en- gaña... ¡ A ti no se te debe mentir !
EsTR. (Con ira.) j Cuánto tiemoo llevabas mintiéndome !
Gabr. (En comedia.) ¡Y sufriendo... no sabes tú cómo! Por la mentira...
EsTR. ¡ I Eh ! !...
Gabr'. (Con afectación de superioridad y cariño.) Tienes razón, Estrella... Entre gentes como tú y yo... honradas..., que se quieren..., la verdad es lo único que salva... Sí... con- fieso...
Estr. ¡Eh!...
Gabr. Sí... es una locura..., un vértigo..., un abismo..., no lo niego... ¡pero no es una ofensa para ti!... Me he dejado rendir por algo más fuerte que mi fuerza de hombre...; pero te quiero, te respeto, Estrella, te he puesto siempre muy por encima de mi flaqueza... tan humana... pero tan dolorosa...
Estr. (Mirándole con aguda curiosidad airada, como si quisie- ra, adivinarle los pensamientos.) ¿Por qué me dices eso?
Gabr. (Balbuceando un poco.) Porque quiero que...
Estr. (Interrumpiéndole con apasionamiento.) ¿Que te perdo- ne..., que te olvide? (Con doloroso cariño.) Perdonar... es fácil...; olvidar... (Con esfuerzo.) es difícil... y ahora mismo... no puedo... Pero sí... ¡olvidaré! (Con cariño.) si tú me ayudas... ¡Vamonos, Gabriel..., vamonos de aquí ! . . . Ahora no te lo digo por chiquillería, por capri- cho de niña mimosa... Hablo en serio y con todo el co- razón... Se trata de toda nuestra vida..., de nuestro amor, de lo único por lo que vale la pena de vivir... ¡ Hu- yamos, Gabriel!... Yo te curaré..., pero huyamos. ¡No hay otro remedio ! (Le pone la mano sohre el hombro. El está sentado y ella en pie junto a él. El esconde la cara entre las manos y habla con voz ahogada.)
Gabr. No puedo..., no puedo... Pídeme l'o que quieras, pero eso no... ¡ no puedo !...
Estr. (Con terror.) ¡ No puedes ! (Le levanta la cabeza, apoyán- dole la frente en la mano.) ¡ Y casi estás llorando !
Gabr. (Cobardemente.) \ No !
Estr. ¡Sí!... (Temblando con el dolor que causa a las mujeres ver llorar a un hombre.) No la puedes dejar... No tienes, fuerza para apartarte de ella... Gabr. (Aprovechando.) No..., perdóname.
Í2
EsTR. [Apartándose de él y mirándole con desvario.) Entonces... ¡me lo ha robado todo!... ¡No es una aventura.,., no es un capricho !
Gabr. {Hipócritamente y haciéndose casi el ofendido.) ¿Es po- sible que creas que por un capricho iba a ser yo capaz de causarte esta pena? ¡Mal me juzgas!
EsTR. {Con la boca seca.) ¿De modo que es {Con un poco de burla dolorosa.) la pasión, lo fatal, lo inevitable?...
Gabr. {Superior.) Estrella..., esas palabras no tienen sentido hasta que...
EsTR. {Interrumpiéndole con violencia.) Hasta que se siente lo que significan, ¿verdad? Y tú no lo has sentido hasta ahora... ¿verdad? Mi inexperiencia..., mi juventud, mi cariño limpio no ha tenido la suerte de saber despertar
í {Con burla.) en ese pecho las emociones apasionadas...;
ha hecho falta otra... con más experiencia... y más des-> aprensión...
A tus ojos soy un miserable,^ un hombre arrastrado por sus malos instintos... Eres severa..., no me quejo...; desde tu punto de vista es justo... y sin embargo, no es verdad... He sufrido..., he luchado contra »1" vértigo que me envolvía... encarnizadamente, lealmente... porque te quiero.
{Con horror.) ¡ Calla I
Y tú lo sabes... {Con afectación de fatalidad.) Pero hay algo más fuerte que la voluntad..., que la lealtad..., que el cariño mismo... No sabes..., no puedes comprender... {Que le ha estado mirando mientras habla, fría y cu- riosamente.) Sí, sí... {Muy nerviosa.) No te esfuerces ya m|ás, que lo comprendo... Lo único que me falta com- prender... es qué papel debo representar yo en todo esto... Porque tú, claro, estás arrastrado por la pasión..., tú ,. no me mientes..., tú no me engañas..., me das sencilla-
!l mente la cuenta, como a una cocinera que ya no guisa
a gusto...
Gabr. {Con gran arranque de generosidad.) ¡ No digas eso 1
EsTR. ¿Entonces? ¿Pretendes que sigamos representando a la última moda la divertidísima comedia del amor a tres? Puede que tu pasión... arrolladora te permitiese {Con burla.) hasta hacerme limosna de lo que es mi derecho... Pero mi dignidad no me permite ciertas combinaciones. Por lo cual {Muy seria.) no te digo : ¡ elige entre las dos!... ¡Ya has elegido, y buen provecho te haga! Te digo : ¡ entre tú y yo ha terminado todo ! {Sonriendo.) Ya sé que no te causo pesar ninguno, porque es preci- samente lo que has ido buscando con tus... sinceridades... {Como dolido.) ¡ Qué injusta eres !
{Sin interrumpirse.) Pero no te puedo decir otra cosa... ¡ Esto se acabó !
Gabr. ¡ Estrella !
EsTR. Para ti empieza una nueva vida. Para mí... como, por desgracia, soy española, no puedo ni pedir el divorcio. La separación, sí...; pero «sa ya me encargo yo de ha-
m
Gabr.
ESTR.
Gabr,
ESTR.
cerla, sin jueces ni abogados... Es triste...; mucho, ¿pero qué le voy a hacer?... En este mundo nuestro, sol los hombres y las malas mujeres tienen derecho a la U licidad... No me resigno..., me someto, porque no ha m'ás remedio... ¡pero no me resigno I Eso a ti qué 1 importa, ¿verdad?
©ABR. No digas eso, no digas eso...
EsTR. (Con desprecio.) No te molestes en fingir ahora... ¿N dices que conmigo no hace falta? Anda... {Nerviosa vete, que te están esperando. {Con ira.) ¡ Vete ! {Co hurla.) i Libre, como el aire ! {Con violencia.) Pon 1 cara alegre que te corresponde... Vas a hacer tu guste y {Con hurla amarga.) como no me engañas, ni pre cauciones necesitas... Remordimientos... ¡la pasión To borra ! {Con desprecio.) Que seas todo lo feliz que mere ees. j Anda ! ¡ Hemos terminado !
Sabr. {En un último esfuerzo, por suavizar la situación, quier^ acercarse a ella.i Escucha...
EsTR. {Con arrogancia.) ¡ Hemos terminado I {Da media vuelU y se acerca a la chimenea resueltamente. El sale, con h cabeza haja, pero de prisa. Ella se queda en pie, infrió- vil, como anonadada. Después de un momento de silen- cio angustioso, Jiahla a media voz y con largas pausas.) Se acabó..., se acabó... {Con angustia.) ¿Es posible?.. {Con dolor.) ¡ Tengo veinticuatro años ! {Con rebeldía. ¡No quiero, no quiero!... {Con desaliento.) ¿De qué sir- ve querer o no querer?... ¡No hay nada!... ¡Resignar- se!... {Con súbita fiereza.) ¡O defenderse!... {Riendo, con dolorosa desesperación.) ¡Ja, ja, ja!... ¡Defender- se!... {Mira fijamente al suelo. Se queda inmóvil, rígida como una estatua. Entra, como un huracán, Fernanda, que, sin reparar en nada, se precipita hacia el halcón; mira a la calle, levantando un poco el visillo, sonríe, y se aparta del balcón, 'apretándose el pecho con las manos para contener la felicidad. Entonces vé a su hermana, y precipitándose hacia ella, la abraza apasionadamente, sin poder decir más que :)
Férn. ¡Estrella! ¡ Estrella!...
EsTR. {Con voz lejana.) ¿Qué?
Fern. {Con apasionamiento.) ¡ Sí, sí ! {De pronto, empieza a hablar atropelladamente.) Cuando llegué, me estaba es- perando... Esta noche vendrá a hablar contigo...
EsTR. ¿Ya?
Fern. ¡.Sí!... Porue no sabe si ahora le destinarán aquí, al Mi- nisterio, o si le enviarán a cualquier Embajada, lejos...; a los jóvenes siempre les mandan al fin del mundo... y cualquiera se arriesí^'a a separarse, ¿verdad? ¡ Ay, Estre- lla, Estrella, qué feliz soy ! {Con deslumbramiento.) De repente, cambia todo en el mundo... ¿verdad?... Y pen- sar: i Para siempre! ¡Para siempre!... ¡Y con él!... M© lo dijo el corazón, al verle el primer día: ¡Es él!... El corazón no enqnña... 'i'ú me lo decías cuando te enamo- raste d© Gabriel... ¿Te acuerdas?... ¡El corazón no en-
14
gaña!... ¡Es él, es él!... ¡No puede ser más que él...
EsTR. {Sordamente.) No puede ser más que él..., es verdad..., no puede ser más que él... {De repente, al oírse a si misma, se echa a llorar con desconsuelo.)
Fern. {Alarmada.) ¿Por qué lloras? ¿Qué tienes?
EsTR. Nada... nada... ( Acariciando a Fernanda, mientras se esfuerza por serenarse.) Tienes razón, chiquilla... ¡Sé feliz..., sé feliz..., es tu hora! {La abraza estrecha^ mente.)
/ " TELÓN
ACTO SEGUNDO
La misma decoración que en el primero, pero con algunos cam- bios en el adorno y la disposición de los muebles, que le dan un carácter más artístico, más moderno y, sobre todo, más atrevido. Sobre la chimenea, donde en el primer acto dormía la castísima Adriana, del Vaticano, ahora hay un desnudo, también clásxo : El Amor y Psiquis, o una de las Venus más desnudas de la escul- tura griega. Por las paredes, en vez de los inocentes Watteau, los desenfadados Fragonnard. Junto a la chimenea, en lugar del sofá un tanto rígido, el más oriental de los divanes. Sobre él, con un poco de desconcierto, como si le viniese ancho, por falta de cos- tumbre, y perdido entre sus innumeiables almohadones multi- colores, que están siempre a punto de desplomarse en cascada sobre él o de caerse al suelo, está sentado GABRIEL. A! lado del diván, en la mesita, que es uno de los pocos ((detalles» que que- dan invariables en la habitación, hay un primoroso servicio do café. Una doncella (CARLOTA), muy joven y de la más refinada elegancia y la más imponente seriedad, atiende a servirle,
Carl. ¿Desea el señor que le sirva otra taza de cafe?
Gabr. {Mirándola casi con susto, tan imponente le parece.) No..., gracias.
Carl. ¿Acaso no está a gusto del señor?
Gabr. {Como disculpándose.) Sí..., sí..., está exquisito..., sír- vala usted. {Carlota sirve con infinita condescendencia.)
Carl. {Con glacial corrección.) ¿Fuma el señor? {Coge de la chimenea una primorosa caja de tabaco.) ¿ Ingleses, egipcios, habanos? {Gabriel coge nerviosamente un ci- garrillo.) ¿Licores? ¿Coñac, benedictino, kummel, char- treux?
Gabr. {Mirándola cada vez con mayor asombro.) Coñac.
Carl. {Sirve el coñac de un primoroso porta licores.) ¿ Desea algo más el señor?
Gabr. No, gracias. {Carlota va hacia un quema-perfumes, tam- bién detalle nuevo, que hay sobre una mesita turca, y arro- ja en él un puñado de polvo perfumado que levanta un humo denso.) ¿Qué quema usted ahí?
CárL, {Cada vez más seria y amable.) Una mezcla : estoraque, benjuí, canela, incienso, ámbar... Brisa del harem...
Gabr. ¡Ah!... ¿Brisa del harem?
Carl. ¿Le molesta al señor?
Gabr. Molestarme, no...; pero... ¿puede saberse por qué lo quema usted precisamente ahora?
Carl. A la señora le gusta encontrar el saloncito perfumado cuando vuelve.
Gabr. ¡Ah!... ¿Y sabe usted si volverá pronto?
Carl. Cuando almuerza fuera de casa nunca suele volver des- pués de las cuatro.
Gabr. ¡Ah!... no suele... ¡Gracias!
Carl. ¿Manda alguna otra cosa el señor?
Gabr. No..., puede usted retirarse. (Carlota se inclina en irn-- perceptible reverencia y sale a tiempo que entra el Cria-^ do, que desde hace un momento está en la puerta mi- rándola fijamente, y que se aparta para dejarla pasar.)
Gabr. (Con un poco de guasa al ver desaparecer a la don- cella.) i Qué solemnidad !
Cria. (Entre divertido y espantado.) ¡ Señor, esto no es una doncella, es un juez del Supremo ! (Con entusiasmo.) ¡Pues si el señor viese a la cocinera!... ¡ Y a la segunda doncella!... Pero son todavía más tiesas que ésta. ¿Que- rrá creer el señor que comen ellas tres en una mesa, y a mí me han puesto en otra aparte y ni me han dirigido la palabra?... Eso sí, me han dado de comer de prime- ^ rísima... Siempre se ha comido bien en esta casa, pero lo que es ahora... ¿Ha reparado el señor en el chofruá de codornices y en la crema a la reina?
Gabr. (Con leve mal humor.) ¿También en la cocina han ser- ■«/ido chaufroid de codornices?
Cria. El que ha sobrado de la mesa, señor... ¡Como el señor apenas lo ha probado ! . . . La cocinera estaba un poco quemada, no crea el señor ; como que, a pesar de lo co- rrecta que es, ha dicho : Qué desganado vuelve el señor de Suiza; ¡luego dicen que los viajes por las montañas, abren el apetito !
Gabr. (Enojado.) ¡Ah!, vamos..., la cocinera ha dicho... ¿Y tú, qué has respondido a esa... impertinencia?
Cria. Nada, señor... ¡No le he dicho al señor que de mesa a mesa no nos hablamos ! La segunda doncella es la que ha respondido : ¡ No le gustará al pobre comer solo !
Gabr. ¿Ah, sí? ¡Por lo visto en la cocina se me compadece! (Da un puñetazo furioso a un almohadón, que se le viene encima.) ¡ Me ponen nervioso estos almohadones ! O estoy yo trascordado o antes no había aquí estos embe- lecos... Cria. No, señor... Antes había un sofá formal. Está la casa muy variada, con perdón sea dicho..., en mejor, pero muy variada... ¿Ha reparado el señor en la figura de la chimenea..., en los cuadritos de las paredes...? ¡Pero que le ponen a uno así como atontado ! . . . Y con el per- sonal... en lugar de las viejas que había antes... (Vien- do que Gabriel se agita con mal humor.) ¿ Qué Je pasa al señor?
IB
jNo sé; está uno íhcémodo fcñ esté diván... tan có- modo I
En eso, tiene raaón el señor... Todo está en la^ casa {Mira en derredor.) mucho mejor que antes... ni que decir tiene...; pero... parece..., no se ofenda el señor. .n parece que está uno como de visita, {Sacando el reloj, con impaciencia, y mirando a la puef* ta.) ¡Las cuatro ya!...
¿Va a salir el señor? ¿Le preparo la ropa? Sí..., no...; es decir... {Con mal humor.) Claro que de* biera salir... {Mira a l4i puerta.) pero... no... escribiré una carta y la llevas...
{Rascándose la cabeza, con perplejidad.) Séífor... ¿Qué hay?
{Sonriendo con malicia.) Nada, señor... ^ qu9 si es pAra donde me figuro... {Molesto.) ¿Qué?
{Rascándose la cabeza.) Que puede que valiera más n© llevarla... No sabe el señor la cara que pusieron cuandd fui esta mañana a decir que el señor no iba allí a aU morzar.
{Con mal humor violento.) ¿Y quién té mete a ti en rt- parar en la cara que ponen o dejsn de poner? ¡ Perdone el señor I ¡ Es que la pusieron con un acento ! Está bien, está bien...; ya te llamaré. {Yendo hacia la puerta.) Si quiere el señor hablar por teléfono. {Con oficiosidad y precaución.) Puede que fuera lo más prudente... {Yendo hacía el secreter y mústran- do un teléfono portátil que habrá sobre él.) Aquí hay un aparato.
{Como recordando.) Antes no estaba en esta habita- ción...
No, señor, estaba en el pasillo ; pero la señora le ha mandado cambiar...; dice la cocinera que porque no le gusta que los criados se enteren de lo que no les im- porta.
{Con mal humor.) ¿Ah, no le gusta? {Mira al criadé fijamente.) Pues mira, puede que tenga razón. {Sonriendo, entre oficioso y picado.) ¡ Qué cosas tiene el señor ! {Entra Carlota con un ramo de magnificas ré* sas, en su papel, y se dirige con ellas hacia el secreter: pero, al ver a Gabriel, da un pequeño grito, como si se asustara, y retrocede.)
¡Ah!... perdone el señor..., creí que ya no estaba a'quí el señor... [Va a salir.)
{Con curiosidad sencilla.) ^- Dónde va usted con esas flores?
{Fingiendo confusión.) Iba a dejarlas en eí secretef..v Acaban de traerlas para la señora...
¿Con una carta? {Instintivamente alarga la mané faro, coger la carta que trae la doncella con las flores») {Con la mayor dignidad,) ¡ Es para la señora !
11.
Gaer.
Gabr. Cria. Gabr. Cria.
Gabr. Cria. Gabr.
Cria. Gabr.
Estr.
G.^br. Estr.
Gabr. Estr.
Gabr.
Estr.
Gabr. 18
[Retrocediendo, corrido.) ¡Ah... usted dispense!... (Pa- sea de un lado a otro con evidente mal humor. Carlota coloca con calma las rosas sobre el secreter, pone sobre ellas la cartita con gran cuidado, mira en derredor con imponente dignidad, y sale. El criado la mira con burla admirativa.)
(Con mal humor, al criado.) \ Vete tú también ! (Oficioso.) ¿No quiere el señor...? No quiero nada. ~¡ Déjame en paz !
(Rascándose la cabeza, según su deplorable costumbre.) ¡ Uy, uy, uy, qué mal nos sienta Madrid 1 (Con furia.) ¿Qué haces ahí? Nada, señor. Me iba, y meditaba...
Pues me harás el favor de no meditar... Y sobre todo, cuando medites en mi presencia, me harás el favor de nc rascarte la cabeza, (Ofendido.) ¡ Señor... !
¡ Largo ! (El criado sale. Gabriel sigue paseando con agi. tación, saca el reloj, le mira, no dice nada, pero se im- pacienta, se detiene un instante junto a la chimenea, mira los cuadros.) Le lever de la mariée... Le couchei de la mariée... (Se acerca al secreter, va a coger la car- tita, pero se detiene, y poniéndose las manos a la espal da, se inclina y la mira.) Membrete del Casino... ¡Ye conozco esta letra!... (Vuelve a mirar al reloj.) ¡Y hd dicho que iría en acabando de almorzar!... ¡Telefo- nearé ! (Coge el teléfono y llama.) ¡ Central ! ¡ Central '. (Con impaciencia, porque no responden.) \ ¡ Central ! (Estrella, que ha aparecido en la puerta, viste traje di calle elegantísimo y con un refinamiento mucho mái parisién que en el primer acto. Habla con amabilidac exquisita.)
¿Quieres telefonear? (Se acerca.) Espera..., es un siste ma nuevo... holamdés... Ahora está interrumpida la cq rriente... Se engancha así, con esta clavijita. (Saca um clavijita del bolso y establece la comunicación en el te léjono.)
(Mirándola con asombro.) ¿Y te la llevas a la calle? Siempre que salgo. No me gusta que en ausencia. míí estén cotorreando las criadas. El teléfono es para mí (Amabilísima.) Mañana te pondrán uno en tu cuarto.. Hoy no se me ha ocurrido..., dispensa..., como llegast anoche tan de improviso... Telefonea. No, ya no es menester... ¡Qué elegante estás! ¡ Bah ! Un trajecito de mañana... ¿Te gusta? Mil qui nientas... de Lanvin, pero ahora con el cambio... ¿Cuándo has venido? Te estaba esperando y no te h sentido llamar...
(Indiferente.) Tengo llavín. Por cierto que también a 1 te hará falta uno... ; luego te le daré, pero no le pierdas que no hay más que dos, y es cerradura especial, (Con un poco de guasa.) ¿Holandesa también?
Caí
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Gabr.
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Gabr.
ESTR.
Gabr.
EsTR.
Carl.
ESTR.
Carl.
ESTR.
Carl.
EsTR.
Checo-eslovaca... ; son más seguras... ¡ Ay, qué cansada
estoy! {Se desploma en la butaca.) ¿Quieres llamar al
timbre?... Dos veces... Gracias... ¿Hace mucho que has
vuelto ?
No he salido de casa en todo el día...
¿No? ¿Has almorzado aquí?
{Con uw poco de mal humor.) ¡ Sólito, como un hon- go!... Siquiera, al marcharte, podías haberte despedido. {Con amabilidad exquisita.) Me dijo tu criado que es- tabas durmiendo y no quise que te despertaran. O haber advertido que no volvías.
No me podía figurar que almorzases en casa. {Como si no reparase en el mal humor de él.) Verdad que aunque lo hubiese sabido, hoy tenía yo otro compromiso. {Con burla malhumorada.) ¿Ineludible? {Sonriendo, como a un grato recuerdo.) Ineludible... no... pero... {Gabriel, asombrado por su sonrisa y por el tono en que habla, empieza a mirar a su mujer con in- quieta curiosidad.)
{Apareciendo en la puerta.) ¿Llamaba la señora? {Lánguidamente.) Sí..., quítame el sombrero... (Carlota le quita el sombrero sin que ella se levante.) Trae el bolso¡ ... ¡Ay!, estoy medio muerta de cansancio... {Bosteza deliciosamente.) ¿No quiere tomar algo la señora?
Mira, sí. Me vas a preparar un té bien cargadito, con tostadas finas, finas y muy calientes..., anda... {La don- cella da un paso hacia la puerta.) \ Ah ! {La donjcella s« detiene.) Y tráeme las babuchas malva. {La doncella da otro paso.) Espera... Acércame esta mesa... {La donce- lla deja el sombrero sobre una silla, y acerca una mesita de escribir plegable que hay en un rincón.) ¿ Ha venido el correo?
Sí, señora; aquí está. {Le da una bandeja de mimbre y piel que hay sobre el secreter, en la cual hay unas cuantas cartas debajo de un periódico inglés.) Las car- tas y el periódico inglés... y estas dos facturas {Mirando a Gabriel con precaución.) y... las rosas... {Como si no las hubiese visto desde que ha entrado.) ¡ Ah, las rosas ! {Con voz emocionada.) Trae acá. {La doncella le alarga el ramo, y ella le huele, hundiendo la cara entre las flores con voluptuosidad.) ¡ Qué deli- cia! {Con gran interés.) ¿Cuándo las han traído? Hace una media hora, señorita. {Estrella, sin respon- der, mira su reloj de pulsera y sonríe.) La carta. {Alar- ga a Estrella la carta que vino con las rosas.) ¡ Ah, sí!... {Coge la carta y sin leerla la guarda en el bolso.)
¿Quiere la señora que las coloque?
{Sin moverse y con languidez, siempre con el ramo en la mano.) No..., ya las colocaré yo luego. {Sin dejar de oler las flores, corta una, se la pone en el pecho, y se
m 1
recuesta soñadora en el respaldo de la butaca.) Ese té,
Gabr. (Furioso.) ¡ Da gusto ver el caso que le hacen a uno ! (Toda' esta escena la han hecho ama y criada, como sí ' Gabriel no existiera. Este, al ver que no le hacen caso, se ha ido impacientando poco a poco, hasta llegar a un i f}7al humor exasperado. Cuando la^doncella se marcha^ él espera,^ evidentemente, que Estrella le hable; pero ella, al parecer^ perdida en su ensueño feliz, no le hace el j menor caso.)
Gabr. {Decidiéndose a romper el fuego.) ¿No lees esa carta?
EsTR. {Como si despertase bruscamente.) ¿Eh?... ¿Decías?...
Gabr. {Acercándose a ella con cierta veleidad autoritaria.) ¿Que si no lees esa carta?
EsTR. {Con perfecto candor.) ¿Cuál?
Gabr. La que te han traído con las flores.
EsTR. (Sonriendo.) ¡Ah!... no... No necesito leerla.
Gabr. (Acentuando el mal humar.) ¿Por lo visto sabes lo que dice?
EsTR. (Sonriendo.) Me lo figuro...
Gabr. (Con mala idea.) ¿Puede que prefieras leerla estand» sola?
EsTR. (En tono de ofensa y casi de desafio.) ¿Qué dices?
Gabr. (Asustado.) ¡No, nada..., perdona!
EsTR. No hay de qué. (Viendo que él, nervioso, ha cogido un cigarrillo y le enciende.) ¿Te gustan los ingleses? Los egipcios son más aromáticos... Dame uno, haz el favor.
Gabr. (Con asombro un poco escandalizado.) ¿Pero tú fumas?
EsTR. Como una chimenea. ¿Por qué no? .
Gabr. Antes no fumabas.
EsTR. ¡Uy!, antes, antes... (Suspira.) Eran otros tiempos. [Cogiendo el cigarrillo que él la ofrece.) Gracias. {Des- pués de esperar un motnento.) ¿Lumbre? (El le ofrece un fósforo encendido y ella enciende el cigarrillo con toda calma.) Gracias. (Fuma.) ¡Ah!... Vamos a ver este correo... ¿Permites? {Saca las cartas de la cestilla y empieza a abrirlas pausadamente con una plegadera, colocándolas, a medida que las abre, en un montoncito [ sobre la mesa.) ¿Te han dado bien de almorzar? (Lo pregunta con la más cortés indiferencia.)
Gabr. (Rabioso.) ¡ Perfectamente !
EsTR. (Decidida a no reparar en su mal humor, y teniendo en la mano la pritnera carta, que recorre con la vista mien- tras habla.) Menos mal...; porque como al salir esta E mañana no dije que almorzabas... (Sin dejar de leer^ mientras habla.) Gracias a que la cocinera siempre tie- ne recursos para quedar bien... Es una joya. (Deja la carta sobre la mesita y coge otra.) ¿Y el café, estaba bueno?
Gabr. (Rabiando.) ¡Buenísimol
EsTR. (Qu^ sigue leyendo.) Sí... Carlota es una especialidad... He tenido suerte... (Deja la carta y coge una factura cu-
yas cifras empieza a recorrer con un lápiz para compro- barla.)
{Empeñado en hablar, aunque ve que la conroersación molesta.) ¿Por qué has despedido a las otras que lleva- ban contigo tantos años?
Cinco... catorce... veinte..., llevo dos... {Con amabilidad exquisita, pero sin mirarle.) No las he despedido; se las he pasado a mi hermana, que, como es ama de casa nueva, necesita criadas antiguas... Llevo dos... nueve... quince...
{Decidido a hablar a toda costa.) -Pero ¿ha vuelto ya Fernanda a Madrid?
Dieciocho... ¿Decías?... j Uy, hsce más de un mes! {Apunta una cifra en un papeliio.)
{Pelma.) ¿Tan pronto? Poco les ha durado el viaje de novios.
Dieciocho... llevo una.
Eh?
{Casi gritando.) Digo que corto ha sido... ¿El viaje de novios? Es verdad... corto... {Sonríe como un ángel.) Pero aprovechado. {Suspira como con envi- dia.) ¡ En todo tiene suerte esa chiquilla ! ¡ Ah, vamos! ¿Hay novedades?
(Sentimental.) Sí... Por eso han vuelto un poco antes de lo que pensaban. Ella estaba cansada de hoteles... Y ha preferido que la mimen en casa. {Sonriendo.) Probablemente.
{Engañado por la sonrisa de ella, se atreve hasta a ha- cer un chiste.) \ Es más cómodo i
{Glacial, mirándole con desafio.) Cuando tú lo dices... {Gabriel, comprendiendo que se ha acolado))., se calla de golpe y se sienta en un sillón, junto a la chimenea.) {Con rabia.) ¡ Esta factura está equivocada ! {Se absor- be con furor en la suma.) Doce... nueve... cuarenta... ¡ claro ! {Sigue haciendo números con encarnizamiento. Gabriel tose levemente. Ella vuelve la cabeza y le m.ira.) ¡Ah!... ¿Estás ahí todavía? Parece.
{Angelical.) Creí que te habías marchado. No.
{Como un caramelo.) ¿No sales? ¿Para qué?
¡Ah!... ¿Te piensas pasar aquí 'toda la tarde? Es posible. ¡ Ah ! {Se levanta.) ¿Estorbo?
¡Qué tontería! ¿Por qué? Estás en tu cas*. {Entra Car- lota con el té.) No, llévale a mi cuarto... v prepárame el sombrerito negro y una piel. (Sorprendida.) ¿Sale la señora? Sí.
Es que... {Muy seria.) ¿Qué?
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Carl. {Vacilando.) Que el chauffeur se ha marchado... Como
la señora le había dicho que se quedaba en casa... EsTR. No importa. Tomaré un taxi. (Sale seguida por la don- cella con el té, sin mirar a Gabriel.) Gabr. {Se queda como quien ve visiones. Se levanta, sigue a su mujer con la vista hasta que cae sobre ella la corti- na, y se queda inmóvil en el centro de la habitación.) ¿Pero qué es esto? ¿Estoy loco, tonto o ciego... o qué pasa aquí? {Medita. Viendo al criado que entra miste- riosamente.) ¿Dónde vas tú? Cria. A traer una carta, señor. Gabr. {Con mal humor.) ¿Para la señora, no? Cria. Para el señor. De... ya me comprende el señor... Gabr. {Cogiendo la carta y abriéndola rápidamente.) ¡ Ah, ya!... {Con mal humor.) ¡Naturalmente..., no podía ráenos! . ¿Quién la ha traído? Cria. {Oficioso.) La Engracia, señor, Gabr. {Con desagrado.) ¡ Estoy harto de decir que no quiero
que venga por aquí ! Cria, Perdone el señor... No viene por su gusto... Ella... hace lo que la mandan... Dice que te diga al señor de su parte que vaya el señor, lo antes que pueda... porque hay mar de fondo... Gabr. ¡ Pues le dices a ella de la mía que lo que haya o no ha- ya le importa a ella un comino, y a til un rábano ! Cria, No se ponga así el señor. Ya sabe el señor que todo es
interés que se toma uno por el señor, Gabr, Sí, sí... ¡Todos sois gentes muy interesadas! Cria. Señor... Me ofende el señor... Ya sabe el señor que yo, y lo mismo la Engracia, con el señor, al mismo infier- no... Y buenas pruebas le hemos dado al señor, aunque nos esté mal el decirlo. Gabr. Está bien, está bien... Cria. ¿Qué le digo a la Engracia, señor?
Gabr. {Perdiendo la paciencia.) \ Que se marche y no vuelva ! Cria. Es que dice que le han dicho que no se vuelva sin la
contestación. Gabr. ¡Le han dicho!... ¡ Dile que sí! Que iré... ¡Naturalmen- te que iré!... ¡No sé a qué hacía falta esta embajada! Cria. ¿A qué hora, señor? Gabr, ¿A ti qué te importa? Cria, Nada absolutamente, señor... Es que dice la Engracia
que le han dicho... Gabr, ; Quieres quitarte de mi vista? Cria. Señor... EsTR. (Entrando ya con el sombrero puesto.) ¿ Por qué gritas,
Gabriel? ¿Te ha sucedido algo? Gabr, Nada... Este* idiota...
Cria. (Rascándose la cabeza.) Uno había de ser... ;.
EsTR, (A Carlota, que ha entrado detrás de ella.) Recoge todo {
esto. (Carlota recoge las cartas, los papeles, la mesita i.
plegable, en silencio; entre tanto, Estrella se sienta al
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secreter y escribe rápidamente unas palabras en un pa~ pelito, que mete en un sobre, el cual cierra sin poner di- rección.)
(En voz queda a Gabriel.) ¿'La hora, señor? {Mirando el reloj, a su mujer, a las paredes y vacilan- do un poco.) A las siete. Está bien, señor. (Sale.)
(Se ha levantado y da la carta que ha escrito a Carlota.) Toma... ya sabes.
Sí. señora... En cuanto venga..., descuide la señpra. (Guarda la carta con cierta afectación de misterio en el peto del delantal. Gabriel mira disimuladamente todo el manejo.)
Vaya usted a buscarme un coche... que sea decentito. Sí, señora. (Sale.) ¿Pero de veras te marchas? ¡ Qué pregunta ! ¡ Claro ! ¿Dónde vas? Por ahí...
¿No pensabas pasar la tarde en casa? He cambiado de modo de pensar. ¡ Estabas tan cansada ! He descansado.
No me gusta que vayas en coche de alquiler... coge el mío, que estará a la puerta. Gracias, prefiero no... ¿Vas muy lejos? Regular. ¡ Te acompaño ! ¿Tú? ¿A mí?
Sí... Salimos juntos y te dejo donde vayas. ¡No!
¿Por qué?
Éorque no... ¡De ninguna manera! (Con cierta violencia.) \ Entonces, quédate ! (Con altivez.) ¿Qué has dicho? ¡ Que te quedes en casa !
(Mirándole de alto abajo con sonrisa de compasión.) i Pero tú estás loco !
(Perdiendo un poco los estribos.) ¿Tan urgente es lo que tienes que hacer? ¿Por qué ha de ser urgente?
(Dándoselas de severo.) Cuando una mujer se empeña en salir de su casa, atrepellando por todo, aunque su marido le ruega que se quede... (Viendo que ella hace ademán de buscar algo.) ¿Qué buscas? Mi marido... ¿Dónde está mi marido? Yo no tengo ma- rido... ¡De sobra lo sabes! (Alterado.) ¡Estrella!
(Con desdén compasivo.) No seas ridículo, Gabriel... ¿A santo de qué me voy a quedar en casa esta tarde?
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Qabr. No tendría nadn de particular, mife f>arece, siendo el pri- mer día que estoy yo en ella.
EsTR. {Con vehemencia dolorida.) Después de una ausencia de tres meses, ¿verdad? ¿Qué quieres? ¿Que me siente -en una butaquíta, frente a ti, que mande encender lá chimenea, porque a fin de septiembre son los anoche^- iteres urt poouito más frescos que lo eran en gunio, cuando t^ inaichastc, y que íe pida, sonriendo, que me cuentes tus impresiones de viaje?... ¿Me las vas a •ontar?... ¿Entonces?.., Ya feabemos que has ido... de , negocios... y que las mujeres no entendemos nada de
«so... Cuando te fuiste, dejándome completamente sola, al día siguiente de casarse mi hermana, me guardé muy bien de preguntarte a dónde ibas ni con quién... i pero al cerrar la puerta, perdiste para siempre el derecho a preguntarme a mí!... ¡Mi vida es mía!... Agradece el silencio discreto con que dejo a la tuya correr libre y feliz por los caminos que más te convienen y en la cóti» pañfa que mas te agrada. Aprovecha mi buena disposición y déjame a mí en paz. ¡ Es lo único que pido, y me pa- rece que bien me lo he ganado !
Carl. {Que aparece en la puerta antes que Gahrieí haya po- dido responder.) ] El coche, señorita !
EsTR. j Voy ! (La doncella se retira.) Adiós... (En tono tranqui- lo.) Y perdona el apasionamiento... Estoy hoy un po- quito nerviosa...
Gabr. (Un poco aturdido.) Perdóname tú a mí si te he mo- lestado... (Con galantería hipócrita.) No creí que tuvie- ra nada de particular el desear que pasases una tarde conmigo... ¿Tanto te molesta mi sola presencia?
EsTR. (Sonriendo con gravedad.) Molestarme precisamente, no..., pero ponerme loca de alegría, comprende que tam- poco... Sí, sinceramente, pensaba pasar la tarde en casa, y me marcho... porque te quedas tú... Es un poco tris- te... para mí..., pero, ¡qué le vamos a hacer! Por la fuerza de... las circunstancias he tenido que dejar de quererte como a cosa mía, y aún no he tenido tiempo ni ocasión de tomarte cariño... como a un indiferente... Todo se andará...
Gabr. (Ofendido.) ¿Si quieres que me marche?... ¡Por mí no salgas !
EsTR. (Riendo, con suave condescendencia.) ¡ Ja, ja., ia ! Te has ofendido porque te he dicho la verdad... ¿No has sido siempre tan partidario de ella? No seas criatura... Vaya, hasta luego.
Gabr. ¿Volverás pronto?
EsTR. (Con la más amable indiferencia.) No sé... Depende... Voy a casa de mi hermana... Siempre suele haber gente por las tardes. Nos reunimos casi todos los días para distraerla..., como ahora no sale casi nunca... Se juega un poco, se murmura un poco... Si me aburro, no tar- daré en volver... Si me divierto... no volveré hasta la
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hora de cenar. {Hace un gesto vago.) ¡ Adiós ! {Le alar- ga la mavo.) ¿Tú cenas en casa? {Aturdido,) Sí..., es decir... j Pero sí, cenaré! {Soliándoie la mano, amahilisima.) ¡No, no, ño!... j 1,1=- bertad absoluta ! No te lo he preguntado por curiosidad, sino por el menú... {Sonríe con guasa.) ¡Vaya, diver- tirse !
{Con mal humor.) ¡ Igualmente !
{Ya en la puerta.) Se hará lo posible. {Mira el reloj, abre el bolso, saca el espejito^ se pasa la borla por la cara.) ¡ Uy, qué tarde es ya! {Vuelve a aguardar el es- pejiio, la borla, el pañuelo. Al hacer todas estas mani- pulaciones deja caer la carta que ha venido con las ro- sas, y, at parecer, distraída, no la recoge. Luego sale precipitadamente.)
{Furioso.) i Recuerdos a tu hermana ! {Ya fuera.) ¡Muchísimas gracias!
{Solo, plantado en medio de la habitación, con mal hu- mor rabioso.) Y se fué... ¿Qué hago yo?... Lo que se me antoje, evidentemente. (Repitiendo las palabras de Estrella con la misma entonación de ella.) \ Liber- tad absoluta!... {Empieza a pasear como es su costumbre cuando se enfada. Casi con rabia.) ¡Des- pués de todo, es el ideal ! (Rabioso del todo.) \ Na- turalmente que es el ideal ! {Gritando desaforado.) ¡ Ma- riano ! ¡ Mariano ! ¡ Mariano ! {Entrando precipitadamente.) Señor... ¡ La ropa ! ¿Sale el señor?
¡Claro que salgo! De prisita... ¿eh?
Volando, señor. (Da media vuelta rápida para salir, y recoge la carta que ha dejado caer Estrella y que está medio oculta al pie de la cortina de la puerta.) ¿Qué es eso?
Una carta que estaba aquí, en el suelo, señor... (Se la da y sale.)
¡La cartita del Casino!... (Se ríe con burla de hombre superior. Ha sacado ya la carta del sobre cuando apa- recen en la puerta Carlota y Fernanda.) Pase la señora... La señora ha salido, pero... {Gabriel, al oírlas, guarda la carta rápidamente en el mismo bol- sillo de la americana en que ha guardado la de su amante.) {Con asombro.) ¿Que ha salido?... {Ve a Gabriel y se asombra.) ¡ Gabriel ! (La doncella se retira.) {También con asombro.) ¡ Fernanda !
(Que viene elegantísima con sus galas de señora casada y que no demuestra el menor cansancio i)or su estada interesante.) ¿Tú aquí? ¿Desde cuándo? Desde anoche. ¿No lo sabías? No..., hace un siglo que no veo a mi hermana... (Con alarma.) ¿Eh? {Con volubilidad.) Es qna ingrata... Me tiene abandona-
Gabr. Fern.
Gabr. Fern.
Gabr. Fern.
Gabr. Fern.
Gabr. Fern.
Gabr.
Fern.
Gabr. Fern. Gabr. Fern.
Gabr.
Fern. Gabr.
Fern.
Gabr. Fern. Gabr.
Fern.
Gabr.
dita del todo... Y cuando más falta me hace... Y para colmo, nunca que viene una a verla la encuentra... {Con amabilidad.) ¿Sabes tú adonde ha ido? A tu casa.
(Riéndose.) ¡ Imposible ! De sobra sabe que por las tar- des no estov nunca, ¿Eh?
(Sin detenerse.) Y los sábados menos. (Con volubilidad.) Comemos en casa de mi suegra, y luego, para desen- grasar de familia, nos vamos mi hombre y yo a hacer una excursioncita en automóvil... de alquiler, hijo..., todavía no dan para más íos fondos conyugales... ¡pero todo llegará, no hay cuidado! (Muy amable.) ¿Te has divertido mucho en el viaje? (Furioso.) ¡ Muchísimo !
¡ Jesús, con qué tono tan furioso - lo dices ! (Le mira y parece asombrarse al ver la cara de vinagre que ha pues- to.) ¿Qué te pasa, Gabriel? ¿Por qué te has puesto así de repente?
(Melodramático.) Dices que Estrella sabe que no esta- bas en casa... ¿de fijo?
(Con ingenuidad.) Claro que lo sabe, (Apurándose de pronto, como si se diese cuenta de que se ha acolado-».) Es decir... me figuro... ¿Por qué me lo preguntas? ¡ Ay ! (Severo.) ¿Por qué te apuras?
¿Yo? (Apuradísima.) ¿Apurarme?... No, hijo... ¿Por qué me iba a apurar? (Con precaución y mal -fingida in- diferencia.) ¿Es que Estrella te ha dicho...? (furioso.) Que iba a tu casa, sí..., y que va casi todas las tardes... a distraerte... ¡como estás delicada!... (Con, la más inocente tranquilidad.) ¡Es verdad..., po- brecilla..., es más buena!
(Enfadadisimo.) ¿Pero no me? acabas de decir...? (Protestando^ ofendida.) ¿Yo?... ¿Qué te he dicho yo? i Que hace un siglo que no la ves !
Un siglo... bueno... un siglo, sí..., pero un siglo no tiene importancia...; si fuera una semana...,, pero un siglo...
(Conteniéndose a duras penas.) Fernandita, te estás ha- ciendo un lío...
(Muy gallito.) ¿Un lío yo? ¿Por qué?... Eso pregunto yo... ¿Por qué?... Y estás apuradísima... ¡Y me vas a decir por qué!... (La coge de un brazo.) (Soltándose, m.uy ofendida.) ¿Yo?... bueno... Tú estás loco... ¡ Vaya, adiós ! (Deteniéndola.) ¿Dónde vas?
¿Dónde voy a ir? A mil casa... ¡a buscar a Estrella! (Dándoselas de irónico.) \ No tengas prisa, que no es- tará !
(Con candor angélico.) ¿No dices que ha ido? Digo que me ha dicho que iba; pero...
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{Entre candor y guasa.) \ Ah, pues si te ha dicho que
iba, es que iba, qué duda cabe !
¿Pero no dices tú que sabe que no estás?
(Impaciente.) ¡ Ay, hijo, puede que se le haya olvidado I
¡ Buenas tardes ! {Sale precipitadamente.)
{Se queda un momento estupefacto mirándola salir y
después reflexiona con tono de hombre superior.) ¡ Esto
ya es otra cosa
Sí, señor, esto ya es otra cosa !
¿Indiferencia? ¡Bueno!... ¿Cortesía glacial?... ¡Admi- rable! ¿Libertad absoluta? ¡Magnífico!... Pero esta Sa- udita, en cuanto he dicho yo que me quedaba en casa..., esta mentira innecesaria y tonta... (Pasea furioso y ve las rosas sobre el secreter.) ¡Las rositas!... ¿Quién le habrá mandado las rositas? (Recordando la carta.) ¡ Bien fácil es saberlo ! (Saca la carta, y, desarrugán- dola, busca rápidamente la firma.) ¡ Sin firma ! ¡ Cla- ro..., qué falta hace, cuando quien la recibe sabe quién la ha escrito!... (Durante la escena anterior ha ido os- cureciendo. Da a un interruptor y se ilumina la araña centtal y todos los apliques de las paredes, derramando tal claridad que casi le ciega. Lee con asombro.) Dar- ling... ¡Eh!, ¿qué es esto?... Darling... ¿Inglés?... ¡El diablo cargue con todas las lenguas extranjeras ! (Lee y no entiende.) ¡Nada, que no hay modo!... ¡Ah... mi nombre..., Gabriel..., algo es algo! (Sigue leyendo.) Ga- briel... stupid..., menos mal que no están en el mismo renglón... Roses... Made you happy... ¿happy?... With my love... Darling... me suena Darling; muy mal pero me suena... Yo conozco esta letra... ¿De quién es esta letra?
(En la puerta.) Pase el señorito...
(En la puerta.) '"¿Se puede? (Entra. La doncella se re- tira.)
Adelante. (Al ver a Eduardo cree comprender de pronto.) ¿Eh?... ¡Claro que la conozco! ¡Como que la estoy viendo a todas horas ! (Se guarda precipitadamente la carta en el bolsillo.) ¡ Estúpido de mí ! (Furioso.) Tenía que suceder..., el amigo del alma... ¡Eres un mise- rable !
(Con enojo y sorpresa ante la acogida.) ¿Qué estás ahí delirando?
(Furioso.) ¿Conoces esta letra? (Saca la carta del bol- sillo y se la mete por los ojos.)
(Cogiendo fa carta, rni^/ándola y sonriendo.) Vaga- mente...
¿Cómo vagamente?
Hay tantas parecidas... como está de moda... (Conteniéndose a duras penas.) \ Ah, estiri de moda ! ¡ Léela en voz alta, 3^ veremos si está también de moda el contenido!... ¡Lee!
(Leyendo con toda calma.) <(¡ Vidita, canalla!...» (Dando un salto.) ¿Eh?
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Gabr. Edu.
Edu.
Gabr.
Edu.
Gabr.
Edu.
Gabr,
ÉDU.
Gabr,
ÉDU.
Gabr.
Edu.
Gabr.
Edu.
Gabr.
Edu.
Gabr.
Edu.
Gabr.
Edu.
Gabr.
Edu.
Gabr.
Edu.
Gabr.
Edu,
CtABR.
Edu.
(Continúa leyendo ím-pertuThahlé») «Si no estás aquí den- tro de media hora...»
{Con ira queriendo arrehaiarle Id carta,) ¡Trae acá! {Con calma, pero sin soltar la caria.) ¿En qué queda- mos? ¿No me has dicho que lea? ¡ Sí, pero no eso !
{Con calma.) Hijo, lo que está escrito, {Tira con desdén la carta encima de la mesa.) {Con ironía.) Tú sabes inglés, ¿no? Ptss... un poco. Lo bastante para leer a Shakespeare- {Con rabieta.) Bueno.. .^ pues en inglés..., es decir, tra- ducido al castellano, ¿qué quiere decir Darling? {Sonriendo.) ¿Darling? Pues unas cuantas cosas soaves- y tiernas, casi imposibles de expresar en nuestra len-- gua brava...
¿Suaves, eh?... Por ejemplo... aproximadamente... Queridito, chiquillo mimado...
Áh... chiquillo... mimado... ¿Y chiquillsc mimada... no?' También. Es lo mismo. ¿Lo mismo?
En inglés, sí... El cariño no tiene género. (Rabiando como un estúpido.) Y siupid... ¿es- estúpido» o estúpida?
Estúpido o estúpida, según a quien se aplique... ¡ Ah, vamos L.. Y my love, ¿qué es my love? My love, es mi cariño. ¿Y mi amor, no? También. Es lo mismo.
En inglés, ¿verdad? ¡Qué idioma tan cómodo! Todas las lenguas tienen sus ambigüedades... Ya ves, en castellano, ((vidita, canalla...» para saber de fijo que se trata de un hombre hay que verlo escrito con letra de mujer. (Señala la carta que está sobre la mesa. Gabriel la coge rabiosamente, y se la vuelve a meter en el bol- sillo.) Mejor harías en romperla... Esas cartitas a veces se extravían, y se las encuentra quien menos falta le hace.
{Con ironía.) ¿Verdad?, por eso las personas prudentes toman la precaución de escribirlas en inglés, supon- gamos.
¿ Pero tú crees que el inglés es una lengua hermé- tica?
(Rabiando.) Para quien no la sabe... ¡ Hay traductores !
Pues haz el favor de traducirme lo que dice ahí. (Saca la otra carta y la tira con rabia sobre la mesa.) (Con calma.) ¿Yo? No. por cierto. Matricúlate en Ber- litz, o compra un dicci'onario. ¡ Este papelito se le va a tragar alguien ! (Con guasa.) ¿Tanto te duele lo que pueda decir? ¿Es que vle has encontrado en el boudoir del ángel que te escribe <(vidita, canalla», con letra del Sagrado Corazón ?
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Gabr. Edu.
¡ De sobra sabes donde la he podido encontrar ! {Con desprecio.) ¡ Hijo, no tengo la menor idea ! Tampoco tienes la menor idea de quién le ha enviado a Estrella esas rosas, ¿verdad? Las he enviado yo. ¡ Ah ! Tienes el valor de confesar...
¿Que he tenido el valor de comprarlas? Mds del que te figuras, porque me han costado un ojo de la cara, y anoche el ecarte me dejó limpio... Pero era una deuda de honor...
(Airado.) De ti todo podía esperármelo, porque eres quien eres, estás en tu papel, ¿verdad? ¡Pero de ella! Que ella sea capaz...
{Ifiterrumpiéndole con enojo.) ¡ Pero qué estás diciendo, miserable! ¿De quién hablas? ¿Qué quieres decir? ¿Es que te atreves a suponer que Estrella...? ¡Eso sí que no!... Te lo prohibo. ¡Es indigno que ofendas a una mujer que 'no te mereces I Te la mereces tú, ¿verdad?
Tampoco... ¡Está muy por encima de ti y de mí! ¡No seas imbécil !
(Un poco aturdido.) Entonces, ¿cómo explicas...? {Serena mente.) ¿Un puñado de rosas y cuatro palabras de broma y de cariño? Si no encuentras tú mismo la explicación en la tristeza de su soledad y en la devoción que siempre la he tenido... ¿Me juras...?
¡ No acostumbro ! (Da media vuelta para marcharse.) ¿Dónde vas?
{Ya en la puerta.) A perderte de vista cuanto antes. {Como un chiquillo emperrado.) ¿Pero si no eres tú, quién es?
{Volviéndose con arrogancia.) ¿Por qué ha de ser nadie? i Porque aquí pasa algo! Anoche, cuando llegué... ¿Te arañó, naturalmente? No estaba en casa..., estaba... {Interrumpiéndole.) En el teatro...
{Volviendo a enfurecerse por la sospecha.) ¡ Ah, lo sabes! Va todas las noches... Pero supongo que volvería. Sí, volvió... a las tantas... y me encontró esperándola... como si tal cosa.
¿Querías que te recibiese con los brazos abiertos? ¿Sa- biendo de dónde venías?
Y hoy... se ha marchado antes de que me levantara yo..., no ha almorzado en casa.
Estaría invitada en otra parte.
Y apenas ha venido, ha vuelto a salir.
Habrá ido de visitas, a algún té, a bailar, a jugar al hridge, a un vermuth... Es su costumbre, {Dándoselas de irónico.) ¡Ya... la tristeza de su so- ledad ! Procura distraerse. No creo que fueras a pretender que
mientras resbalabas en dulce compañía sobre la nieve de los Alpes, ella se hubiera muerto de pena o se hubiera metido monja... ¡Tiene gracia! El señor está molesto porque los lindos ojos que fueron suyos no siguen de- rramando lágrimas por él... Es verdad... cuando un hombre ha perdido el poder de hacer sufrir a una mu- jer, se siente un poco en ridículo ante ella y ante sí mismo.
Gabr. Es que se ha marchado con una mentira innecesaria y burda ; es que hay matices y .tonos y silencios y mira- das que, para el hombre que tiene un poco de experien- cia, indican que existe...
Edu. {Interrumpiendo casi con insolencia.) ¿Qué?
Gabr. Por lo menos un flirt... muy arriesgado.
Edu. ¿y si así fuera?
Gabr. ¿Eh?
Edu. Tiene veinticuatro años... y derecho a la vida...
Gabr. Es que yo no puedo consentir...
Edu. ¿Tú? ¿Con qué autoridad? ¿Sabes lo que te digo?
¡ Que te estaría muy bien empleado ! ¡ Buenas noches ! {Sale furioso.)
Gabr. ¡ Espera ! {Se oye fuera el golpe de la puerta.)
Cria. {Enerando.) Señor, la Engracia, que ha vuelto, y que dice...
Gabr. (.4 punto de tirarle algo a la cabeza.) \ Quítate de mi vista !
Cria. Señor... {Sale apresuradamente.)
Gabr. (Repitiendo rabiosamente las pala;\hras de Eduardo.) ¡Tiene veinticuatro años..., tidne derecho... derecho, derecho ! {Suena el timbre del teléfono.) \ Eh ! {Sigue sonando el timbre.) ¿El teléfono? ¡Se ha dejado pues- ta la famosa clavija ! ¡ Providencial ! {Se acerca al telé- fono y coge el auricular.) ¿Quién llama? {Con susto y sorpresa.) ¿Laura, tú?... {Escucha y habla alternativa- miente, cada vez con más' rabieta.) Naturalmente que me disgusta. Podía no haber sido yo quien respondie- ra... Claro que no es un crimen, pero es una impru- dencia... ¡No te rías!... ¡De muy mal gusto, sí, de muy mal gusto!... No, no está en casa... Pues porque no he podido... ¡Eso es, porque no he querido! ¡Cuando tú lo dices!... Claro que pienso ir, ¿no te lo he dicho?... ¿Si me dejan? {Furioso.) ¡Je, je, je! ¡Si me dejan! ¡ Has de saber que a mí no me manda nadie ! ¡ No fal- taría más! Eso que dices es una estupidez... Perdona, hija... No, no, ataques de nervios por teléfono, no... ¿Que no te convii^ne? Pues a mí tampoco, ¡ea!... ¿Ah, sí? ¡Pues yo hasta un poco más arriba! ¡Para que te enteres!... ¡Pues a mí, ni medio!... ¡No, hija, ya soy muy viejo para cambiar de genio!... ¡Lo mismo digo! ¡ Un poquito más que tal... ¡ Un poquito menos que tú !... ¡ Na acostumbro a pedir perdón a nadie ! . . . ¡Ja, ja^ ja ! . . . ¿Ahora mismo?... ¡ Ni ahora, ni nunca, prenda !... ¿Qué
m
dices?.
Perfectamente ! ,
Descuida, no ¡ré, no, nú
tengas cuidado, ni a cenar, ni a almorzar, ni hoy, ni mañana, ni hasta el día del juicio!... ¡Lo mismo digo!... i Que te diviertas!... ¡Tantísimas gracias!... ¡Hasta la eternidad!... ¡Tú lo has querido!... ¡Ancha Castilla! {Suelta el auricular, pero vuelve a cogerlo y grita en el teléfono.) ¡ De-fi-ni-ti-va-men-te ! (Sueltu el auricular, se aleja del teléfono, pero vuelve a toda prisa, y vuelve a gritar.) ¡ Y conste que no eres tú quien me manda a paseo! ¡Soy yo! (Rabiando.) ¡Yo, yo, yo!... ¡Y no sa- bes tú bien lo ancho que me quedo ! (Suelta definitiva- mente el teléfono, y pasea agitado por la habitación.) ¡ Uf ! (Se para en seco.) ¡ Es curioso ! ¡ Cree uno que adora, y casi le da gusto romper ! (Suena el timbre del teléfono.) ¡Que no! ¡Que no me da la gana, ea ! (Se sienta muy resuelto y enfadadisimo en el diván.) \ Y ahora... esperemos a que se digne volver a casa mi se- ñora esposa!... ¡Y a que me explique, pero muy clari- to, qué es lo que pasa aquí ! (Se vuelve a levantar y pasea agitadisimo. Suena furiosamente el timbre del teléfono^) ¿Otra vez?... ¡Llama, llama, tú te cansa- rás!... A un marido hay que guardarle ciertas conside- raciones... (Vuelve a sonar el teléfono.) ¡No faltaría más!... (Suena el teléfono.) ¡Que no me da la gana, ea!... ¡Y las cosas claritas, y todo el mundo rnuy dere- cho, pero que muy derecho ! (El teléfono suena desafo- radamente.)
(En la puerta.) Señor..., me permite el señor... ¿Qué quiere usted?
(Yendo al teléfono, que sigue sonando como con rabia.) Me parece que están llamando al teléfono. (Coge el au- ricular.) ¿Quién llama? ^
¡ Diga usted que no estoy, que me he marchado al Con- go ! ¡Pero que muy derecho!... En cuanto vuelvas... ¡ Ay, en cuanto vuelvas!...
(Al teléfono.) Sí, señorita... ¡Está bien, señorita! (Des- cuelga el aparato.)
(Al oír el tono en que habla la doncella.) ¿Con quién habla usted? Con la señora, señor... ¿Con la señora?
Sí, señor. Dice que le diga al señor que no se moleste en esperarla, que no viene a cenar.
(Que no quiere creer lo que oye.) ¡Eh!... ¿Cómo ha dicho usted?
(Amabilísima.) ¡ Que no viene a cenar ! (Sale respetuosa- mente.)
(Solo.) ¡Que no viene a cenar! ¡Ira de Dios!... Que no viene a cenar... ¿Y de dónde ha llamado? (Va al te- léfono y empieza a aporrear el aparato.) ¡ Que, no viene a cenar!... ¡Central! ¡Central! ¡Central!... (Cae el te-
Caí
lón mientreis él ¿rita y hace sonar el timbre aesafaraátú mente.)
TELÓN
ACTO TERCERO
La alcoba de Estrella. No hay más luz (pero basta a darle aspec- to de misterio galante) que la de una lámpara portátil, velada por encajes y sedas. Sentada junto a la mesita que sostiene la lámpa- ra, muy en primer término, y apoyada la cabeza en la tabla, co- mo si la hubiese rendido el sueño, está CARLOTA, la doncella. Se levanta el telón. Silencio. Un reloj de chimenea de fina cam- pana vibrante da las tres. Carlota se remueve como inquieta en el sueño, y hasta levanta un poco la cabeza pero vuelve a dejarla caer pesadamente. Otro reloj, fuera, el de la antesala probable- mente, da las tres, también con campanadas fuertes y sonoras. Inmediatamente se abre la puerta con violencia (no hay más que una, que comunica con el pasillo, y otra de escape, pequeñita, a un lado de la cama, que sin duda conduce al cuarto de baño) y entra iracundo, cerrando tras sí la puerta con tremendo golpazo, GABRIEL. Al sentir el ruido, Carlota despierta, al parecer con tremendo susto, y se pone en pie como por resorte.
Carl. {Frotándose los ojos.) ¡ Eh, ¿quién?
Gabr. (Iracundo.) ¡ Yo !
Carl. (Con susto y adormilada.) ¡ Ah !
Gabr. (Con ira.) ¿Es decir, que aún no ha vuelto la señora?
Carl. (Embrutecida por el sueño.) ¿La señora?...
Gabr. ¡ Y que son las tres !
Carl. (Medio inconsciente.) ¡Las tres!...
Gabr. ¡De la madrugada!... ¿No las ha oído usted en todos los relojes?
Carl. ¿En todos los relojes?...
Gabr. ¡ Haga usted el favor de no repetir como un loro, y con- teste usted a lo que le pregunte!
Carl. Sí, señor...
Gabr. (Con énfasis de afirmación.) \ Usted sabe 46nác está la señora !
Carl, (Sencillamente.) ¡ Sí, señor !
Gabr. ¡ Y me lo va usted a decir ahora mismo !
Carl. (Siempre medio dormida.) ¡ No, señor !
Gabr. (Con ira.) ¡Cómo que no! ¿Por qué?
Carl. Porque...
Gabr. Le ha encargado a usted ella que no lo diga, ¿verdad?
Carl. (Sencillamente.) ¡ Sí, señor 1
Gabr. (Airado.) ¿Lo confiesa usted?
Carl, Sí, señor.
Gabr. ¿Usted no sabe quién manda ea esta casa?
Carl. A mí me manda la señora, señoi;.
Gabr. (.4 punto de pegarla-.) ¿Ah, sí?
m : - . ■-:.
{Tranquila.) Sí, señor. Estoy al servicio personal de ÍA señora.
¡ En vista de lo cual, se marcha usted a paseo ahora mismo !
{Sumamente digna.) Hasta que me lo mande la señora, no, señor... La señora me ha tomado, la señora me pa- ga, la señora es la única que puede despedirme. Ade- más, me permito advertir al señor que, como ha obser- vado muy bien, son las tres de la madrugada, que esta es la habitación particular de la señora,, y que nunca, y menos a estas horas, ningún caballero se toma la li- bertad de entrar en ella sin autorización especial de la señora...
{Blanco de ira.) ¿Ha terminado usted? {Con desafio.) Sí, señor.
Pues... me permito advertirla a usted que [Cogiéndola de un brazo.) esta es la puerta, y por la puerta se va al pasillo, y por el pasillo a la calle. ¿Ha comprendido usted? Sí, señor. i Pues largo !
{Muy digna.) | Cedo, porque soy una débil mujer; pero protesto, sí, señor, protesto !
¡ Largo he dicho ! (La empuja con violencia, la hace sa- lir y cierra la puerta. La cama se ilumina con dulce luz rosada y entre sus tules, sedas y encajes, aparece la ve- lada figura de Estrella.)
{Con voz de susto.) ¿Quién está ahí? ¿Quién grita? [Que casi se desmaya del susto.) ¡ Eh ! {Desde la cama, con alarma.) ¡Carlota! ¡Carlota!,., ¡ Socorro ! (Salta de la cama a toda prisa.) (Precipitándose hacia ella.) ¡ No chilles, que sov vo ! Vete, no entres..., espera... que estoy sin vestir... ¡ Qué importa !
¿Cómo qué importa? ¡Por quién me has tomado! (Apa- ga la luz, con lo cual la cama vuelve a quedar en pe- numbra y se envuelve a toda prisa en un primoroso salto de cama.) ¡ Carlota ! ¡ Carlota !
; Calla te he dicho ! (Da a un interruptor y se enciende la araña central.) Y haz el favor de no hacer arruma- cos... (La coge de un brazo.)
(Muy digna.) ¡Suelta! ¿Pero quién te figuras que soy yo? ¡ Mi mujer !
¡Eso...! {Ha acabado de arreglarse la bata y se ha cal- zado unas lindas babuchas.) ¡Suelta te he dicho ! (Ltf aparta con violencia.)
(Como un estúpido.) ¿Estabas en la cama? (Bostezando como si estuviera muerta de sueño.) ¡ A ver dónde iba a estar a estas horas! (Viendo que él pasea de un lado a otro, y descorre las Cortinas del balcón y ele la caliza.) ^Quc buGC^i-'??
b;]
ESTR.
Gabr.
ESTR.
Gabr.
ESTR.
Gabr.
ESTR.
Gabr. EsTR. Gabr.
ESTR.
Gabr.
ESTR.
Gabr. Estr.
Gabr. Estr. Gabr.
Estr. Gabr. Estr. Gabr. Estr.
Gabr.
Estr. Gabr.
Estr. Gabr.
Estr.
Gabr. Estr. Gabr.
Estr. Gabr.
Estr.
[Avergon-^aclo.) Nada... {Mirándola como si no creyese
a sus ojos.) ¿Has vuelto?
(Con mal humor.) \ Cuando estoy aquí !
(Enfadado.) ¿A qué hora?
¿A ti qué te importa?
Te he estado esperando en la antesala desde las once
y media.
(Sencillamente.) Habré vuelto antes.
¡ No !
(Mirándole fijamente.) ¿Por qué?
(Furioso.) Porque mientras corría todos los teatros de
Madrid, buscándote en balde...
(Interrumpiéndole con naturalidad.) No, al teatro no
he ido...
(Sin detenerse.) He dejado a Mariano de guardia en el
portal...
(Con desprecio.) ¡Ah!, ¿me haces espiar por un criado?
(Solemne.) \ Es mi derecho !
(Con soberano desprecio.) \ Es una estupidez ! (Agaza- pándose en la hata.) ¡Tengo frío!... Mira, haz el favorj de marcharte, que me vuelvo a la cama... (Con energía.) \ Tenemos que hablar !
(Con suprema indiferencia.) ¿A estas horas? (Bosteza.) ¡De (ninguna manera! Ya hablaremos mañana... u otro día... No corre prisa. ¡ A mí sí !
i Pero a mí no ! (Bosteza.) Márchate ya. ¡No! Es preciso que me expliques... Aquí suceden co- sas... incomprensibles... y... desagradables... Muchísimas..., pero no son culpa mía. (Bosteza.) (Desatinado.) ¡ No bosteces ! ¡ Ay, hiio, tengo sueño i ¡Yo no"!
(Poniéndose a su tono.) ¡ Pero yo sí ! ¡ Déjame en paz ! (Da miedla vuelta.) (Siguiéndola.) No me desatines. ¿Yo? (Bosteza de nuevo.)
(Enérgico.) Contéstame a una sola pregunta..., a una sola, y te dejo dormir tranquila... (Se para sin atrever- ¡j^j se a seguir.)
(Tranquilamente.) ¿Qué?
(Lanzándose a hablar con decisión.) En mi ausencia... (Turbándose.) Durante mi ausencia... (Medio vuelta hacia él, pero habiendo dado ya algunos pasos hacia la cama.) ¿Qué?... ¡Acaba! (Con mal humor.) \ No me atrevo ! (Con inocencia.) ¿Por qué? (Vacilando.) Estrella... (Con desafio.) Me llamo.
(Vacilando.) Esta tarde me has dicho... que... ya no me quieres... (Sencillamente.) Sí.
Gai
Esi
Pero... pero...
¿Pero? ^
¿Quieres... quieres a... otro? {Con esfuerzo.) {Con perfecta serenidad.) \ Sí !
{Aturdido, como si le hubieran dado un golpe.) ¿Eh... qué has diclio?
Que sí... ¿Era esa la pregunta?... Pues ya lo sabes. ¡ Sí ! Buenas noches. {Da media vuelta y se dirige hacia la cama.) >*
{Furioso, cogiéndola de un brazo.) ¡No, no!... {Molesta.) ¡Que sí!... ¡Suelta! ¡Imposible! ¿Tú quieres a otro?
{Soltándose con leve esfuerzo y mirándole cara a cara.) ¿No quieres tú a otra? ^
{Furioso.) \ Esa no es razón !
(Suspirando.) Es verdad... {Apasionándose poco a poco.) Y, además, en el cariño no hay razones... (Con exalta- ción, acercándose a él.) Tú le sabes, ¿verdad?... Es un vértigo, una fatalidad... {Dramática.) ¡Sufre una, lucha una, pero todo en balde !..." ¡ El corazón manda, el deseo es el amo i
{Con espanto escandalizado.) ¡ El deseo ! {Con calor y romanticismo.) ¡ Sí !... ¡ Ahora te perdono... porque ahora te comprendo!... ¡Tenías tú razón!... Yo, tonta de mí... claro... ¿qué sabía?... Yo había querido... a ti... mucho... muchísimo... pero sin pasión..: y por eso... cuando tú me dijiste: ¡quiero a Laura!... lloré... me rebelé... te hice reproches... ¡Perdóname, Gabriel 1 {Con efusión.) Estaba ciega... ¡No te comprendía! {Espantado.) ¡ Pero qué estás diciendo ! (Con sencillez.) ¡ La verdad ! {Con efusión.) ¡ Ay, qué lelicidad poderla decir, así..., sin disimulo..., a alguien capaz de comprenderla !
{Que no sabe si romperla la cabeza o echarse a llorar.) ¿Pero te estás burlando de mí, o qué? {Dolida.) ¿Yo? ¿Burlarme? ¿De lo más alto, de lo más inefable de mi vida? {Con exaltación..) {Con ira.) Entonces eres...
{Interrumpiéndole como . si no entendiese que él la inr- sulta.) ¡ Soy muy feliz, Gabriel ! {Con calma.) Y ya ves, tengo todas las ventajas... Porque tú... como fuiste el primero... y yo todavía era una... inocente... pues tuvis- te que hacerme sufrir... y eso duele mucho, ¿verdad?... {Con romanticismo.) ¡Lo comprendo!... A mí me dole- ría en el alma haber tenido que ser la primera en darte el disgusto... Si yo hubiera sentido antes que tú el agui- jón de la pasión frenética, hasta hubiera llegado a sen- tirme culpable, creyendo que mi caso era único en el mundo... Ahora sé..., ¡tú me lo has enseñado, y no sa- bes lo que te lo agradezco!, que es la ley ineludible de la vida..., la cosa más natural del mundo... Y por eso,
m
mi felicidad es completa, sin remordimientos, sin ilu- bes... ¡Gabriel..., como la tuya! '^^
Gabr. ¿Quieres hacer el favor de callarte?
ESTR. {Mirándole con asombro casi doloroso.) ¡ Gabriel !
Gabr. ¿Estás loca?
EsTR. (Con expresión mimosa.) Sí..., un poco...; la pasión enloquece..., tú lo sabes.
Gabr. (Furioso.) ¡ Yo no sé nada !
EsTR. {Retrocediendo asomhradísima.) ¡ Eh !
Gabr. {Con violencia.) ¡Quiero..., necesito saber ahora mismoj '"^g,,
el nombre de ese miserable ! EsTR. {Ofendidísima.) ¿Miserable? ¿Quién? ¿El hombre que
me adora miserable? {Con altivez.) ¿Tan indigna me íjj!¡,
encuentras de un amor leal? Gabk, ¿Quién es? ¿Cómo se llama? ¡ Dilo ! EsTR. {Como encogiéndose.) ¡ Ay, no!... ¡Y tomándolo delj
modo que lo tomas, menos! {Con reproche dolido.) ¿Es|istr,
posible, Gabriel, que tú tampoco...? ¡Después de tú
experiencia personal!... ¿Entonces era mentira lo queJIj^BR
me dijiste?... Gabr. {Rugiendo.) \ Déjate de monsergas, y dime de una vez
el nombre ! . . . EsTR. {Con ingenuidad inefable.) ¿Para qué? Gabr. ¡ Para ir ahora mismo a romperle la crisma ! EsTR. {Casi con un grito.) ¡ Tú a él'! Gabr. ¡O él a mí...! Eso dependerá de los puños que tenga
i Pronto !
Estr. (Melodramática.) \ Jamás ! Istr
Gabr. Estrella, mira que... jSabr
Estr. No tengo que mirar..., ya lo veo... (Gimoteando.) Nc istr
puede una fiarse de nadie en este mundo..., me heiS
fiado de ti... ¡y me he fastidiado! (Con sencillez cínica.)
Porque ahora que lo sabes, no me vas a dejar ni a sol Estr
ni a sombra, y va a ser molestísimo... ¿Qué necesidad
tenía de decírtelo? Gabr. (Mirándola con espanto.) ¡ Eres un monstruo de inmora- Estr
lidad ! Estr. Lo mismo que tú. (Con rencor.) Gabr. (Desconcertado, pero furioso.) Es muy distinto... Un
hombre... Estr. Pues entonces, lo mismo que ella... Gabr. ¿Ella? Estr. Sí..., tu Laura... ¿No te adora y es un ángel?... ¡Pues
ya ves... tan mujer es como yo! Gabr. (Que no quiere ceder.) ¿Cómo se llama ese hombre? Estr. (Cansada.) ¡Y dale! ¿Qué te importa? Gabr. (Interrumpiéndola con violencia.) ¿Te figuras que nc
voy a saberlo?
Estr. ¿Quién te lo va a decir? |p^
Gabr. Tú, ahora mismo..., (La coge con violencia.) porquer^^'^
si no...
m
Gaur, Estr. Gabr. Estr.
Gabk,
{Desprendiéndose también violentamente y en son de desafio.) ¿Si no...?
¡ No me obligues a hacer una locura ! . . . ¡ Dime quién es ! {Con toda tranquilidad, apartándose de éL) No es na- die.
Mientes.
¿Por qué voy a mentir ?
Porque comprendes que has dado un paso en balde... ¿Yo?
¡ Tú misma lo has dicho ! ¿Yo?
¡ No me vuelvas loco ! ¡ Ay, hijo, te digo que no, y que no ! Con ese sencillísimo procedimiento quieres convencerme de que he visto visiones, y conseguir tu dulce libertad para...
{Repitiendo las palabras de él en el primer acto.) Sigue haciendo cabalas sin fundamento...
{Desatinado.) ¡ Ah, sin fundamento!... Vamos a ver... ¿Quieres explicarme por qué no has almorzado en casa esta mañana?
{Con sencillez.) Por no verte.
¿Y por qué te has marchado esta tarde en cuanto he dicho que yo me quedaba?... ídem, ídem...
¿Y por qué has dicho que ibas a casa de tu hermana... siendo mentira?
Porque fué lo primero que se me ocurrió. ¿Ah, sí? Entonces... ¿dónde has ido? A ninguna parte.
¡ Muy verosímil ! ¡ Te has estado vagando por las calles como un alma en pena !
Me he estado aquí... en mi cuartito... en bata y zapati- llas... descansando... {Con ironía.) Toda la tarde...
Y toda la noche... Estaba muy cansada y de muy mal humor... He cenado en "la cama y...
{Furioso, cogiéndola y sacudiéndola como si quisiera matarla.) ¡ Mientes, mie'ntes, mientes ! i Suelta, que me haces daño ! {Consigue apartarse de él.) i Ay, hijo, qué difícil eres de contentar ! Te digo que sí, y quieres irle a romper la crisma a él... Te digo que no, y me quieres estrangular a mí... ¿Qué quieres que te diga?
¡ La verdad ! Ya te la he dicho, ¿ Cuándo ? Ahora mismo. Es que es inverosímil.
{Con perfecta indiferencia.) ¡ Yo qué culpa tengo de que te parezca más verosímil la mentira ! ¿Cuándo dices verd^á^ -Cuándo alientes?
a7
EsTR. Si no me crees...
Gabr. ¿Cómo voy a creerte, después del laberinto que has ar mado?
EsTR. {Con perfecta calma.) Pues no me creas... Por ti 1< siento, que te quedarías tranquilo... A mí me da igual
Gabr. ¡No tienes conciencia!
EsTR. Me parece que sí..., pero está muy tranquila...
Gabr. ¿Con qué fin..., si es mentira..., has armado esa histo ría de... amor pasional..., de vértigo..., de...?
EsTR. i Ay, hijo mío, para convencerme de que todas las jus tificaciones que has empleado tú para hacer lo que t< ha dado la realísima gana eran... palabrería hueca } sin sentido... ! ¡ Mira, cuando las oyes en boca' ajena qué efecto te hacen!... (Muy seria.) Y para convencertí a ti de que aunque he dicho ¡ amén ! a todas tus monser gas, las he estimado desde el primer instante en lo qu( valían, ni más ni menos... No has tenido pasión... verti ginosa... ni te ha hecho falta para traicionarme: con ur mero capricho te ha bastado para romper un corazón No sé si... a ella la quieres. A mí no me has querido
Gabr. {Con protesta dolida.) ¡Estrella!
EsTR. {Sin hacerle caso.) Te has querido a ti mismo sobn todas las cosas, y ese es el secreto... Te tienes ur amor tan refinado, que ni ese caprichito sensual-senti mental has podido negarte... Está bien... Es la vida. .i Ni grito ni lloro... {Con altivez.) Pero no quiero qu< sigas figurándote que te sigo teniendo por algo extraor- dinario...
Gabr. ¡ Nunca me he dado tono de santo !
EsTR. Si no te echo en cara que no lo seas. La culpa de m: desilusión, no la tienes tú... Eres como eres... ¿Qué lí vas a hacer? ¿Quién me mandaba esperar constancia ) firmeza donde no las había? ¿Quién me mandaba hacei de ti un héroe? No te he encontrado conquistando mun dos ni curando leprosos...
Gabr, No creo que sea menester...
EsTR. {Soñadora, recordando.) \ Jugando al golf estabas el pri mer día que te vi...; bailando un cotillón, el segundo... jugando a la ruleta, el tercero...
Gabr. {Interrumpiendo con enfado.) Tú también...
Estr. {Inefable.) Yo también... flirteando, jugando al tennis, tomando el té... Somos tal para cual, hijo mío... Barrito elegante, porcelana frágil... a poquito golpe, se rompe el cacharro... {Suspira.) Todo puede temerse de ti y de mí.
Gabr. {Con protesta.) ¡ De ti no !
Estr. ¡ Igualito !... No hay que hacerse ilusiones... A dormir, a dormir, que la almohada consuela de todo. ¡ Buenas! noches ! {Se dirige a la cama.)
Gabr. {Siguiéndola.) ¡ Estrella !
Estr. ¡ Que descanses !
m
ESTF^
Estr. Gabr.
Estr.
G.^BR.
GíBS.
Es[R.
Gabr. Estr.
Gabr,
Estr. G.abr,
Estr,
Gabr. Estr, Gare,
Jabr. Estrella... Me has dicho cosas crueles... ofensivas... has- ta injustas...
(Sin volverse a mirarle.) Dispensa, hijo... Pero comprendo que... la... que mi... en fin... que la apariencia de los hechos... pasados... te da cierta razón... accidental...
(Volviéndose a mirarle.) ¿Ah, vamos... accidental? (Generoso.) Sí... me pongo en lo justo... Estabas ofen- dida... ¡Oh!
Te has querido ve;ngar... inquietándome... con una farsa... (Inquieto.) porque ha sido una farsa, ¿verdad? (Soñadora.) ¡ Oh !...
(Repitiendo para convencerse.) Una farsa... un poquito cruel... Lo has conseguido... En unas cuantas horas he pagado con creces... (Irónica.) ¿Sí?
He sufrido..., no sabes tú cómo..., angustia, celos, ira, humillación, dolor... ¡Sí!... ¡Estás vengada!... Y por eso, sin guardarte rencor, te digo lealmente... ¡perdó- name !
(Superior.) ¡Oh!... a ti... no tengo nada que perdonar- te... Lo que has hecho es la vida... Tú, en cuanto tú, eres... irresponsable. i Pero . . . perdóname !
(Fria.) Estás perdonado desde antes de pecar. ¡ Muy buenas noches !
(Siguiéndola.) \ Pero así no, así no ! (Con inocencia.) ¿Pues cómo?
(Con cariño.) Perdóname del todo, (Se acerca mucho a ella.) Olvidando...
(Apartándose con un movimiento brusco.) También...; te juro que, en cuanto no te tenga delante, olvido... hasta que existes. (Con enojo.) \ Estrella ! (Inocente.) ¿Qué más quieres?
(Volviendo a acercarse cariñoso. Ella, como antes, le deja casi que la abrace para apartarse luego.) ¿No te dice nada tu propio corazón?... ¡Estrella..., te quiero... no te he dejado nunca de querer!... (Volviendo a acer- carse.) Estrella..., un extravío..., una locura..., ¡peor, una sandez! ¡Pero te quiero! (Casi' abrazándola y ella. casi dejándose abrazar.) ¡A pesar de todo..., por encima de todo... te quiero! Eres tan buena..., tan bonita..., tan inefablemente tú..., como ninguna..., vuelve a mí, no me rechaces... (Ella baja los ojos sin apartarse.) Des- pués de todo he si'do... tu primer amor... ¿No te acuer- das?... (Sonriendo.) ¡Soy... tu marido! Sí... ¡Y volveremos al punto de hace cuatro meses! i El dulce triángulo! ¿No? (Apartándose.) ¡Qué cosa tan cómoda ! ¡ Yo, tú y ella ! (Co'A apasionamiento.) No, no. Porque ella ya no existe.
as
EsTR. (Melodramáüca.) ¡ Se ha muerto !
Gabr. {Bajando la cabeza.) No se ha muerto..., pero... pa- ra mí...
EsTR. (Violenta.) ¿Te ha mandado a paseo?
Gabr. {Fatuo, sin poderlo remediar.) ¡ Ella a mí !
EsTR. Entonces... eres tú quien se ha cansado de ella... {El hace un gesto entre modesto y fanfarrón.) Como antes te cansaste de mí...
Gabr. ; No hagas comparaciones odiosas !
EsTR. {Con enojo.) Estás... vacante... y vuelves ¡a pasar el rato!... {Mirándole de arriba abajo.) Hijo de mi alma, ¡ no tienes vergüenza !
Gabr. {Ofendido de veras.) \ A insultarme no tienes derecho !
Estr. {Violenta.) Ni la tendría yo si ahora... ¡Dios me ampa- re! {Con ira.) ¡Vete!... ¡Márchate!... Ahora sí... ¡Te aborrezco ! ¡ Te odio ! ¡ Vete !
Gabr. Pero, ¿por qué? ¿Por qué? ¡ No te comprendo!
Estr. ¡No me comprendes! ¡Te has cansado!... En las nie- ves del Mont Blanc... hace frío... hasta en el mes de agosto... y quieres descansar en el nido caliente y ele- gante.... junto a la esposa tonta y resignada...
Gabr. ¡No es eso! ¡Te juro que no es eso!
Estr. ¿No?
Gabr. ¡ No me agravies más de lo que merezco ! {Acercándose con cariño.) ¡Escúchame!...
Estr. {Sentimental.) ¿Qué mal te he hecho yo nunca? (Apar- tándose.) ¡Déjame! (Llorando.) Sola' puedo vivir..., pe- ro en paz...
Gabr. ¿Por qué has de vivir sola estando yo aquí?
Estr. (Llorando.) El amor le he perdido... Mía será la culpa por no haberle sabido sujetar. (Con altivez.) ¡ Pero a que me respetes tengo derecho !
Gabr, (Con insistencia cariñosa.) ¡No has perdido nada!... Yo sí, porque he perdido la fe que tenías en mí... No me quiero vestir plumas ajenas ni darme por mejor que lo que soy... He vuelto..., no cansado... ¡perdóname!... Creía estar cogido para siempre... ¡y no!... He roto... casi involuntariameinte... ; pero, al romper, ¡he sentido de pronto una alegría tan inesperada!... ¡Era libre!... ¡Libre para tií!... Créelo, que es de veras... No lo sa- bía, pero lo he aprendido... te tengo en la raíz del co- razón. Sí, quiero el nido tibio..., necesito el calor y el perfume y la gracia de toda tu persona... cuerpo y al- ma...; tu nido..., que es el mío*., ¿verdad? (Acercán- dose.) ¿Por qué le has hecho, cuando yo estaba lejos, tan bonito y tan tibio?
Estr. ¡ Ay, para distraerme ! ¡ Ya que duermo sola, quiero dor- mir bien !
Gabr. (Con calineria.) Estrella..., déjame... estar a tu lado...
Estr. (Defendiéndose con coquetería mimosa.) No..., no puedo.
Gabr. (Insistiendo.) A prueba.... ¡Tú has de ver el maridp qiii,Q
.4q
tienes de hoy en adelante ! . . . ¡ Para un concurso de enamorados firmes!... {Hosca de pronto.) ¡ No !
(Acercándose precipitadamente a buscarla.) ¡Sí!... (La abraza.)
(Rebelde.) No..., suelta..., no quiero... ¿A qué perfume hueles? (Le rechaza con violencia.) (Sujetándola encandilado.) ¿Y tú... y tú? (Defendiéndose.) No, no.
¡Me quieres! (Sujetándola.) ¡Tú también..., lo sé..., lo veo... y eres mía !
¡ No ! (Se arranca de él violentamente.) ¡ No soy tan despreciable !
(Dolido y confuso.) ¿Tanto lo soy yo para ti? (Con un poco de desvario.) No sé..., déjame,,., vete..., es imposible... ¡ No soy un trapo que se toma y se deja !••• ¡ Me quieres ! (Con afirmación varonil.) ¡ No, no y no ! ¡ Vete ya !
(Casi con amenaza.) Mira que he venido a pedirte per- dón... humildemente...; miira que te prometo amor y lealtad... ¡No hagas irremediable un error que todas las mujeres perdonan, y que yo tengo tan buena voluntad de remediar!... Si me marcho..., si dejas que me vaya... (Con arrogancia, ofendida.) ¿Qué?
(Conteniéndose.) Nada... Pero... piénsalo... Ten un poco de compasión,.. ¿De ti?... Y de ti misma... ¡ Vete, vete, vete ! (Con ira.) ¡ Estrella ! . . . ¡ Déjame ya !
¿Tú lo quieres? (Da un paso hacia la puerta y se de- tiene esperando a que lo llame.) ¡Está bien!... ¡Buenas 'noches !
¡ Que descanses ! (Le vuelve la espalda. El, después de esperar un momento más, sale dando un portazo. Es- trella le mira salir con expresión ambigua... ; se alegra, se entristece, vuelve al centro de la habitación y se que- da inmóvil con el ceño ff uncido. Entra por la -puertecilla de escape Fernanda y se queda mirándola en silencio.) (Con alegría, hablándose a si misma.) ¡ Me quiere, me quiere I
(Sin, moverse.) ¡ Y le dejas marchar ! (Con voz opaca.) Sí... ¿No le quieres tú a él? (Con rebeldía.) ¡ Sí ! ¿Entonces? ¡No te entiendo!...
Yo tampoco... Tengo alegría..., no lo puedo negar..., tengo alegría... Es mío...; otra vez mío..., lo sé...; esas cosas se sienten..., lo mismo que sentí que me lo qui- taban...; es mío..., me quiere... ^Lo dices cpn tri^te^a?
41
ESTR.
Fern.
ESTR.
Fern. EsTR.
Fern.
ESTR.
Fern.
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Fkrn.
E§TR.
Fern.
Con rabia de mí misma... Me le habían quitado... Para recobrarle he empleado ardides de mala fe..., he fingi- do..., he mentido..., os he obligado a todos a ayudarme en mi engaño...
Todo es lícito para defender lo que es de una, para sal-« var la felicidad...
No sé...; puede... Lícito... ¡por lo menos todo es necesa- rio ! Pero era nuestro amor, al menos para mí, una cosa tan limpia, tan verdadera, tan de cristal... Por eso nun- ca me había pasado por e! pensamiento la necesidad de defenderle... ¡Y ahora sé que es de barro y frágil... y no demasiado puro... y que tengo que defenderle, si no quiero que otra vez me le quiten, precisamente po- niendo en él algo de la bajeza y la impureza con que habían logrado robármele...; y claro que lo haré, {Con apasionamiento.) y con toda mi alma, y con todo mi cuerpo, para conservarle, puesto que no puedo vivir sin él! ¡Pero, ¿qué quieres?, me desprecio un poquito a mí misma al comprender que puedo contentarme con un amor... que no es oro de ley! ¡ A ver si ahora te vas a amargar el triutifo ! {Con exaltación.) i No, no...; eso no! ¡Tengo una ale- gría..., buena y mala a un tiempo..., pero tan grande... a pesar de todo ! Me he hecho mujer de pronto... Sé que soy capaz hasta de hacer sufrir... ¡y me alegro!... Cuan- do se ha marchado..., cuando no le he llamado..., ¡se lo he visto en los ojos!..., casi me odiaba, a fuerza de quererme... o de desearme... ¿Es lo mismo?... ¡No lo sé, ni me importa! ¡No quiero que me importe!... ¡Es mío..., eso es lo único..., es mío!
{Acariciándola.) Estás nerviosa..., tiemblas.... te has puesto pálida... ¿Quieres que llame? No, no..., estoy bien...; cansada, pero bien ...No nece- sito nada... ¡A dormir, a dormir!... ¡Tú también de- bes estar rendida!... ¡Gracias, Fernanda, gracias por todo ! {La abraza apasionadamente.) ¡Tonta! {La abraza a su vez.) ¡A la r c'^'oca! (Mirándola con asom.bro.) ¿Temes?... ¿Ya?... {Riéndose.) ¡No, mujer, qué tontería!... Mi Carlos es un ángel... y me adora... No temo..., pero pienso: Lu- cifer era también un ángel... y dio la voltereta... A»í es que... por si acaso... tomo mis precauciones... ¿Tan pronto?
■ Uy ! Desde el primer beso... ¡Me muero de sueño!... Hasta mañana... ¡Duerme tú mucho, para estar guapita ! {La abraza y sale.)
EsTR. {Sola.) ¡ Ay
Me parece que he resucitado ! . . . Tenía
una losa sobre el corazón... (Suspira.) ¡Cómo le quie- ro!... ¡ Más de lo que creía ! . , . (Va hacia la cama, pero se detiene y mira hacia la puerta.) Sii volviera... (Con seguridad.) ¡Volverá! {Con miedo repentino.) ¿Y si no vuelve?... (Sonriendo.) [Porque también él tendrá su
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orgullo ! (Dando un paso hacia la puerta.) Si yo fuera a buscarle... (Con decisión.) ¿Por qué perder una hora de felicidad? (Vacila.) ¡No!... (Da otro paso.) ¡Pero sí!... (Se acerca a la puerta y va a abrirla, pero se de- tiene escuchando.) ¡Ah..., está ahí!... (Echa el cerrojo con precaución.) Quiere abrir. (Con ilusión y casi ven- cida.) ¿Abro? (Con decisión, sonriendo maliciosamente y apartándose de la puerta.) ¡No! Me voy a la cama... ¡Hay que ser fuerte... por lo menos hasta mañana! (Apaga la luz, se quita la bata rápidamente y se mete en la cama, arropándose hasta la frente, mientras cae el telón.)
4M
ENRIQUE QñRCIñ flLVñREZ Y FERMflMDO LüQUE
Calixta, la prestamista
o
El Niño de Buenavista
saínete madrileño en un acto
MÚSICA DEL
MAESTRO luna
Estrenado en el teatro ApolOi de Madrid, ei 8 de Octubre de 1925.
REPARTO
PERSONAJES actores
í CALIXTA Sra. Andrés (C).
PIEDAD » Galindo.
CLEMENCIA » Albertos.
VERBENERA l.« Srta. De la Vega.
NARCISO Sr. Gallego.
CELESTINO » Navarro.
DEMETRIO » Rodríguez (L.).
CHAMORRO » Sotillo.
TIMO » Stern.
VALE » Martínez.
CHAUFFEUR » Iborra.
VENDEDOR 1.° » Icabalceta.
Vendedores. Verbeneras y verbenerois.
0
ACTO ÚNICO
La escena representa una explanada en una verbena madrileña. A la derecha, un puesto de refrescos con mostrador al fondo y ana- quelería; mesas y sillas, en primer término, y una empalizada cu- bierta de cadeneta y ramaje que la separa del resto de la escena, y en la que hay una puerta que da paso a la explanada. Una tira de lienzo, bien visible, colocada en lo alto de la parte del puesto, que da al público, ostenta la siguiente inscripción:
«PALACE-NIZA»
Sucursal de Cenicero, 1
CASA CHAMORRO
Y en otros cartelones, convenientemente distribuidos, se leen estos letreros:
De siete a diez, se asan chuletas.
De una a tres, se asan los camareros, a pesar del toldo.
Abundancia y economía.
Vino «SI Anciano». Vinp bueno.
Tenemos toda clase de refrescos, desde zarza pa alante.
Hay organillo, pero se le están poniendo unas piezas.
Hay café, hay gambas, hay fiambres, y si alguno se marcha
sin pagar..., ¡ay su abuela!
A la izquierda, en segundo término, entrada a una barraca, sobre
la que se lee:
MUSEO DE LOS MONSTRUOS El hombre-bestia y la mujer-cafre. Únicos fenómenos visados por el Comité Internacional de Exploradores de Nicaragua (Es- tados Unidos).
(Con grandes faltas de ortografía.) En este mismo lado, y en pri- mer término, un tiro al blanco, que representa la fachada de un castillo, de cuya puerta, cerrada, descienden unos raíles que van a parar a la tarima desde donde se dispara, en la que habrá dos rifles y unas flechitas. En la almena del castillo se lee: «Tiro de la
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Manuela». Al fondo, otros puestos de baratijas, entre los que se
destaca uno, con esta leyenda: «El delirio en jarras». Practicables
a izquierda y de'recha. Es de día. Primeras horas de la tarde. Se
oye ún organillo lejano.
MÚSICA
Chamo.
Ve. i.° Ve. 2.«
Verbs.
Ve. 2.^ Veres.
Ve. 2.°
¡Al helao! ¡Al helao! ;Q!.ie está más sabroso qae el pavo trufao, y que el que lo prueba, cuando ha terminao, queda como si uno le hubiera anunciao que a su pobre padre le han asesinao. ¡Al helao! ¡Al helaol Llevo barquillitos y un acorazao. Llevo aquí galletas para el mantecao. Llevo aquí dos horas y no me he estrenao. ¡Mi madre, qué gritos! ¡Estoy alelao! ¡Al helao! ¡Ai helao!
{fZon un armadijo^ en el que lleva instrumentos y gorros de cartón.) ¡Cascos! ¡Cascos y charrascos para ir de formación! \AI 1.^) Vente a la tasca, León; a que nos sirs^an dos frascos, que con esta insolación S8 me calientan ios cascos y se despega el cartón. {Por la izquierda.) ¡Mira, ya está Paganini! Vamos al soplen. {Al Vendedor 2.^) Denos tres fagots, joven musical.
Se ejecuta fácilmente Parsifal. '
Con nuestra banda sobra la Manicipal.
Pues natural. {Los verbeneros se encasquetan unos gorros, cogen varios instrumentos y, alegremente, hacen mutis por foro derecha. Los vendedores, por la izquierda.)
Timo.
MONST.
Timo.
MONST.
Timo.
Chamo.
Cama. Chamo.
Timo.
Chamo.
Timo.
Chamo.
Timo.
Chamo. Timo.
{En la puerta de la barraca.) ¡Adelante, señores, adelante! Pasen y verán el verdadero hombre primi- tivo, el habitante de las selvas completamente vírge- nes, el ser racional que se alimenta de las raíces de las plantas y cría sus hijos con plantillas; el autén- tico cuadrumano, el hombre más mono del mundo; indígena verdad; salvaje garantizado. ¡No se deten- gan! Pasen y verán también la dama cafre, único ejemplar del Planeta, cogida a lazo en un bosque de la Australia, y bautizada con el nombre de Juana Expedita por las damas catequistas en San Francisco de California. Pasen a ver la dama Juana y al Pri- mitivo. ¡A real la entrada! ¡A real! Niños y militares, también un real. Aquí no se rebaja a nadie. ¡A real! A real pa dentro y gratis pa fuera. Vayan pasando sin aglomerarse. Bueno: me estoy gastando la saliva lo que se dice en clown. En esta barraca no entra ni el oxígeno. La gente de este barrio no tiene curiosi- daz ni aseo. [Suena dentro de la barraca un aullido espantoso.) No te molestes en hacer el hotentote, que le estoy hablando a la atmósfera. {Dentro.) Si es que bostezo. ¡Ah, ya! Creí que imitabas el aullido de un zulú. Es que me aburro como un hongo en verano. Bueno, pues toma un pito. (Saca un cigarrillo y en- tra en la barraca í)
{Al Camarero^ que ronca de bruces en una mesa.) ¡Tú, Vale! ¡Eh, arriba! ¿Qué pasa?
¡Qué va a pasar! Que si encima de la poca volunta que hay pa entrar en el merendero, os ven roncar, pues no entran ni los tullidos a pedir limosna. {Saliendo de la barraca y entrando en el merendé- ro.) Muy buenas . ¿Serían ustedes tan amables que entraran otras dos grosellas ahí a los monstruos? ¿Otras dos? ¡Pero si hoy van ya catorce, y hay apun- tas en la pizarra ciento seis en lo que va de verbena! Señor, si no lo discuto, y to se pagará en cuanto en- tren cuatro personas en la barraca. Ilusiones del pobre bestia ése. Porque yo, hasta ahora, no he visto entrar más que un guardia con una papeleta.
Ya lo sé. Y ¿sabe usté lo que les dijo el guardia? Que en la vida había visto una cosa igual . ¿Igual de qué? Que eran unos verdaderos monstruos.
^
Chamo.
Timo.
Cama.
Chamo.
Timo.
Chamo,
Cama . Chamo,
¿Sí, eh?
Que eso de abrir la barraca sin pagar al Ayunta- miento, que era una mostruosidad. Y nosotros le di- jimos que en cuanto hiciéramos balance se abonaría to cristianamente. (Coge el botijo y bebe.) El Ayuntamiento hará lo que quiera, pero yo he acordao por unanimiedad que me paguen las ciento seis limonadas, los catorce dobles y los veintitrés ca- f eses . . . Fíjese usted el líquido que arroja. Cuarenta y siete pesetas.
No, si lo digo porque me está usté salpicando los pan- talones.
Es que estoy sediento . Como que da usté más voces que Urgoiti . De modo que de las grosellas, ¿qué hay? Que hay grosellas, pero no me dá la gana de servír- selas. Y de lo referente al cobro del déficit, ahora mismo me pagan a mí esos mostraos lo que me deben, o es posible que usté esta tarde no dé función por de- función.
Hombre, no se ponga usté así.
¿Estamos? Porque a mí se me saca el Atlántico en bolitas viendo yo buena fe y necesidad; pero en cuan- to que me da en la bellota que es martingala, me pongo fuera de un servidor y soy capaz de cobrarle a Romanones . ¡So... siegúese el amigo!
De modo que yo cobro a éstos, pero que ya. {Al ca- marero.) Toma. Ahí te dejo las rodillas. ¿Pa qué?
Por si me las fracturan. Hasta ahora. {Deteniéndole .) Recapacite usté, señor Chamorro, qne lo que hay ahí dentro es la apoteosis de la fiereza. {Al camarero.) Tú. Dame la botella del ron. ¡A mí monstruos morosos! ¡Ja, ja! ¡Me bamboleo de risa! Yo creo que es una temeridad lo que va usté a hacer. {Con la botella.) ¿Quiés una copa? No; trae. {Bebe en la botella.) Yo insisto en el consejo. Me parece una locura que interpele usté a un salvaje. {Devuelve la botella.) Bueno: colosal. ¿Era de la Negrita? No. Jamaica.
Es lo mismo. Vamos pa dentro. {Se dirige muy de- cidido a la barraca^ y se oye dentro de ésta un aulli- do horroroso. Volviendo al cantarero.) Oye. ¿No has dicho que el ron era de Jamaica?
Cama. Chamo.
Timo. Chamo. Cama. Chamo.
Cama. Chamo. Cama. Chamo.
Cama.
Vale.
Clem. Déme.
Clem. Déme. Clem.
Déme.
Pie
Cle
Sí; de Jamaica.
No, hombre, no. Dame una de la Negrita, que tié más grados.
Vuelvo a insistir.
Usté me deja a mí, que yo sé lo que tengo que hacer. {Volviendo con otra botella.) Toma. (Bebiendo.) ¡Ájajá! (A medios pelos.) Esto es lo que yo quería. {Bebe de nuevo.) ¡Maldita sea mi exis- tencia! {Bebe más.) A mí el que me lo bebe, me la | paga. {Bebe, y la devuelve vacía. Se dirige^ tam- baleándose, hacia la derecha.) ¿A ver, donde está la barrica?
Pero ¿quiés beber más?
La barraca. ¿Dónde está la barraca, que no la veo? Ahí está. Enfrente. (Le enfila a ella.) Pues allá voy. . . ¡Me como los monstruosl {Avanza, tambaleándose, hacia la barraca. Vuelve a oírse el aullido del monstruo ^ y Chamorro , dando un tras- pies, cambia la dirección y hace mutis por el foro %m derecha.)
¡Eh! Señor Chamorro. . .
Déjalo, hombre, que puede que vaya a beber gasoli na. ¡Maldita sea!... A su concencia va si rabian los monstruos. {Entra en la barraca. El camarero vuel- ve a dormirse. Por la izquierda, Piedad, la seña Qlemencia y el señor Demetrio. Piedad, que viene sollozando, entra de un empujón que le da la seña Clemencia.)
¡Anda, y no me calientes, chica! ¡No rae calientes! Vamos, seña Clemencia, un poco de calma, que noÉLEM se ganó Zamora en una locomotora. Tié usté que re-| hi flexionar que es madre, y aunque dice el adagio quej te, donde hay patrón sale l3ien la confección, no ostapiE, para que guarde usté el respeto debido a un corazón lacerao por el desconsuelo .
Pues que no me caliente. {Amenaza con la mano a\ te, Piedad.) i Ieh,
Pero si es usté la que viene calentando a la chica toj kjiE, el camino.
Si es que. . . ¿No la está usté viendo, señor Demetrio? iu, ¿Cuántas veces cree usté que la he dicho que se en\ )¡je, juague las lágrimas y que cese en el hipo, vamos a ver? ¿Es que no estamos haciendo to lo posible, en lo m. que cabe, pa dar con el paradero de su sobrino de ustéífEjiE, Y lo que seguiremos haciendo, que ya lo dice el pro verbio: «El que la sigue, es que le ha agradao.»
i 'lED,
Clem,
PlED,
toiE, !lem,
-.AMA.
)eme.
Entonces, ¿pa qué llora de esa manera? Que venimos desde Amaniel sin dejar de jipar .
Y ¿qué va usté a hacerle, seña Clemencia? ¿Que jipa? Déjela usté que jipi .
¡Si es que me da el corazón que lo voy a ver des- cuartizao!
Bueno; pero hasta que no lo veas, no llores, que ojos que no ven..., trastazo que te pegas. ¿De dónde va a estar ese chico en lonchas? ¿No he- mos corrido todas las policlínicas» casas de socorro, comisarías y tiendas de embutidos? Sí, señora.
Pues entonces el accidente está descontao. Por eso hay que pensar en el secuestro. Tié usté razón, señor Demetrio. Lo han secuestrao. (Sollozando siempre.) ¡Pobre Narciso!... ¡Lo tendrán en una mazmorra, sin luz, con un jarro de agua na mas y dándole palos!
¡Claro! Si no toma más que agua, no le van a dar pa- lillos .
No lo tome usté a chufla, madre, que ya sabe usté que tengo un corazón que no me engaña nunca. Eso, si. Que esta chica parece una pitonisa.
Y hoy me lo dice el corazón: ;Lo encontramos des- cuartizao!
¡Rebanada! Pero, oye, tújeso-deJSpitonismo ¿esverdad? El Evangelio; que ésta lo acierta to, señor Demetrio. ¿Cuándo quiere usté que le eche las cartas? No; que no se moleste. ¿Por qué?
Porque no escribo a nadie, {Sollozando más.) ¡Ay, Dios mío de mi vida! Bueno, pues ¡caray!, que me ha puesto nervioso y voy a tener que tomar una de Cazalla. Anda, pasa aquí al «Palace». (Pasan al merendero.) ¡Ay, mi Narciso! ¡Ay, ¡Ayl ¡Que no me calientes, chica!
Gachó. Te hacías de oro inaugurando cacharrerías. {Se sientan.)
Buenas tardes. ¿Qué van ustedes a tomar? Yo, una bola. Aquí, la señora, «María Brichard», y la joven llorosa «Lacrima Cristy». Está bien.
Bueno, y tomemos la cosa con calma, seña Clemen- cia, que no por mucho madrugar amanece lloviz- nando.
di
Cama. Déme.
Cama. Déme.
Cama.
Déme. Cama. Demh. Cama.
Celes. Cama. Celes.
Déme. Celes.
Clem. Celes.
Déme.
Celes. Déme.
Celes. Déme.
Pied.
¿Ha dicho usté una bola?
He dicho una verdá como un San Isidro, pongo por
templo. Y oiga usté, mozo.
Usté manda.
¿Conoce usté por chiripa a un tal Celestino Blanco, que creo que está colocao en esta verbena? Precisamente he hablao con él hace un momento. ¿Quiere usté que venga? Hombre, sí.
Pues ahora mismo viene ese señor. Voy a llamarlo. Vaya usté de prisa.
Como una flecha. (Va al tiro, toma una escopeta, apunta al blanco y dispara. Se abre la puerta del castillo y aparece Celestino Blanco con un Jrac rojo^ calzón corto, zapatos de caña y una bandejita, en la que lleva un bock de cerveza . Rígido como un mu- ñeco rueda por los ralles y va a detenerse frente al camarero.) Oye, Celestino; ahí un caballero que de-i sea hablarte. j
¡Ahí Pero ¿no ha sido premio? |
No. '
Pues con tu permiso, que es Pilsen. {Se bebe el bock.! Me tienes a tus órdenes. {Se dirige hacia el meren dero.) ¡Atiza, los perjudicados!... {Saludándolos con gran finura.) ¡Señor Demetrio! ¡Seña Clemencia!, Cei ¡Calle, Piedacita! Pero ¿cómo? ¿A qué se debe el ele- vadísimo honor de venir ustedes comanditariamente a los pies del rastrillo de mi sencillo castillo?. Siéntese usté, amigo Blanco, y refresque si gusta. Hombre, con mil amores, porque la verdad es quíi con QstQ fraque estoy asao. Pues más bien parece que está usté cocido. Oye, Vale, pasa el paño por este borde, que siempr <\\XQ vengo me llevo una lámpara al torreón. Lamento que cuide usté tanto la pulcritud de la ves timenta, porque puede que se caiga usté al suel cuando le digamos lo que nos trae. ¡Caray! (Te veo de venir.) ¿Qué ocurre? Pues que hace cuatro días ha desaparecido Narcisc sin dejar holló.
¡Aguanta! Pero ¿qué me refiere usted? Y estoy yo y está aquí la joven, que como usté sab< es su novia, que se nos ahoga en una jicara. ¡Ay, Virgencita santa del Socorro! ¡Ay, San Juanit Crisóstomo! ¡Ay, mi Narciso! {Llora.)
Cfií
Bueno, bueno; pero que yo me entere. Vamos a ver, Va- le, una de patatas pa mí, que la fécula inspira mucho.
Y ¿qué quieres pa las patatas? Otra de aceitunas.
¿Y pa las olivas?
Un cangrejo.
¿El cangrejo lo tomarás lo último?
Sí; pa irme a casa. Conque venga el prólogo. ¿Decían
ustedes...?
Que mi sobrino ha desaparecido hace cuatro días.
Cuatro días: muy bien.
Y que hemos recorrido las «comis», casas de socorro, etcétera, y el misterio más absoluto.
Más absoluto: muy bien.
Y yo creo firmemente que mi Narciso está secuestrao en una mazmorra, sin luz ni alimento, y muy mal. Muy mal: muy bien.
Bueno, y que tenemos la cabeza de pensar lo que le habrá ocurrido al muchacho, igual que si nos hubié- ramos leído la Guía de ferrocarriles de una cin- cuenta.
Pa una meningitis: muy bien.
Porque, vamos, es que nos hacemos los sesos monda- rín y no se nos ocurre dónde pueda estar, porque usté ya conoce a Narciso. ¿No? Señor Demetrio, esa pregunta holga^ como la prime- ra. Yo a Narciso, a más de conocerle, le quiero como si le habiá dao el ser... Lo que es, que es el ser más bueno, más dócil y más idóneo de toda España. Po- cas personas, señor Demetrio, yo se lo digo a usté, muy pocas personas podrían comparársele. Las patatas. Muy pocas.
Las que entran en la ración . ¿No tengo ración, digo, razón?
Pues por eso le hemos llamao a usté; porque nos diji- mos: «Vamos a ver a Celes, que hace tres noches le vieron con Narciso tomando unas copas en el «Mono Bar», y a ver si le contó algo de sus proyectos». Efectivamente. Hace tres noches tomamos unas copas en el susodicho cuadrumano, sito en Carretas, once, y nada, estuvo muy poco locuaz, locuaz que me chocó.
Pero ¿no notó usté algo de incoherencia, algo de es- trabismo en la vista?... Algo de falta de memoria.
53
Celes.
PlED.
Clem. Déme.
Celes.
PlED.
Clem. Déme.
Celes. Cama.
Déme. Cama. Déme. • Celes. Todos. Celes. Todos.
Pied.
Déme.
Cí.EM.
Celes.
Déme. Celes.
Pied. Celes.
54
Sí; le noté una falta de memoria bastante pronun- ciada.
¿Sí, verdad? A ver.
A ver. (Se aproximan a Celestino con mucha expec- tación.)
Porque en la plaza del Progreso, casi al desembocar en Mesón de Paredes, de pronto, ¡zas!, me dan así en el hombro, vuelvo la ^cabeza, y el chico del «Mono Bar» que me dice: «Caballero: que se han ido ustedes sin abonar la docena de ojenes.» ¡Pobre Narciso!... Claro que le pidió mil perdones al muchacho y abonó la ronda, y no sé más, porque él tiró pa la de Valen- cia y yo pa la Colegiata.
{Rompiendo a llorar a gritos.) ¡Ay, madre mía, que Narciso no se acuerda ya dónde vive!... ¡Ay, que me voy a volver loca!
{Gritando más que Piedad.) ¡Pero te quiés callar, soj recondena; que la que se va a volver loca soy yo!.. . {Gritando más que Clemencia.) ¿Quiere usté no dar esas voces, seña Clemencia? ¡Caray! ¡Que yo sí que estoy pa un manicomio!,. .
{Gritando más que Demetrio.) ¡Pero, hombre de Dios, no des esos gritos, que van a venir los guardias! {Gritando más que Celes.) ¡Bueno, señores, que no hay derecho a perturbar un local tranquilo y a que se queje la parroquia! {En tono natural.) ¿Qué parroquia? La del Buen Suceso, que pué que lleguen los gritos. Está bien.
¡Callarse un momento! ¿Qué?
¡Silencio!. . ¡Unos breves instantes! {Qon ansiedad, creyendo que se le ha ocurrido algO y que lo madura.) ¿Qué? ¿Qué es? ¡Ckisss!
¡No interumpirle!
No; que creí que me llamaba la seña Manuela. {Mur- mullos de decepción .)
;Ah! Pero ¿no es que se le ocurre a usté algo? Sí; ya está. . . Ahora que caigo. Narciso me habló de Gijón. ¿De Gijón? Sí; me dijo que pensaba ir a Gijón a ver a no sé
quién, que le había hablado no sé cuándo, para ha- cer no sé qué .
Déme. {Levantándose.) Pues andando . A ver si está allí.
Celes. (¡Atiza!)
Déme. ¡Camarero! ¿Qué se debe?
Cama. Dos noventa y cinco.
Déme. Dos noventa y cinco, seña Clemencia. Y arreando pa
Grijón, que to hay que hacerlo con diligencia. Clem. Pero ¿es que hay diligencia pa Gijón? Déme. Es un refrán. Señor Celestino, gracias por la pista,
y hasta la vuelta. Celes. Que el señor les ilumine a ustedes; sobre todo al vol- ver, que será de noche. Déme. Abur. PiED. ¡Ay, que lo encontremos! ¡San Antonio bendito, te
ofrezco un corazón de cera!... {Llorando.) ¡Ay! ¡Ay! Clem. {Af nenas ándala.) ¡Que no me calientes, chica! ¡Que
no me calientes! {Hacen mutis Joro izquierda.) Celes. ¡Maldita sea! ¡Ya me he manchao el fraque! . . . Cama. Oiga usté, señor Blanco, y ¿qué es lo que le habrá
ocurrido a ese chico? Celes. Pues a es© chico... Bueno; yo supongo que tú serás
discreto. Cama. ¿Quién, yo? ¡Soy un biombo! Celes. Pues verás lo que ocurre... {Va a la izquierda., mira
y vuelve.) Cama. Me tiene usté con un interés de usurero. Celes. Tú ya sabes quién es Narciso. Cama. El niño de Buenavista. Celes. Eso es. Sobrino del señor Demetrio y ahijao de don
Paulo el jaulero, que ya conoces. Cama. El de Trajineros.
Celes. No, el de Ministriles; el que hace jaulas pa Beatas. Cama. ¿Jaulas pa beatas? Se me hace raro. Celes. Pa Beatas, catorce: la pajarería del Cuco. Cama. ¡Ah, bueno! Celks. Pues Narciso y esta chica tenían relaciones, y en
esto ¡zas!, surge la seña Calixta la prestamista... Cama. ¿La de Nicolás Salmerón? Celes. No; la de Andrés Borrego. Cama. ¡Ah, sí! Celes. Pues surge y conoce al Niño de Buenavista, y se me
enamora del muchacho como una tobillera. A mí me
confesó su estao de ánimo, y tú ya me conoces: dije «aquí hay un negocie», y comencé a atizar el fuego
55
de su corazón de una forma que no se podía perma- necer a su iao sin soplar.
C AAi A . ¡ Qué fogarata !
Celes. Reasumiendo: que me encargué de hablar a Narciso, y que le pinté un porvenir de fastuosidad tan pingüe, que va y me dice: «¡Basta! ¡Soy suyo!» Y al día si- gainite se largó con Calixta, y me le tiene instalao en un botelito del barrio de doña Carlota, con auto- piano, lulú y una de satisfaciones a capricho, que ni que hubiera encontrao una garrota áe virtudes.
Cama. ¡Parecerá una cocotre!
Celes. Eso, sí; el muchacho, que como bueno es un bizcocho curda de Guadalajara, me está agradecidísimo, y la seña Calixta no te quiero contar. Fíjate qué preciosi- dad de cronómetro, termómetro, barómetro, me mandó el otro día de su establecimiento de compra- venta. {Enseña un reloj extravagante .)
Cama. ¡Recópell ¡Qué aparato más complicao!
Celes. Da la hora, las medias y los cuartos. Anuncia el tieín- po y las borrascas de la mar; te da la temperatura atmosférica y la tuya, porque si ties fiebre, te lo po- nes debajo del brazo y te toca «Las golondrinas».
Cama. Dirás los golondrinos.
Celes. Oye, no te chufles. {Se oye dentro la, voz de Calixta y el Chófer.) ¡Calla! ¿Qué pasa? {Mirando hacia la primera izquierda.) ¡Arrea! La seña Calixta despo- tricando con un chófer... Espera un momento. {Hace mutis por primera izquierda.)
Cama. ¡Anda, pues es verdá! Es la seña Calixta de bronqui- tis con un chófer. En hablando del ruin de Roma, en un «taxi» asoma, como diría el señor Demetrio. (P^sa al merendero. La seña Calixta^ seguida del Chófer^ por la primera izquierda.)
Bueno^ bueno; déjeme de guarismos, que ahora no tengo yo la cabeza para multiplicaciones. {Llaman- do.) ¡Narciso!...
Pero, señora, venga usté a razones. El contador mar- ca treinta y cinco con sesenta, y yo ¿qué le voy ha hacer?
Ese contador marca mal. ¡Narciso!... Marca mejor que una Singer, señora. Vengan las diez pesetas que me faltan en la cuenta, y no armemos belenes.
Pero ¿dónde se ha metido ese chico? ¡Narciso!.. ¡Ciso!... ¡Cisín!.. . ¿No está por ahí, señor Blanco? {Dentro.) No le veo .
(Salix.
Chófe.
Calix. Chófe.
Calix. Celes.
Calix. Chófe.
Calix. Chófe. Calix.
Chófe.
Calix.
¡Anda la caravana! Pero ¿dónde se habrá ido? Puede que a avisar a un guardia; como le dije que a mí se me abonaba el total o de una pata le estropea- ba el charis.
¿Y hubiera usté sido capaz de pegar a un menor? Usté déme las diez, o va a haber bulla. Abusa usted de que no aparece mi hombre. Ahí van las diez, y conste, chófer, que usté me atropella. Está bien. Y pa otra vez desenganchen el tubo acús- tico, que se oyeto... (Mutis.) ¡Narciso! . . . Bueno; yo me voy a volver loca.,. {Por la izquierda, de prisa ) Tranquilícese usté, seña Calixta, que ya le he encontrado. ¡Ay! ¡Gracias a Dios! Y ¿dónde está? Tenga la bondad de darme quince pesetas. ¿Para qué?
Para abonar ocho fotografías humorísticas que se ha hecho ahí en la barraca que se titula «La Placa Guasona».
¡Anda la caravana! Y ¿para qué se ha hecho tanta «foto»? Un capricho.
Pues sí que es despreocupao. Esto de la fotografía le retrata. Bueno: ahí va. {Le entrega dinero.) Uno de cien. No tengo pequeños.
To llegará, seña Calixta. Voy pa que abone. (Vase.) ¡Qué chico!... ¡Qué chico es; pero qué monada! {Mi- rando hacia la izquierda.) Ya viene ahí. Como gua- po es un embeleso, y como figura puede pasar por Apolo..., y tomar una delantera. Claro que he gastao lo mío en vestirle, pero le luce, porque el chico tie chis.
[Asomando.) ¿Se ha ido ya el chajjeure? Sí, mi vida. {Se oye una bocina.) (Avanzando.) Lo siento . Y ¿pa qué te ibas tú a perder, nene mío? . Digo que lo siento marchar; que esa bocina debe ser la suya.
No te preocupes. Ven acá, negro. Mira, senegalesa: fíjate qué ocho posturas me he he- cho allí en aquella fotografía hilarante. {Enseña va- rias cartulinas que trae en la mano.) A ver. ¡Anda la caravana! Pero ¿qué es esto? Yo, en aeroplano. Figura que surco el éter en un «Bleriot». Yo estoy aquí detrás agachapado entre dos cajones.
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Calíx. ¡Ay, es verdad! Pero ¡qué bien! ¡Estás jamón!
Narc. No; estoy embutido.
Calin. Bueno, es ig^ual. Tó se come.
Narc. (^Enseñando otro.) Mira aquí.
Calix. ¡Jesús, qué risa! ¡De torero! ¡Ja, ja!
Narc. Fíjate qué pase le estoy dando a uno de Concha y Sierra.
Calix. ¡Qué bárbaro! ¡Cómo das el pecho!
Narc. No; donde doy el pecho es en éste, que estoy de no- driza. Repara. Ci
Calix. ¡Qué exageración! ¡Qué bestialidad!
Narc. Son tretas del pintor, pa que ría la gente. {Vuelve el\ señor Celestino.)
Celes. ¡Caray! No se encontraba cambio del billetito^ ni pa el Todopoderoso... He tenido que ir a un «tiovivo» a que me dieran la vuelta. Aquí la tié usté. ¿Qué? ¿Cómo ha encontrado usté al pollito en los clicheses?
Calix. Pa tumbarse .
Celes. Usté siempre tan comodona. (A Narciso.) Y esto que llevas debajo del brazo, ¿qué es?
Calix. Una oleografía que nos ha tocao en una tómbola.
Calix. {Desenrrollándola.) Mire usté qué primor. Prim y O'Donnell en la guerra de África.
Celes. Es verdad. ¡Cómo luchan los soldados! Y qué bien está O'Donnell. . .
Narc. ¿Le ha conocido usted?
Celes. Digo que qué bien está, porque está a caballo.
Calix. Fero ¡qué O'Donnell! ¡Si éste debe ser Prim!
Celes. A mí me parece O'Donnell.
Calix. A mí, Prim.
Narc. Y a mí, su abuela.
Celes. Lo mismo da. El caso es que es precioso.
Narc. {Enrrollándolo .) Sí; pero yo tenía capricho por una araña preciosísima que había en la tómbola, pa ha- berla puesto en el recibimiento del hotel.
Calix. Pero ¿qué dices? ¿Tenías tú capricho por aquella ara- ña, y no me has dicho na?
Narc. Yo, para que completara el recibimiento.
Calix. Pues claro.
Narc. Es que compra sin rifa marcaba trescientas pesetas.
Calix. Y ¿pa qué tengo yo la mosca, sino pa la araña y pa to lo que a ti se te antoje?... Ya es tuya. Siéntate ahí con el señor Celestino y refresca tan y mientras voy yo por el ojehto. Hasta ahora. Mira si mi cuerpo le llega a saber. . . {Le da un beso furtivo^ v hace mu- tis primera izquierda.)
m
Celes. Has hecho tu suerte, chieo.
Narc. Estoy como el pez en la piscina. Haga el favor de
tirarme de las mangas, señor Celestino, que se me
/ contraen a cada paso. [Tiende los brazos y Celestino
le estira las mangas.) Me está dando la tarde esta
americana de sport.
Celes. Pues es la última.
Narc. Ya lo creo que es la última. La última que me hago en esa sastrería.
Celes. Baeno, t'^ngo que hablarte antes que vuelva la seña Calixta.
Narc. ¿Qué acontece?
Celes. Que tu tío Demetrio, la seña Clemencia y Piedad t9 andan buscando.
Narc. ¡Me la he buscao!
Celes. Que han estao aquí a ver si yo tenía una idea de tu paradero, y que la idea que he tenido ha sido la de mandarlos fuera de Madrid,
Narc. ¡Ole! Muy bien.
Celes. Los he mandao lejísimos.
Narc. ¿Dónde?
Celes. No puedes figurártelo.
Narc. ¿A un puerto marítimo?
Celes. ¡A jajá!
Narc ¿A Jajá? ¿Dónde está eso?
Celes. Digo que ajajá; que los he mandao a Gijón.
Narc ¿A Gijón? ¡Mi madre! ¡Qaé punto!
Celes. De Asturias.
Narc No; si me refiero a usted.
Celes. Conque ¡tuyo es el planeta que habitamos!
Narc {Entristeciéndose.)\VobvQ^\Qá2iá\ ¡Cómo me quiere!...
Celes. ¡Y tú sabes lo que te idolatra la seña Calixta!
Narc No, si yo no estoy descontento de su cariño. Que lindo objeto que ansio, «ipso facto» lo hace mío; pero usté no sabe lo que es llevar un año junto a un pecho turgente, aspirando el aroma de una carne joven, y de pronto sentirse acariciado por una foca polar y repelente.
Celes. Mira, Narciso, no seas romántico. A ver si lo que has ganado por bonito lo vas a perder por besugo. Que el amor es más dulce mirando un rostro joven y bello que contemplando un queso de Burgos, eso es de la época de Vigfredo el Velloso; que no es lo mismo besar una boca roja y carnosilla que depositar un ósculo en la raja de una hucha, lo saben los patago- nes; pero lY la buena vida, y la buena alimentación,
59
Narc.
Celes.
Narc.
Celes.
Narc.
Celes.
Narc.
Celes.
MoDis.
Ellos.
MODIS.
y la buena ropa, son un suplicio chino? No, no y no. Que un muchacho de tus condiciones físicas, con un talle que una palmera a tu lao es el Guernicaco Ar- bola, no debe pudrirse en una imprenta al lao de aquellos tipos...
Y esto es vivir emparedado en vida. I Qué va a ser!...
Sí, señor Celes: soy un emparedado. Eres un petisú. Palabra.
Yo no puedo más. Veo una modistilla y pierdo la ca- beza con sombrero y todo.
Pues no te prives de nada; que su miaja de celos no le vendrá mal a la seña Calixta. {Mirando hacia la izquierda. Alegre.) ¡Fíjese! ¡Fíje- se qué verbeneras asoman por allí! ¡San Pascual tanguista! ¡Qué álbum! {Las verbene- ras, yo: la izquierda.)
MUS 10 A
En huelga declaradas aquí llegamos las de madán Cotí; venimos a la verhe todas alegres a gozar de la vi. Porque vivir no puede una hija de Madrí sin columpiar su cuerpo subida en un tío vi. ¿Dónde va lo bonito, dónde va lo juncal, dónde va lo garboso con papeles por chai? Vaya un par de frescales; la «tualé» les chocó; tiene usté más ingeDÍo que el espri de un chapó. El mantón verbenero de papel de Manila en la Corte se estila porque hay poco dinero; si se lleva con salero este chai papelero vale tanto como el de crespón .
m
I
MODIS.
Celes.
Narc.
Celes.
Narc,
Celes.
Los DOS
Aquí a marcarse un chotis.
vendrá vuestra pandilla.
Aquí a bailar venimos
todas de coronilla.
Pues a bailar
lo que se baila ahora en Madrid
y que es el paso
de la linda codorniz.
Fijarse que es un baile
la mar de divertido,
y al danzar hay que hablar
y cantar y saltar.
El macho la llama...
Y la hembra reclama.
Y va sin escama
si allí el macho está.
Y el macho entre tanto dice así su canto:
¡Pa, pa, pa!
¡Pa, pa, pa! Pajarito rebonito, bello codorniz, dame, dame tu patita
y seré feliz . Pajarita, sabrosita, mi patita ten
y bailando nuestra danza ya verás qué bien. Que estos tíos están locos me está dando en la nariz, pero tienen unos golpes propiamente de perdiz. ¡Ay, qué risa! ¡Cómo bailan! Su meneo es un primor y fijarse que reclaman mucho más que un acreedor. La hembra, coqueta... ...da saltos, inquieta.
Y va, pizpireta... ...de acá para allá.
Y el macho, entre tanto, dice así su canto:
¡Pa, pa, pa! ¡Pa, pa, pa! Pajarito, rebonito.
etc., etc.
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HABLADO
Celes. Conque ya saben ustedes el último grito en bailes modernos.
Ver. i .** Y que nos lo vamos a marcar en el primer salón que encontremos.
Celes. ¿Las acompañamos, Narciso?
Narc. ¡No me tientes, Mefistófeles!
\'¥Ai. 2.'' Aquí, el pollo pera, ¿aguarda a alguien?
Celes. Usted lo ha dicho. Aquí el pollo espera.
Ver. i.« Pues aleteando, chicas.
Ver 2.« Y que nos guarde usté la cría del fraque para este Carnaval, que nos vamos a disfrazar de quisquillas. {Ríen.)
Celes. ¡Quisquillosa! (Bis del rico y mutis de las verbene- ras por la derecha.)
Celes. jA vivir, chico!
Narc. ¡a vivir y a beber! Vamos ya pa dentro. {Entrando en el merendero.)
Celes. Ties razón: que la seña Calixta está al caer.
Narc. No; si yo lo hago por si vuelven Piedad y mi tío. (Se sientan a una mesa.)
Celes. Pero ¿no te he dicho que están camino de Gijón?
Narc. ¿Y usted supone que se lo han creído de veras?
Celes. ¿Que si se lo han creído? Como que a estas horas de ben estar por Avila.
Narc. Entonces ¿puedo estar tranquilo?
Celes. Completamente. {Por el foro izquierda, Piedad, so- llozando, Clemencia y Demetrio.)
Clem. ¡Que no me calientes, chica! ¡Que no me calientes!
Pied, ¡Perdido! ¡Perdido para siempre!...
Déme. Señor, que la cosa no es pa tanto. ¿Que se ha perdi- do? Bueno. Peor es que se hubiera perdido por darle a uno dos púnalas. Que el peor mal de los males es ingresar en penales. Y ya ves, te lo digo yo que soy... {Mira al merendero^ y grita.) ¡Su padre!
Clem. ¿Que es usté su padre?
Déme. ¡Narciso! ¡Allí!... {Indica.)
PiED. ¿Dónde?
Déme. Allí: hablando con Celestino.
Clem. ¿Es posible?
PiED. ¡Sí! ¡Es él! ¡Mi Narciso! {Avanza.)
Déme. ¡Quieta!... Ese hombre nos ha dicho que estaba en Gijón. Aquí hay morrongo encerrao.
Cli:v5. Estoy con usté.
Demk. Callarse y venir pa aquí a ver si oímos lo que ha-
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blan. {Se acercan con cautela a la empalicada, y es- cuchan.)
Narc. y ¿a qué hora cree usté que llegarán a Gijón en el «taxi»?
Celes. Pues llegarán a eso de las doce, si no chocan, que yo creo que sí; porque la seña Clemencia tie una cara que choca en todas partes. ¡Ay, qué rico! ¡Chiss! ¡Callarse!
No me negarás que he tenido un éxito. Porque así podrás circular libremente todo este período verbe- nero y cuchipandinearte con la seña Calixta. ¿Eh? ¡Dios mío! ¡Una mujer! ¡Chissl ¡Callarse!
Claro que volverán, y que tu tío seguirá buscándote como un zorro, porque si tú no apareces, se le acaba el momio de vivir sin trabajar, que ha sido siempre su manía, porque tu tiús^ con tu perdón sea dicho, pero tie una frescura que le echa el aliento a un be- sugo y se conserva un año. ¡Ay, su abuela! ¡Chiss! ¡Cállese ustél
(A Narciso, que ha sacado una carta y la lee.) Pero, bueno, ¿qué es eso que lees que haces pucheros? Una carta de Piedad, que me escribió el día antes de mi fuga con la seña Calixta... {Dando un grito.) ¡Ah, infame! ¡Ah, ladrón!
(A Piedad.) ¡Chiss! Llora pa dentro, que no se oye. Es una carta que no puedo olvidar, porque parece que lo presentía to. Tie un párrafo que hace llorar a una pandereta. ¿Qué dice?
Aquí, al final. Fíjese usté. {Leyendo.) «Y si tú me abandonases ahora, ¿qué sería de mí? ¿Quién lavaría mi honra?» ¿Eh?
¡Relavabo! Eso ¿qué quié decir?... Pues esto quié decir, señor Celestino, que la madre de Piedad va a ser abuela... ¡Mi abuela! ¡Piedad! ¿Tú? Sí, madre mía.
¡Ah! (Da un grito. Piedad se echa en brazos de su madre ^ ocultando el rostro.)
63
Narc.
Celes.
Clem.
Déme.
Clem.
Celes.
Déme.
Narc.
Clem.
Déme.
Clem.
Narc.
Celes.
Déme.
Narc.
Celes. Déme.
Celes.
í )EME.
Celes. Déme. Celes. Déme. Celes. Clem.
PlED.
Narc.
Déme. Celes.
PlED.
Narc. Clem. Narc. Clem.
PlED.
Déme.
Caltx. 04
¿Eh? {Escuchan.)
i Hija!
¡Chica!
¡Se ha desmayao!
¿Oyes?
Pásela usté pa darle agua. ¡Esa voz! , . .
{Entrando al merendero con Piedad.) ¡Agua! ¡Agua! ¡Agua!
{Al verlos.) ¡La mar! ¡El diluvio! {Se levantan.)
¡Quietos ustedes, que tenemos que celebrar una in- terviú! {Ayuda a sentar a Piedad en una silla. El camarero^ que acude^ trae agua. La seña Clemencia echa aire a su hija, y le da el agua, etc.) ¡Ay, señor Celes, que no me llega la camiseta al ombligo, de corta que es! Serenidad y sangre congela.
{Volviendo a Celestino.) ¿Conque decía usté que éste estaba en Gijón? Pero ¿han ido ustedes a; Gijón? Y lo hemos recorrido todo . ¿Es posible?
Desde la terraza hasta los billares. ¡Ah! ¿Pero ustedes donde han ido es al café? Natural; al café de Gijón.
{A Narciso.) ¿Qué te parece? ¡Ten ideas para esto! ¡Hija! ¡Hija de mi alma! ¡Madre!... ¡Estoy perdida! ¡Perdida! Ya vuelve, ¿verdá? ¡Qué va a volver, si está perdida! ¡La que va a volver es la seña Calixta! {Sale a la puerta.)
¡Ah! ¡No quiero verle! ¡Es un Q,2^n2í\\di\ {Rechasando a Narciso.) ¡Piedad!
¡Miserable, ladrón! ¡Clemencia!
¡Yo te arreglaré, y a esa seña Calixta, por ésta qae la clavo los diez dedos así en la cara, de arriba abajo! ¡Y yo la muerdo!
¡Y yo la mondo! {La seña Calixta, con una araña por la izquierda.) {A Celestino, que está en la puerta del merendero.)
Ahora verá usté qué recibimiento.
¡La araña! (Acude a Calixta.)
Eche usté una mano, pa entrarla en alto. ( Va a en*
trar.)
{Deteniéndola.) No, seña Calixta.
¿Qué pasa?
Pasa, qae no pase usté ahí dentro, si no quiere salir
como una breva.
Pero ¿qué breva?, digo ¿qué pasa?
{Levantándose de un brinco y atropellando a los
que la atienden.) ¡Que no lo quiero ver!... ¡Vamonos,
madre, vamonos! (Sale fuera del merendero. Todos
la siguen.)
Pero, hija...
¡Piedad!
¡Muchacha!...
{Al ver a la seña Calixta da un grito y se detiene.)
¡Ah!... ¿Usted?
¡La prestamista!
¡Doña Juana la Viruta!
(Una cogida con aparato.)
Yo. Sí. ¿Qué?,.. {Dándole a Celestino la lámpara.)
Ahí va eso.
¡Otra lámpara!... Me despide la Manuela.
MÚSICA
Demé. Es usté la dama que sin aprensión se llevó este pollo trincao de un alón, y le ha vuelto loco yo no sé con qué. Mil enhorabuenas, y chóquela usté.
Ci.F.M. Usté con billetes, casi tos robaos, y dejando en cueros a cien desgraciaos, compró, sin reparos, este maniquí. Que será precioso pero es un gilí.
PiED. Yo inocente en paz vivía, pues fié en su juramento, que juró que me quería con pasión v arroba mi eijtOj y to fué palabrería
m
y falsía y fingimiento. Déme. Si yo sé esta porquería
de un tortazo lo reviento. Calix. Yo no sé a qué viene
tanto guirigay,
ni tanta jindama,
ni tanto ayayay,
que esto paece un drama
a lo Echegaray .
Yo soy esa dama;
¿qué ocurre? ¿Qué hay? Celes. Yo suplico a ustedes
gran circunspección,
y a a ver si encontramos
una solución.
Solución yo creo
que alguna ha de haber,
y si no se busca
la de Potover. Déme. Usté aquí se calla. Narc. ¡La que se va a armar! Clem. Silencio un instante,
que yo voy a hablar.
Mi chica, que es un trozo de jalea,
y más inocentona que un sangüís,
se enamoró cegá de esta lamprea
y se han estao dos años vis a vis.
El chico también tuvo su demencia,
y estuvo enamorado de Piedad,
y, claro, cometieron la imprudencia
que es tan característica en su edad.
Y llega en esto éste
y va y dice al cajista
que cueste lo que cueste
se vaya con Calixta,
y el muy positivista
se deja abandona
por una prestamista
una muchacha honra.
¿Es esto cierto? Calix. Claro que sí;
pero es que ahora
se me oye a mí.
Ustedes se figuran
que yo he cogido,
talmente que un poUuelc
que está en el nido.
m "' ■'
al joven circunspecto
que nos escucha
callao, porque vergüenza
le sobra mucha.
Pero ustedes padecen
errores graves:
yo no subo a los nidos
a coger aves .
El se vino a mis brazos
porque me quiere,
y si no que declare
la que prefiere
Que él lo declare;
pues no que no.
Yo es lo que anhelo.
Y yo.
Y yo. Ven aquí, so insensato, pa saber la verdá; di por quién te decides: por aquí o por acá. Se me ha hecho un nudo sobre la nuez; yo sudo engrudo, yo sudo pez.
No te obceques y recuerda lo felices que hemos sido. Ten en cuenta mis obsequios y el Renol que t'he ofrecido. Me juraste... Me ofreciste. . . Serme fiel. Tu monopolio. ¡No me dejes 1 ¡No la escuches! ¡Yo me voy a desmayar! Decide pronto, confiesa ya si es la Calixta o es la Piedad. Pues es la...
Dilo* no seas pipiólo. Mia que hay venenos. Mia que hay vitriolo. Pero, pingüino,
^
¿quieres hablar? Narc. Si es que no acierto
más que a sudar. Todos. (Etc.)
HABLADO
CíLl^'
Demé. Bueno. Visto y fallao. Tú, Narciso, a coger del brazo a esa paloma y a llevártela al nido y a pagar deuda que ties con ella, y a lo hecho biberón .
Narc. Es que... ÍDeme
Déme. ¡Hala! ^'^Jl
PiED. No, señor Demetrio. De ninguna manera. MuchasDEME, gracias por su interés; pero lo he visto con una cla^Ci ridá que m'ha cegao. Narciso ya no es mi Narciso, ypEME yo a la fuerza no quio na. -¡Na!... Que se quede con ella, que, después de to, le hará mucho más feliz codíIcai sus billetes, que yo con mi corazón, aunque sea de oro de ley. Conque, vamonos, madre...
Clem. Sí, hija, vamonos; que vales tú mucho pa implorarjiAi un afecto. Dios dirá, y lo que sea...
Déme. Llorará .
Clem. De modo que salú pa ahorrar específicos, y que ben diga el enlace el patriarca de las Indias.
PiED. Vamos.
Clem. Arre voire. (Hacen mutis primera isquierda.)
Narc. {Con un arranque.) ¡Se val... ¡Y me desprecial.. Pues no, ¡ea!... ¡A mí, no!... ¡Piedad!... ¡Piedad!.. {Mutis ^ corriendo por la primera izquierda.)
Calix. ¡Narciso!...
Celes. Pero, ¡so loco! {Iratan de ir tras él, y el señor De ^ metrio rápidamente coge una escopeta del tiro y se ^' interpone, apuntándolos.)
Déme. ¡Che! !AltoI ¡Al que se mueva^, le ñecho!
Calix. ¡Anda la caravana!
Celes. ¡Señor Demetrio!...
Déme. Tú, Fra Diávolo de fra: a tu castillo. (Le amenaza con la culata.) ¡So tronera! (Celestino huye al blanco)
Calix. ¡Pero, señor Demetrio! ¡Déjeme usté que le detenga, que le hable!... ¡Por piedad!
Déme. Pues por Piedad lo hago, señora.
Calix. (Desesperada-) ¡Ay, que se va con ella! ¡Ay^ que a mi me va a dar algo!
Déme. A usté no la va a dar nada, que yo conozco a mi hijo. No se apure usté.
68
)eiie.
LIX. )E1IE,
^i ;ai,ix.
)e:j[. Ialix,
)eme, kux, (eme,
ÍLIX,
.ALIX.
)eme, "alix. )eme.
)eme. 'alix.
)eme.
ÍALIX. >EME.
>EME.
ALIX.
!Ay! ¡Qué va a ser de mí ahora, Virgen de la Sole- dad! Desgraciada, vilipendiada, abandonada y ho- llada, señor Demetrio, porque yo también estoy ho- llada.
¿Como hollada?
Sí, señor, hollada, que no sé cómo decírselo a usted de una forma más gramaticaL Que si su sobrino tiene un deber que cumplir con esa doncella, también lo tiene que cumplir conmigo. ¡Arrea!
Y yo creo que de esto se hará usté cargo. Que se lo haga la Diputación, señora. ¡Encima de lo que yo me he gastado!
¿Lo ve usté? Si el refrán no marra. «Quien a ajeno can da pan, pierde pan y pierde can.»
Y que lo diga usté. Que Narciso se me ha comido en diez días una libreta.
¿Nada más? Eso es que ha estao inapetente. Una libreta de cinco mil duros que tenía en el Monte. ¿Y a eso le llama usté una libreta? ¡Eso es la Panifi- cadora de Romanones!. - .
¡Ingrato! ¡Y yo que además le había prometido com- prarle una cartilla!
A ver si se cree usté que el chico es analfabeto. Una cartilla de otros cinco mil duros en el Ahorro Postal.
¿De otros cinco mil?
¡Ay! ; A mí se me va la cabeza! (Se tambalea.) {Solta7tdo la escopeta y corriendo en auxilio de Ca- lixta.) ¡Señora, por Dios!... Reclínese usté en mí y tenga la bondad de pasar y sentarse, y serenarse, que, como dice el proverbio, «Con paciencia y una caña se hace usté una pipitaña». {La pasa al meren- dero y la sienta.)
¡Ponga usté todo su amor y todas sus alhajas y ropas y efectos en un ser, para que el ser, en vez de ser lo que debió ser, le deje a una abandonada, transida, hiposa y palpitante!
Seña Calixta, no todos los seres son iguales. Hom- bres hay, jóvenes alocados, que no saben apreciar la dote, digo, las dotes, que adornan un alma generosa, noble, desprendida; pero hay los también, varones maduros, que por una mera atención serian capaces de sacar la cédula . Los habrá, pero a mí se antojan mirlos blancos. Yo
m
Déme. Calix.
Demf. Calix. Déme.
Calix. Déme.
Calix. Déme.
Calix. Déme.
Calix. Déme.
Calix.
Déme.
Calix.
Vale.
Calix.
Déme.
Vale.
Calix.
Déme.
Calix.
Df.me. Calix.
Déme. Calix. Déme.
ya sé a quién teogo que entregar mi corazón lacera- do, señor Demetrio: a Dios. ¿Se va usté tan pronto?
Digo que a Dios es al que tengo que hacer entrega d€ mi corazón. Entraré de novicia en un convento. Tro caré la mantilla de blonda por la toca blanca y ne- gra, que llevaré hasta la muerte. Siempre llevare toca. Y legaré a la congregación mi fortuna. Menuda lotería. Siempre toca, siempre toca.
Y ¿va usté a pasar por el dolor de abandonar e mundo?
Pasaré por el dolor.
¿Y por la vida monótona de una celda claustral?
Pasaré por la celda.
Y usted, mujer al fin, y mujer hermosa, ¿pasará tam bien por la tortura de verse sin esas matas de peí que tanto la embellecen?
Pasaré por las matas.
Pero, usted, ¿adonde va? ¿Adonde va usted con eso
pensamient^os monásticos?
A enterrarme en vida .
¿Vale el consejo de un hombre que la aprecia a ust
y la distingue a cualquier distancia?
Vale.
¿Vale?
Vale.
{Acercándose.) ¿Me llaman ustedes?
Aún no, buen mozo.
No interrumpas, hombre
Bien, bien. (5^ re¿2>a.)
Reanude.
Pues oído al redoblante, seña Calixta. Hágame usl
caso a mí y al refranero: «A rey difunto, otro
punto.»
{Levantándose,) Y ¿dónde está ese monarca? ¿Dói
de?... ¡Bah! ¡FantomasI [Vuelve a dejarse caer e
la silla.)
Seña Calixta. «Todo llega, menos el tranvía de A
magro.»
Pero ¿no le he dicho a usté antes que estoy holladj
¿Qué hombre grande, de espíritu moderno, sería c
paz de dar su apellido a un infante de otra dinastí;
Ese hombre existe, señora.
¿Cómo? ¿Usté cree?
Que así como Dios, según se ha visto en el pecac
Cauv
Calix. Déme.
Calix. Déme. Calix. Dfmh.
Cali^. DE:.'.f..
Calix. Ddií.
70
Valf,
Calix, Vale, Calix, Vale, Calix,
V.ALE,
Cele., Calix. Celes,
Deiie. Celes,
Vale,
Devc,
Déme.
Celes. Vale.
original, cree que deben pagar los hijos las faltas de los padres, así yo creo que los tíos deben pagar las faltas de los sobrinos. Está muy bien, ¡Como Dios! Entonces...
Cardenal se apellida mi sobrino; pues bien, sefiá Ca- lixta; si usted quiere, su hijo de usted será Cardenal, ¿Qué dice usté? Que yo le doy el capelo. ¿El capelo?
0/ lo que es lo mismo: mi apellido. Y para que no haya cuchufletas, nos vamos a Sevilla y me caso con usté.
¿Conmigo?
Sí. Me caso en Triana. {La da un beso en una mano.)
¡Ah! {ÍDa un grito y se desvanece en la silla.) ¡Me caso en diez! ¡Se ha desmayado, como la otra!... ¡Qué sensitiva! ¡Los pocos años! ¡Calixta! ¡Lixta! ¡Lixtíta!... Oiga, camarero. {Acude Vale,) Esta seño» ra, que se ha privao. Corro por un «taxi», para lle- varla a su domicilio. Auxilíela, mozo. Será usté gra- tificado. {No corriendo, por la izquierda.) ¡Arrea! ¡Cómo arrea!. . . ¡Y va de síncopes!. . . ¡Voy a ver si la vuelvo el sentido común!.,. {Tema un sifón y se lo va a verter en el rostro, pero no sale el agua.) ¡Atiza! Si no funciona... {Debatiéndose.) ¡Ah! ¡Me muero!... ¡Ah!... Señora. Tranquilícese. jMe ahogo! ¡Ah!... ¡Recontra, que bizquea! ¡Llame al señor Celestino!
{Llamando.) ¡Señor Celestino! ¡Señor Celestino!... {Asomando por el castillo, con temor.) ¿Qué ocurre? ¡Que me muero! {Se debate.)
{Saliendo y corriendo rápidamente en auxilio de Calixta.) ¡Requince! ¡Seña Calixta! ¿La ha herido a usté ese tío?. . .
¡En pleno corazón! ¡Ah! {Se estremece.) ¡Recuarenta!
Pase usté aquí, y échese en el petate del amo mien- tras voy por un antistérico. {Con la ayuda de Celes y Vale, lá seña Calixta, estremeciéndose y suspi- rando, hace mutis por la derecha.) {Por el foro izquierda.) Ya está. Ahora me la llevo
71
al inmueble de Doña Carlota y remato el flirt, A vivo no me gana a mí nadie, pero que nadie... (En- trando en el merendero.) absolutamente nadie... ¿Dónde se habrá ido esta tía loca? ( Vuelve a salir del merendero. Por la primera izquierda^ la seña Cle- mencia^ Piedad y Narciso^ que viene vestido de . obrero tipógrafo, con gorra y alpargatas, y trae un lio al brazo.)
Clem. Eso, eso; pero que las cosas, en caliente.
PiED. ¿Traes todo en el lío?
Narc. Todo lo que llevaba encima. Lo que no la puedo de- volver son los besos que me ha dao.
PiED. Es que esos no te lo consentiría yo que se los devol- vieras.
Narc. ¡Chata!...
Clem. Aquí nos tie usté, señor Demetrio.. .
Déme. ¿Vosotros? ¿Qué acontece?
PiED. ¿Dónde está ia seña Calixta?
Clem. ¿Dónde está esa pécora?
Déme. No está visible; pero lo que tengan ustedes que de- cirla, me lo dicen a mí, que soy su apoderao.
Clem. ¡Ah! ¡Sí! Pues mejor aún. Anda, chico, haz entre- ga de to eso que traes, que te debe quemar las manos.
Déme. Bueno, que yo me entere: esto ¿qué es?
Narc. Eáto es un lío.
Déme. ¡Toma! Eso ya lo sé.
Clem. Saéltaselo a tu padre, pa que él se lo suelte a esa arpía.
Déme. Pero aquí ¿qué va?
Narc. Un terno.
Déme. Yo no suelto un terno, y menos a una señora. Me quedaré con él.
Narc. Ahí va. El sombrero y los zapatos de caña que me regaló la primer tarde que hablamos.
PiED. ¡Qué tía! Te los compró de caña, pa pescarte.
Déme. Vengan. ¿Qué más?
Narc. La corbata, el cuello, los puños y nada más. (Se los entrega a Demetrio.)
PiED. Las alhajas, tú.
Narc. ¡Ah, es verdad! Se me olvidaban, mira.
Déme. Sí, sí. A ver.
Narc Tres sortijas, un sujetador, dos pasadores y unaca- denita con una medallita de la Virgen del Pilar. ¡Qué lÁstimal (La contempla.)
PiED. ¿Es que te da reparo deYolverle la medalla?
7^
Narc. Me da ya igual; es que como es de oro y platino, la tengo mucha devoción. (La besa.)
PiED. Yo te compraré otra más bonita.
Narc. Gracias, rica, gracias . (Besa a Piedad.)
Déme. {Arrebatándole la medalla.) Mira, niño, que la Vir- gen lo ve todo. Trae.
Clem. Aligera.
Narc. Sí, señora. {Buscándose en los bolsillos.) Ahí va. Un guardapelo de oro, que tiene por un lado su cara.
PiED. ¡Ay, su cara!
Narq^. y por el otro, pelo suyo.
Clem. ¡Jesús, qué asquito!
Déme. TrdiQ, irdiQ... {Se lo arrebata.)
Clem. Pero ¿se va usté a guardar esa porquería?
Déme. Con la cara y el pelo. No que no.
Narc. Y nada más. ¿Estás ahora contenta, cielo?
PiED. ¡Loca de alegría! {Se abrasan. Por el merendero, la señora Calixta^ seguida de Celestino y Vale.)
Calix. ¡Ay! ¡No saben ustedes qué trance he pasado! ¡Creí que me moría! {Sale del merendero.)
Déme. ¡Arrea! \E\18l\.. . {Ye7ido n su encuentro ) ¡Calixta! ¡Lixta! ¡Lixtita!...
Calix, ¡Ay, Dame!...
Clem. ¡La usurera!
Calix, ¡El! ¿Cómo? [A Demetrio.) ¿A qué ha vuelto esta gente?
Déme. A devolver a usté todos los regalos que le ha hecho a mi chico. ¿Dónde están? Los tengo yo, amor mío. ¡Déme!
Así me gusta que me llames. Déme. Digo que me ios des. ¡Ah! (¡Caray!)
Vengan, vengan objetos. La lámpara, señor Ce- lestino. .
¡Demonio!... (No se le olvida nada.) {Hace mutis. Demetrio empieza a enseñarle los regalos y el lio.) (Con la lámpara.) Aquí tiene usté, seña Calixta. Venga. {Toma la lámpara con una mano y el lío al braso, y en la otra mano el sombrero de Narciso.) Y ahora, ¡adiós, Narciso! No te guardo rencor. Pues es lo único que no se guarda. Limpíeme usté esta lágrima furtiva, señor Déme. ¿Ve usté cómo no puede con todo? Venga ese flexi- ble {Se lo quita y se lo pone.), y tome usté mi brazo.
7S-
Calix. Déme.
Narc.
Celes.
Clem.
Celes.
Clem.
Déme.
y vamos andando, que, como dijo el otro, «Este mun- do es una jota, y el que no baila es idiota». Y ¿dónde vamos?
¿Dónde hemos de ir con lámpara y flexible? ¡A la Bombilla! {Cogidos del hraso^ se miran con arrobas- miento.)
(A Piedad.) \Y nosotros, a Amaniel! (Se cogen del braso, y se arroban.) (A la seña Clemencia.) ¿Y nosotros? ¿Nosotros?
La ofrezco a usté mi castillo feudal. «
Gracias. Yo ya he pasao de la Edad Media. ¡Qaé alegría más inmensa! Siempre se debe esperar hallar amor, y dispensa {A Calixta.) el modo de señalar. {Al público.) Que donde menos se piensa es en el fondo del mar.
GUADRO-MÚSIOA
TELÓN
n
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